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Un asalto a un banco, un policía joven con un pésimo corte de pelo, su padre, también policía, un puñado de potenciales compradores visitando un apartamento en venta en una pequeña ciudad de Suecia. Esos son los ingredientes iniciales que propone Gente ansiosa, la miniserie sueca que acaba de estrenar Netflix y con ellos construye la trama de sus seis capítulos. Unos capítulos de 23/24 minutos cada uno, que se hacen breves por lo entretenidos que son.
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Lo que de inmediato llama la atención y para bien, es la indefinición de género que tiene este título. Es un policial que plantea un enigma, es una comedia de aires costumbristas y también es un drama. Y al mismo tiempo, mientras uno mira la serie, no puede evitar pensar que esas categorías parecen más un corsé que una descripción afinada de lo que ocurre en la pantalla. Aquí la indefinición no parece ser un problema sino más bien una ventaja. Gente ansiosa se mueve cómoda entre los distintos registros que propone, sin perder nunca un par de rasgos que parecen ser su esencia: el humor y la profunda humanidad de sus personajes.
Ya en los primeros segundos del asalto queda claro que el criminal no es un profesional ni mucho menos. Lo mismo puede decirse sobre la pareja de policías que debe hacerse cargo del caso que comienza a desarrollarse allí, en la vidriera que está detrás de ellos, mientras padre e hijo discuten sobre alguna nimiedad familiar. Sin embargo, como ocurre con casi cada personaje que la serie presenta, las cosas no son exactamente como parecen ser.
Así, en menos de diez minutos de programa, el asalto se convierte en una muy peculiar toma de rehenes que debe ser gestionada por un par de policías que comparten una preocupación: no hacer demasiado el ridículo. Y de a poco, en la medida en que esos rehenes, que no son otros que los potenciales compradores del apartamento, van develando detalles de su vida, Gente ansiosa va mostrando su habilidad para crear un producto que, sin pertenecer en exclusiva a un solo género, es muy efectivo para cabalgar la múltiple frontera estilística que asume.
Basada en una novela de Fredrik Backman, autor de Un hombre llamado Ove, cuya adaptación al cine recibió una nominación al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, Gente ansiosa plantea un enigma que, si bien deberá ser resuelto por los policías, termina funcionando antes que nada como disparador y escaparate para una reflexión más amplia sobre la sociedad, las crisis económicas, su impacto en las vidas de las personas y, finalmente, sobre los recursos personales y las solidaridades colectivas que esas personas encuentran y que les permiten salir adelante.
Es muy bueno el trabajo de la guionista Camila Ahlgren (Bron/Broen) y del director Felix Herngren (responsable de Bonus Familien, también disponible en Netflix), quienes van reconstruyendo poco a poco las historias de los personajes que se encuentran involucrados sin quererlo en la situación policial. Estructurada bajo la forma de flashbacks parciales que nos llevan al origen de la trama personal que llevó a cada uno hasta la situación presente, Gente ansiosa es también una pequeña radiografía de la vida en una ciudad pequeña de Suecia, con todos los tópicos del pueblo chico perfectamente retratados: la peluquera chismosa, el policía que debe demostrar que ocupa el cargo porque lo vale y no por nepotismo, y cómo las vidas de esos extraños en realidad están enlazadas por tramas invisibles que la crisis de rehenes hace aflorar.
Entre esos rehenes se encuentran una pareja de jubilados que se dedican a reformar casas y que arrastran una crisis de pareja no declarada. También la gerente de un banco y una joven pareja que busca casa en la que vivir con su primer hijo, que ya está en camino. Además, una anciana que pasa de todo, una agente de bienes raíces que es víctima de una timidez patológica y hasta un hombre disfrazado de conejo sadomasoquista encerrado en el baño. En conjunto, un grupo desparejo en el que casi nadie está en el apartamento por las razones que declara inicialmente a la policía sino por otros motivos, más profundos, que la trama va develando paulatinamente. En particular, cuando esos rehenes comienzan a conversar entre ellos y muestran un montón de matices y complejidades que no eran visibles al comienzo.
Y ese es quizá, junto con la capacidad de moverse entre géneros, el mayor acierto de la miniserie, lograr que el espectador se interese por esas vidas que se van revelando, dotando a los personajes de razones y motivos para ser quienes son. No es poca cosa lograr que eso funcione en el nivel del drama, sin abandonar el tono general de comedia que tiene el programa, por más que la investigación policial se mantenga también en un registro más realista. En ese sentido Gente ansiosa es una auténtica proeza de balance que fluye de manera dinámica a lo largo de su metraje.
Entre el puñado de muy buenas actuaciones que tiene la serie (no hay puntos flojos y todo funciona como en los mejores coros) se destacan Alfred Svensson en el papel de Jack, el joven policía que necesita demostrar su valía, y Dan Ekborg como Jim, también policía y padre de Jack, especialmente por la química que existe entre ellos. El muy solvente elenco se completa con Carla Sehn, Sascha Zacharias, Petrina Solange, Marika Lagercrantz, Leif Andrée, Anna Granath, Per Andersson, Lottie Ejebrant y Sofia Ledarp.
Hasta hace muy poco, los escandinavos venían marcando la cancha con la helada oscuridad de sus series policiales, caracterizadas por mostrar el lado menos amable de esas sociedades opulentas y que son consideradas ejemplo de avance social. Era como si sus autores nos recordaran que detrás del discurso oficial que existe sobre las sociedades, siempre late una realidad menos brillante. En tiempos más recientes, series como la danesa Rita, la sueca Bonus Familien y, muy particularmente esta Gente ansiosa, parecen preocupadas por recordar que detrás de los proyectos sociales siempre hay personas con vida, alma y trayectoria. A ver si al final nos terminan convenciendo de los suecos también tienen corazón.