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    Cuando nadie gana

    N° 2012 - 14 al 20 de Marzo de 2019

    Históricamente el resultado del negocio cárnico a lo largo de la cadena de valor se caracterizó por años que eran definidos como “buenos” para el ganadero y “malos” para la industria o a la inversa. Una característica que se acuña en las bases del negocio: bajo nivel de integración comparado con otras cadenas agroindustriales, ciclos largos de producción, alto nivel de incertidumbre, incidencia del clima, falta de herramientas efectivas de cobertura futura de precios, entre otros aspectos.

    De un tiempo a esta parte ese fenómeno deja de percibirse. Es que pese a que en Uruguay el precio del ganado es sensiblemente superior al de la región (en especial comparado con Argentina y con Brasil), el productor ganadero no ha podido capitalizar esa superioridad –que llegó a ser de US$ 1 por kilo de peso carcasa— en un mejor resultado para su negocio.

    Según datos de Fucrea en el ejercicio 2017-2018 el productor ganadero tuvo el peor resultado económico de los últimos ocho años. El ingreso de capital ni siquiera alcanzaría a pagar la renta en el caso de productores arrendatarios y las empresas ganaderas se siguen descapitalizando.

    Desde el lado de la industria frigorífica la situación es similar. Al menos en los últimos dos ejercicios económicos los resultados han sido negativos. Sin lugar a dudas, el factor “precio del ganado” es muy influyente por la alta incidencia que este tiene sobre el valor total del novillo (novillo tipo) que va desde 72% a 80% dependiendo del año. Por ende, el precio del ganado tiende a señalarse como el causante de los magros resultados industriales, pero el problema de fondo no está allí.

    Según la opinión de un industrial consultado, incluso en años donde el costo de la materia prima fue muy elevado (80% del valor del novillo tipo en 2011 y 2012), se lograban resultados económicos positivos, incluso con un servicio de deuda (costo financiero) menos favorable del que se dispone hoy en día. Actualmente con esa composición de costos la industria pierde dinero.

    El factor determinante es el restante 20% (que incluye el resto de los costos y el margen industrial). Esa porción de los costos industriales creció más de 50% en los últimos años, siendo un componente de relevancia el incremento del costo de la mano de obra, no solo por un aumento del costo directo sino además por una caída relevante en la productividad de la misma.

    Sumado a ello el elevado costo de la energía, el transporte, los servicios en general y todos los costos “no transables” han tomado dimensiones que ponen a los industriales y ganaderos en una situación crítica en un país caro en dólares comparado a la competencia.

    Como menciona un destacado economista en un trabajo realizado recientemente, en la mayoría de los sectores del país existe un crecimiento de la productividad de los factores menor al aumento de las remuneraciones. El salario real del promedio de la economía creció más que la productividad de la mano de obra y eso es muy claro en la industria frigorífica.

    Sumado a ello hay que considerar el elevado nivel de ausentismo (entre 15% y 20%) y los impactos que generan conflictos sindicales que dejan a las plantas varias semanas sin actividad, con fábricas ocupadas y pérdidas irrecuperables (el último caso en el frigorífico PUL pocos días atrás, en el departamento de Cerro Largo).

    Los costos vinculados a servicios “no transables”, de monopolios públicos, con precios regulados, con escasa competencia externa, como los combustibles, la energía, las telecomunicaciones, el transporte y la salud, ponen a nuestro país entre los más caros de la región, siendo un lastre para el desarrollo productivo.

    A pesar de los altos valores de exportación de la carne que Uruguay logra con un acceso a casi todos los mercados internacionales (perfectible por medio de mejores acuerdos comerciales), a pesar de tener una industria pujante con altos niveles de tecnología, pese a contar con productores ganaderos de vanguardia que acceden a precios de ganado sensiblemente superiores a los que podría conseguir en cualquier país de la región, nada de eso permite mitigar el alto impacto de producir en un país caro.

    El próximo gobierno tendrá un enorme desafío en ese sentido, lo que implicará reformas profundas para pensar en un país agroproductivo competitivo a nivel internacional como el que en algún momento fue.

    (*) El autor es ingeniero agrónomo, especialista en el mercado cárnico y docente de la Universidad ORT