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Cuidado con este libro. Es breve pero espeso, abismal. No es ágil de leer, pero si calza en el lector adecuado, paciente, se decanta con profundo placer. Son los últimos días de un escritor que vaga por una isla, contados por otro escritor. Y que se encamina inexorablemente hacia el vacío de su cuerpo, hacia la pérdida de la memoria y de las palabras, hacia la desaparición. El tipo va a la deriva como un zombie, de un bar a la calle, de la calle a un taxi, de un taxi a la casa de una mujer, de allí al bar y a la calle de nuevo y luego a las catacumbas fenicias y después a seguir un cortejo hasta el cementerio. No puede escribir. Apenas tiene fuerzas para pensar. Pero lo que sí queda con toda intensidad y luz es el registro interior de ese mundo que poco a poco se va apagando, las diversas sensaciones del desmoronamiento, porque al final, todo prescribe.
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La filosofía es básicamente para las ideas y la literatura es básicamente para las imágenes. El holandés Cees Nooteboom (La Haya, 1933) es un exquisito ensayista, poeta y novelista. Sus libros de viajes, como El desvío a Santiago y Noticias de Berlín, son tan eruditos como disfrutables y líricos. Nooteboom es la clase de escritor a quien no le importa el punto de partida: si es una iglesia real o un monumento o una tumba con especial significado histórico, o si se trata de un personaje ficticio, lo mismo da. Lo que resulta en cada libro de este holandés es la mejor prosa, la más seductora, y en este caso con especial hincapié en la banda sonora. Hay varias referencias al sonido ambiental. Por ejemplo, las palmeras en la calle, que suenan “como si estuvieran friendo las hojas”.
En esta novela, Nooteboom parece alimentar la ficción y a sus personajes desde el costado del conocimiento y de las referencias culturales o de los mitos isleños. “En el corazón de cada grillo se aloja una pequeña bala negra, que el grillo cree que es un grillo o quizá él mismos”, dice un personaje. “El objetivo principal de la vida de un grillo es intentar desprender esa pequeña bala de su cuerpecillo prehistórico. Y por esa razón se sierran a sí mismo. Un ejemplo para todos nosotros”. Cantos de grillos, suicidios en masa.
El animal moribundo, el escritor llamado André, funciona como una ventana hacia la desintegración, que por un lado es ir hacia menos, vaciar la zona, y por otro sorprender con irrupciones apocalípticas, como el aquelarre de sepulturas en el cementerio, una secuencia de cine de terror-catástrofe que Nooteboom califica como “el inmundo fondo del tiempo”.
El caballero ha muerto, de Cees Nooteboom. Siruela Nuevos Tiempos, 2015, 145 páginas, $ 770.