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    Cultura y medio ambiente

    Sr. Director:

    “La cultura como un bosque,

    como un ecosistema,

    abierto, flexible, dinámico, complejo.

    Como un bosque donde hay vida, nacimiento y muerte.

    Esta visión de la cultura debería contribuir a nuestra reflexión”.

    (G. Carámbula, 2010).

    Proemio

    En setiembre pasado una convocatoria titulada “Cultura, medio ambiente y cambio climático: aproximaciones desde la gestión cultural”, anunciada por la editorial argentina RGC, lanzó el reto de identificar los “puntos de encuentro entre cultura, ambiente y emergencia climática”. Esta nota sintetiza algunos de los puntos planteados en el ensayo presentado en respuesta a ese desafío.

    Cultura y ambiente

    Los términos cultura y ambiente tienen el mismo origen: naturaleza. “Cultura proviene del latín cultura, su significado está emparentado con el cultivo de la tierra, con la agricultura; su concepto proviene de la naturaleza. Ambiente procede del latín ambiens (“que rodea”). Es el entorno de los seres vivos, son las condiciones bióticas (otros seres vivos) y abióticas (suelo, agua, aire, energía solar) que integran la biosfera, o sea la naturaleza” (EVE, 2023).

    Si bien la definición más aceptada de cultura es referida casi que exclusivamente a las artes y letras, para Unesco, cultura es “todo lo que el hombre crea o modifica”. “La cultura tiene que ver con cómo vive, piensa, hace, sueña y comunica una comunidad determinada y su relación con otras, desde la organización de sus instituciones hasta las relaciones humanas con la naturaleza” (Carámbula, 2006). El concepto antropológico de cultura incluye salud, vivienda, alimentación, trabajo, educación, economía, seguridad y ambiente (Mestres y Baltá, 2022). En la medida en que la cultura determina nuestros comportamientos, “el hombre” accede y se relaciona con el ambiente a través de ella.

    La estrecha relación entre cultura y ambiente se evidencia en algunos de los nuevos conceptos, surgidos durante la reciente pandemia, como one health, salud integral, una salud o salud global. Todo está conectado, salud humana con salud animal o ambiental, campo con ciudad –lo “rurbano”–, producción y recursos naturales con cambio climático, lo social con lo natural, cultura con ambiente.

    Ciencia y cultura

    Para Marie Orenzans (2023), “el arte y la ciencia son las aventuras del pensamiento”, los dos grandes motores de la cultura. Sin embargo, desde el Renacimiento, ciencia y arte han estado separados. Se ha colocado, de un lado, a las “ciencias humanas” – ¡como si existiesen ciencias que no son humanas!— y, por otro, las “ciencias naturales y experimentales”. Para Snow (1961), hay dos culturas, “dos grupos polarmente antitéticos: los intelectuales literarios en un polo y, en el otro, los científicos”. Recién en el siglo XX “la teoría crítica deconstruye vacas sagradas, como las pretensiones de la ciencia a la verdad y objetividad y las del arte a una sensibilidad especial” (De León, 2019). Con ella se inicia la reconciliación de las ciencias con las artes, intentando mediar entre la “supuesta objetividad” de la ciencia y la “exclusividad de la sensibilidad” en el arte. Una de las consecuencias del divorcio ciencias-artes ha sido que las gestiones de “lo cultural” y “lo ambiental” han recorrido caminos diferentes.

    Desarrollo sostenible

    En 2015, en la Conferencia Internacional sobre Medio Ambiente Humano, 193 países suscribieron un contrato social por el cual se comprometieron a alcanzar, en 2030, las metas marcadas por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU, 2015). La Agenda 2030 no tiene un objetivo específico para la cultura, pero “ella está presente de manera transversal en metas relacionadas con la educación, el logro de ciudades sostenibles, la seguridad alimentaria, el crecimiento económico, las pautas de consumo y producción sostenibles, la promoción de sociedades inclusivas y pacíficas y la protección del medio ambiente” (REDS, 2021). Por ejemplo, “la meta 11.4 subraya la necesidad de redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural del mundo”, procurando que los asentamiento humanos sean “seguros, resilientes y sostenibles” (Martinell, 2020). La cultura garantiza la preservación de identidades, la gobernabilidad, la cohesión social y territorial, y asegura la sostenibilidad del desarrollo con protección ambiental. La cultura es el eje central del desarrollo sostenible y el medio para difundir el mensaje de sustentabilidad.

    Cambio climático y justicia ambiental

    El cambio climático (CC) amenaza tanto a los sitios culturales como a los naturales. Recientemente, Unesco evaluó el impacto que el cambio climático ha tenido sobre las reservas de biosfera y los geoparques mundiales de América Latina y el Caribe. La conclusión fue que, debido a eventos climáticos extremos, de temperatura y precipitación, los 15 sitios han experimentado “pérdida de cubierta vegetal, aumento de incendios forestales, pérdida de hábitats, pérdida de vidas e interrupción del suministro de agua” (Unesco, 2023).

    Aún más catastrófico es el impacto que el CC tiene sobre muchos modos de vida, generando o evidenciando injusticias socioambientales. Aunque la mayoría de los derechos humanos está en riesgo, el CC “afecta de manera especial los derechos culturales que, en muchos casos, corren el riesgo de desaparecer” (Amnistía Internacional, 2021). El CC amenaza “prácticas del patrimonio cultural inmaterial como tradiciones orales, rituales, celebraciones, artesanía tradicional e interacciones y relaciones de la sociedad con la naturaleza, como prácticas de producción agropecuaria”. Los eventos climáticos extremos afectan sobre todo a las comunidades que tienen “una conexión cultural significativa con la tierra, el mar, los recursos naturales y los ecosistemas, como los pueblos indígenas, la población rural o los pescadores” (Amnistía Internacional 2021). Eventos climáticos extremos y desastres naturales desplazan comunidades y pueblos enteros. Además de sus efectos negativos sobre las economías, “las migraciones forzadas provocan estrés emocional y afectan la cultura y modos de vida de las comunidades” (Adger et al., 2013).

    La cultura determina también la adaptación al CC, ya que es a través de ella que las comunidades identifican y evalúan los riesgos elaborando sus respuestas adaptativas. Los modos de producción, consumo, estilos de vida y la organización social causantes de la emisión de gases de efecto invernadero que contribuyen al CC son asimismo resultas culturales.

    Acercando cultura y ambiente

    Dadas las estrechas y complejas interrelaciones entre cultura y ambiente, sería beneficioso acercar las ciencias culturales a las ambientales. Para ello, dos conceptos pueden ser clave: patrimonio y paisaje territorial.

    El patrimonio es un constructo social de lo que se considera una “herencia de especial valor que es necesario identificar, salvaguardar, rehabilitar, poner en valor y transmitir a las generaciones futuras” (Servicio Nacional de Patrimonio Cultural de Chile, s/f). En 1972, la Convención del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, de Unesco, emitió una definición, por primera vez, incluyente de ambos patrimonios. En el documento de la convención predomina una concepción física del patrimonio natural, pero en él “ya se cuelan términos provenientes del romanticismo, como la ‘belleza’ o la ‘estética’ del paisaje como criterios complementarios” (Caraballo, 2023). De la fusión surge el concepto actualmente aceptado: “El patrimonio es un conjunto de bienes tangibles, intangibles, culturales y naturales que forman parte de prácticas sociales” (Caraballo, 2023).

    La RAE define paisaje como la “parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar”. El paisaje ha sido estudiado por muchas disciplinas: ciencias sociales –antropología, sociología–, naturales –biología, geología, geografía–, aplicadas –ingeniería, arquitectura. Un enfoque reduccionista identifica dos concepciones generales. Una es la física o presencial, originada en la geografía, con predominancia de lo natural y relacionada con el ecosistema (Sauer, 2006). Otra es la perceptiva, la del “paisaje visual”, en la cual la apreciación del observador es imprescindible e interpretativa. “Para que un componente del paisaje pueda ser objeto de interpretación debe haber al menos una persona capaz de percibirlo, estructurarlo y asignarle significado” (Consejo de Europa, 2000).

    El paisaje puede ser un concepto y término útil para unir los dos espacios disciplinarios, el cultural y el ambiental. El “paisaje patrimonial cultural” incluye ambos legados, cultural y natural: el sustrato es la naturaleza, el agente transformador la cultura, y el resultado el paisaje territorial. El “patrimonio paisajístico territorial” es el paradigma integrador de las gestiones cultural y ambiental y base del ordenamiento del territorio.

    Gestión comunitaria

    Zaldivar e Inthamoussu (2023) proponen que como “La sociedad es la receptora del paisaje y quien otorga el valor con base al cual se organiza la gestión, esta debe ser incorporada de forma activa en el proceso”. La comunidad, tutora del paisaje territorial, es el actor indicado para identificar, valorar y gestionar su patrimonio. El proyecto piloto Marcas Patrimoniales, en ejecución en el municipio Los Cerrillos, Canelones, se sustenta en “la descentralización de la gobernanza con participación ciudadana en la gestión del patrimonio paisajístico territorial” (López y Roncio, Icomos, 2023).

    La primera etapa del proyecto es la asamblea comunal, convocada y facilitada por la autoridad municipal, el alcalde, con el respaldo de la Dirección de Patrimonio departamental. En ella, la comunidad, a través de la memoria colectiva, la historia documentada o simplemente oral, identifica el legado local, los valores patrimoniales, materiales e inmateriales, culturales y naturales de su territorio a partir del “relato del vecino y la vecina” (López y Roncio, Icomos, 2023). Ella decide lo que constituye su legado comunal, identitario, apropiándose de su patrimonio. El patrimonio local así identificado, es rescatado, puesto en valor y sostenido colectivamente.

    La comunidad de Los Cerrillos ha identificado y marcado 45 puntos de legado histórico cultural y natural. Estas “marcas patrimoniales” son mojones que señalan prácticas, costumbres, hechos y tradiciones de identidad comunal a lo largo de un sendero de más de 8 km. La cartelería identificatoria –con códigos QR para mayor información–, guía al público visitante y el circuito es mapeado y georreferenciado. Las sendas, gestionadas por la comunidad, son patrimonio vivo en donde se realizan recorridos, obras teatrales, espectáculos musicales, ferias comunales y se recrean eventos históricos de la localidad salvaguardando y poniendo en valor la cultura, la naturaleza y el ambiente.

    Para Canelones, “la cultura es el medio para el desarrollo de la ruralidad, promoviendo espacios de creación y reproducción cultural” (IdeC, 2018). Para el intendente departamental, el proyecto Marcas Patrimoniales es la “construcción colectiva del patrimonio departamental a través de la descentralización y participación ciudadana, ‘donde las comunidades tienen la palabra’” (Orsi, 2023). Canelones está demostrando que es posible la salvaguarda sostenible del patrimonio integrado, cultural y ambiental, gestionado por la comunidad.

    Epílogo

    En suma, la gestión cultural contribuye a la ambiental con la propuesta unificadora del “patrimonio paisajístico territorial”. La patrimonialización del paisaje territorial permite superar la división entre las gestiones de los patrimonios natural y cultural, y permite restaurar el diálogo entre gestores culturales y ambientales. Los agentes culturales individuales –arqueólogos/as, etnólogos/as, antropólogos/as, historiadores/as del arte– e institucionales –ministerios de cultura, facultades de arte y humanidades–, y los ambientales, individuos –agrónomos/as, biólogos/as, ingenieros/as, ambientalistas– e instituciones –ministerios de ambiente, recursos naturales, agricultura y ganadería, facultades de ciencias– deberían aproximarse y trabajar de manera coordinada con un lenguaje común y conceptos unificados. Políticas públicas promotoras de la salvaguarda del patrimonio paisajístico territorial contribuirían a una “gestión cultural-ambiental” integrada. El patrimonio paisajístico, como memoria viva de la cultura social y nexo entre el ser humano y su ambiente, es la idea fuerza para el ordenamiento territorial.

    Mario R. Pareja