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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la edición del 5 de marzo de este año publicaron una carta mía en la que, refiriendo a si los empleadores pueden exigir la vacuna contra el Covid a los empleados, señalaba una tendencia bastante generalizada en nuestro país de analizar los casos de derechos humanos mirando solo una parte del problema.
Hace algunos días se propuso un sistema de cuotas legislativas paritario, modificando la asignación de las bancas legislativas, mirando solo la situación de discriminación, incuestionable, de las mujeres. O sea, se considera solo una parte de la cuestión.
Creo que esta propuesta presenta algunos problemas.
En primer lugar, omite considerar otros derechos e intereses: a) el derecho de los candidatos, hombres y mujeres, a competir electoralmente en igualdad de condiciones, b) el derecho de los votantes a elegir a quienes les convenzan, independientemente de su sexo, c) el interés indeterminado de respetar la voluntad de los votantes, etc.
Hay que ver quiénes pagan los costos de las acciones afirmativas y si es justo que lo hagan. No olvidemos que cuando el sistema de cuotas implica la exclusión de un hombre, este se ve perjudicado por su sexo, o sea, hay una discriminación contra el hombre, por imperio legal, basada en su sexo. Son los riesgos de combatir la discriminación creando discriminaciones en contrario. La discriminación siempre está mal.
En segundo lugar, las acciones afirmativas legislativas (sistema de cuotas) no buscan ni deben buscar la integración paritaria de las Cámaras, sino que las mujeres puedan competir en condiciones de igualdad con los hombres. Lograda la igualdad de oportunidades la integración de las cámaras dependerá de lo que voten, libremente, los ciudadanos.
Asimismo, las acciones afirmativas son temas extraordinariamente complicados con miles de estudios y argumentos. En general se admiten con limitaciones, pero se hace hincapié en que deben ser transitorias y no persiguen la paridad, sino eliminar las condiciones de desigualdad.
Además, no debe perderse de vista que alterar la asignación de bancas resultante del proceso electoral (luego del pronunciamiento del cuerpo electoral) por razones de género es groseramente inconstitucional. Solo en el proyecto de Constitución de 1980 se estableció que la asignación de las bancas pudiera ser modificada.
Si, en definitiva, se quiere ir a un sistema paritario entre hombres y mujeres, para lo que habrá que modificar la Constitución, y para ser coherentes, deberían incluirse cupos fijos para todos los grupos discriminados: afrodescendientes, transexuales, representantes de grupos religiosos (de cada religión), etc. Esto, claro está, implicaría modificar la esencia del sistema constitucional uruguayo, abandonar la representación nacional y pasar a una democracia de grupos. Sería discutible si con semejante reforma seguiríamos siendo una democracia.
Por último, cabe decir que estoy en contra de toda forma de discriminación sin excepciones. Creo que las acciones afirmativas en ciertos casos pueden ser usadas en forma transitoria, no para lograr situaciones paritarias sino para atacar las condiciones de desigualdad. Cuando se estaba discutiendo la que fue la primera ley de cuotas fui convocado por la comisión correspondiente del Senado y compartí la iniciativa, aunque sugiriendo que se incluyera la transitoriedad, lo que efectivamente se hizo.
Son temas muy complejos, hay que estudiarlos en profundidad, considerar todos los derechos e intereses en juego y buscar soluciones adecuadas, reitero, no para lograr la paridad sino para eliminar las causas de discriminación y que todos, hombres y mujeres, compitan en igualdad de condiciones. Cuando esto se logre, el número de mujeres en las cámaras legislativas dependerá, exclusivamente, de la voluntad de los electores como debe ocurrir en toda democracia. Habrá a veces paridad, o mayoría de hombres o mayoría de mujeres y esto irá cambiando, como cambia la representación de los partidos políticos.
Es un tema muy complejo que debe ser muy estudiado y no puede ser, exclusivamente, la reivindicación de un grupo discriminado. Interesa a toda la sociedad.
Dr. Martín Risso Ferrand