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Con una coyuntura “complicada” —de precios internacionales a la baja, caída de la demanda y altos costos de fabricación— las curtiembres vienen recortando su plantilla de personal y retrocediendo en el valor agregado de los productos que exportan para “hacer rentable el negocio”.
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Como sucedió en 2016, este año volverá a caer el nivel de actividad del sector, y según dijeron a Búsqueda, algunas empresas prevén que en 2018 habrá otro “bajón” de ventas.
El tema sigue siendo “cómo ser competitivo” porque los precios “se están ajustando a la baja, los clientes ven que tienen más poder y el costo de fabricación en Uruguay pesa más” con relación al valor final de colocación, explicó a Búsqueda Willie Tucci, director de la filial de la curtiembre Bader en el país. “El costo que tenemos en Uruguay solo es menor que el de Alemania. De nuestras filiales en el mundo somos de los más caros”, ilustró Tucci.
Desde la firma Zenda JBS Uruguay, apuntaron en la misma dirección. “La presión sobre la estructura de costos es bastante menor en otras plantas que acá”, dijo el gerente comercial Álvaro Castagna. “Hoy, como una estrategia casi de supervivencia, hemos abierto oferta de negocio en el mercado de wet blue (cuero curtido), de semiterminados y terminados”, señaló y advirtió que se está dando un “claro retroceso en el valor agregado, siguiendo un camino similar al de la lana”.
Así lo reconoció el director nacional de Industrias del ministerio del ramo (Miem), José Luis Heijo, en una comisión parlamentaria a mediados de octubre: “Ha habido una pérdida relativa de competitividad frente a otras partes del mundo. Cuando la actividad es más rentable o más económica en otra parte, se nos llevan la materia prima con poco proceso y se trabaja en otro lado. Eso pasa también con la lana”.
Recientemente, el Miem instaló un consejo sectorial (en el que participan trabajadores, empresarios y técnicos del gobierno) para analizar las variables que afectan a la industria curtidora y evaluar qué acciones podrían mejorar su viabilidad.
La mirada de los trabajadores es que el “problema del sector es estructural” porque más allá de la coyuntura que atraviesan los negocios hoy, la industria lleva perdidos unos 7.000 puestos de trabajo en la última década, dijo Carlos Bico, secretario general de la Unión de Obreros Curtidores.
Retroceso.
La producción de las curtiembres y talleres de acabado cayó 11% en setiembre en relación con igual mes del año anterior y en los primeros nueve meses acumula un retroceso promedio de 4,4%, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística.
La industria curtidora uruguaya se concentra en media docena de empresas que se dedican a procesar el cuero (curtido, teñido, terminado y cortado) para exportar en piezas con destino a la industria automotriz de alta gama, la de calzado y marroquinería.
Las ventas al exterior alcanzaron en los primeros diez meses del año US$ 207,5 millones, de los cuales el 62% fueron cueros y pieles curtidos y 35% pieles preparadas con mayor valor agregado, según cifras del Instituto Uruguay XXI.
Esa relación se invirtió en los últimos años; por ejemplo, en 2008 Uruguay vendía 29% de cuero crudo y 65% de terminados. En 2010 la proporción se emparejó en torno al 45% en cada caso. Desde entonces, la brecha se fue ampliando, en desmedro del agregado de valor hasta llegar a la situación actual.
La participación del cuero como rubro exportador del país también cayó varios escalones: pasó de ser 10% de las ventas totales en el 2000 a 4% en 2016. Eso se dio paulatinamente por la pérdida de competitividad comercial, la menor demanda por problemas de sobrestock y en los últimos años por la baja cotización de este co-mmodity en el mercado internacional. El precio del cuero fresco cayó desde 2015 cuando cotizaba US$ 1,6 por kilo, más del triple de lo que vale actualmente (US$ 0,5 centavos), según registros del Instituto Nacional de la Carne.
Tucci explicó que al bajar la cotización del cuero en el mundo, el peso relativo del costo de fabricación es más alto. “Por eso la situación del sector está complicada (…) porque los costos y salarios en el país son más elevados respecto a sus competidores y no es nada sencillo la pelea de los proyectos, con Brasil, por ejemplo, que son más baratos y tienen las plantas automotrices cerca”, comentó.
Carlos Obregón, director general de Zenda JBS —una multinacional con más de 30 plantas en el mundo—, dijo a Búsqueda que en todas las líneas de producción fabricar en Uruguay “cuesta tres veces más” que en Brasil.
Debido a eso, alegó que “la idea es agregar menos valor”, porque de lo contrario “se pierde plata”.
“Hay dificultad en todos los mercados, la competencia está más fuerte y estamos haciendo un esfuerzo muy grande para mantener la producción, pero queremos hacerlo de una forma más sana”, afirmó Obregón.
Bajar costos, más mercados.
Actualmente, Bader —otra multinacional con 13 plantas a escala global— está utilizando entre 60% y 70% de su capacidad instalada, puesto que sus exportaciones cayeron en 2016 y este año también “van a terminar por debajo”, dijo Tucci. Si bien el ejecutivo no espera “grandes variaciones” en los indicadores del negocio en el corto plazo, comentó que es preciso mejorar el acceso a los mercados para los cueros uruguayos.
Comentó que el Miem está haciendo gestiones para que las piezas automotrices ingresen sin pagar impuestos a Brasil, como se acordó hace dos años con el país vecino, algo que hasta ahora no cumple.
En tanto, los ejecutivos de Zenda JBS plantean que el gobierno reduzca los costos de agua, energéticos y de gestión medioambiental, porque si la situación “no se revierte” el futuro del sector seguirá comprometido.
Explicaron que para “sobrevivir” su estrategia ha sido la “diversificación” de la producción para tener “flexibilidad y llenar la fábrica”.
La mayoría de las curtiembres han venido reduciendo la plantilla: actualmente, el sector tiene más de 300 trabajadores en “seguro de paro”.