Muchos aseguran que no conocen el olor del humo. Otros opinan que es un “veneno” y que hay que combatirla con mayor dureza. Algunos piensan que es un “pasatiempo” propio de la juventud. Lo cierto es que solo 20 parlamentarios de los 130 titulares en ambas cámaras del Poder Legislativo dicen que fumaron marihuana, al menos una vez, y son pocos los que piensan que puede ser una herramienta para combatir drogas más duras como la pasta base. Sin embargo, todos los legisladores entienden que Uruguay debe entrar en un debate profundo sobre qué hacer con la droga de acceso ilegal más consumida en el país, y se preparan para discutir el tema en el Parlamento cuando el Poder Ejecutivo envíe su anunciado proyecto de ley para regular su comercio y producción.
Los datos surgen de un relevamiento que hizo Búsqueda en el Parlamento. Para el trabajo fueron consultados 126 de los 130 legisladores titulares, a quienes se les preguntó si alguna vez consumieron o si consumen marihuana en la actualidad; de los otros cuatro, tres no pudieron ser ubicados por estar en el exterior y uno no pudo contestar por padecer problemas de salud.
Cinco de los entrevistados prefirieron no responder la consulta con el argumento de que para ellos no es un tema de interés público ni aporta a la discusión. En la estadística final figuran las respuestas de varios legisladores que respondieron a las preguntas con la condición de que no fueran identificados. En porcentajes, los parlamentarios que alguna vez fumaron marihuana representan el 15,38% del total. En la Cámara de Senadores el porcentaje es mayor que en la Cámara de Representantes: seis senadores (19,35%) dijeron que probaron alguna vez marihuana, pero aseguraron que no consumen en la actualidad, y lo mismo contestaron 14 de los 99 diputados.
La mayoría de los parlamentarios que han consumido están entre los más jóvenes, y en cuanto a partidos, la bancada del Frente Amplio es la que tiene más integrantes (13) en ese grupo. El Partido Nacional tiene cinco representantes que al menos han probado esa droga y el Partido Colorado dos. No hay mujer legisladora alguna que haya dicho que probó o consume marihuana.
Sin perjuicio de las experiencias directas, más de la mitad de los consultados aseguraron que conocen a consumidores habituales de la droga e incluso que tienen amigos que fuman de manera cotidiana. De todas formas manifestaron que por más que el acceso a la marihuana es “muy fácil”, nunca tuvieron interés por conocer sus efectos. De todas las respuestas, 15 personas aseguraron que “nunca” vieron un cigarrillo de marihuana y que ni siquiera conocen el olor de su humo. Tres legisladores que afirmaron que “jamás” consumieron comentaron que sí fueron “fumadores pasivos” en más de una ocasión al asistir a un partido de fútbol y que sintieron “náuseas” al sentir por varios minutos su “intenso” y “repugnante” aroma.
En la población general, la quinta Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Hogares, realizada por la Junta Nacional de Drogas la semana pasada, concluyó que 8,3% de la población —unas 128.000 personas— consumió marihuana en el último año. Un 20% de los encuestados consumió esta droga alguna vez en su vida y de cada diez que probaron, cuatro lo siguen haciendo. A su vez, los datos mostraron que los hombres consumen el doble que las mujeres y que en Montevideo se triplica el uso de la droga en comparación con los departamentos del interior. El relevamiento determinó que 16% de los consumidores habituales tuvo una adicción problemática en el último año.
Sin prejuicios.
El anuncio del Poder Ejecutivo del miércoles 20, enmarcado en un conjunto de 15 medidas, sorprendió a los legisladores de todos los partidos, incluso a varios del oficialismo, que analizaban posibles regulaciones del mercado de la marihuana y del cannabis (planta del cual sale la flor que se fuma) con proyectos para legalizar el autocultivo para el consumo personal.
El diputado Luis Lacalle Pou (Unidad Nacional), quien fue el que presentó el primer proyecto de ley para legalizar el autocultivo de marihuana, dijo que fumó en su adolescencia como parte de “romper las reglas” y por “un acto de rebeldía”, pero sostuvo que desde hace muchos años no consume drogas cuya comercialización sea ilegal. “Fui el primer político uruguayo en reconocer que consumí, pero hoy resisto cualquier tipo de control antidoping”, dijo.
Algo similar relató el diputado Pablo Iturralde (Alianza Nacional), quien dijo que fumaba cuando iba al liceo en Melo, y si bien entiende que hay que buscar un marco legal para el tema, “las propuestas del gobierno son una improvisación total”. El senador y ex presidente de la República, Luis Alberto Lacalle (Unidad Nacional), recordó que en 1968, durante una visita a Estados Unidos, lo convidaron con “un pucho colectivo” de marihuana, el cual probó pero le pareció “una porquería”. El actual presidente del Directorio del Partido Nacional, el senador Luis Alberto Heber, también dijo que consumió hace muchos años.
El presidente de la Comisión Especial de Drogas y Adicciones, Sebastián Sabini (Movimiento de Participación Popular, MPP), dijo que es necesario cambiar “la pisada”, porque la lucha en Uruguay contra las drogas “ha fracasado”, como también ocurre a nivel mundial, y lo único que se ha obtenido es que “aumenten los consumidores, la violencia y la estigmatización, sin dar una respuesta al problema”. El diputado no fuma tabaco pero sí, ocasionalmente, marihuana. Aseguró que admitirlo no le genera conflicto, pero aclaró: “Si tengo que trabajar o estudiar no fumo. Las drogas tienen que ver con los usos y las costumbres de las personas. En lo personal no tengo problemas. Soy una persona que vive normalmente, hago deporte, juego al fútbol, salgo a correr, voy a todos los actos políticos, tengo una vida muy activa y de vez en cuando me fumo un porro y eso para mí no es ningún problema”, explicó.
El problema —acotó el diputado— es la obtención de la marihuana. “Si me agarran con dos porros en la calle puedo terminar preso”, como para señalar la “contradicción” entre la legalidad del consumo y la ilegalidad de su adquisición o provisión.
En cambio, para el diputado Álvaro Vega (MPP) la idea de legalizar el autocultivo “es muy elitista”, porque hay muchas personas que no podrían realizarlo. Vega cuenta que ha consumido marihuana en alguna ocasión y opina que es necesario dar un debate sobre el tema. El diputado Carlos Gamou (Corriente de Acción y Pensamiento-Libertad) dijo que no fumó marihuana pero aclaró que una vez en España fumó hachís, que es un derivado del cannabis y produce un efecto y sabor similar. “Me cayó horrible. Estuve como cuatro horas con ganas de vomitar. No fue una experiencia agradable. Sentía como una especie de alucinación extraña”, relató.
En el caso de los diputados Daniel Caggiani (MPP) y Julio Bango (Partido Socialista), consumieron cuando eran muy jóvenes y nunca tuvieron problemas. Lo mismo le ocurrió a Alejandro Sánchez, del mismo sector, quien contestó que hace mucho tiempo que no consume. Su colega Carlos Souza (Corriente de Acción y Pensamiento-Libertad) dijo que nunca tuvo problemas con la marihuana; consumió durante casi cuatro años mientras vivió en Brasil desde sus 18 años de edad. “Cuando me vine a Uruguay era muy difícil de conseguir y no me preocupé más. Lo que no he podido dejar es el cigarrillo (tabaco), que fumo desde los 14 años y es una adicción que me ha llevado a consumir hasta dos cajillas por día”, comentó.
El diputado Aníbal Gloodtdofsky (Vamos Uruguay) afirmó que fumó en su juventud, cuando tenía unos 20 años, y aseguró que fue una experiencia particular de esa etapa de su vida. “La marihuana es como la juventud: (el interés) se pierde con los años”, consideró. Para él la idea de legalizar el autocultivo era un propuesta “interesante”, pero los planteos del Poder Ejecutivo “son un disparate”. Según el senador colorado Alfredo Solari (Vamos Uruguay), “fumarse un faso” es “igual que tomarse dos o tres copas de vino. Te baja un poco las defensas y el nivel de alerta. No me parece una cosa grave”, opinó en una entrevista en la revista Galería el 7 de junio.
“¿Qué olor tiene?”.
“No sé ni cómo es el olor” de la marihuana, dijo el senador del Partido Nacional Jorge Saravia. Tampoco su colega Francisco Gallinal (Unidad Nacional), ni los diputados Hugo Dávila (Partido Comunista), Gonzalo Novales (Alianza Nacional) y Guillermo Facello (Propuesta Batllista), entre otros. Varios opinan que es una sustancia “mortal”: Graciela Cáceres (MPP) nunca fumó porque no está de acuerdo, aunque comparte la iniciativa del gobierno para dejar en libertad a las personas que decidan consumir y que decidan “de qué forma matarse”. Gustavo Cersósimo (Vamos Uruguay) no quiere probar “el veneno para saber si es mortal”, mientras que el senador José Amorín (Propuesta Batllista) respondió que nunca se llegó a “acercar” a la marihuana ya que siempre le dijeron que era algo “dañino”.
Algunos parlamentarios más veteranos no fumaron en su juventud y ahora no les genera curiosidad, por ejemplo a la senadora Lucía Topolansky. Una amplia mayoría comentó que la “diversión y locura” en la adolescencia consistía en fumar cigarrillos a escondidas, y que hoy prefieren el consumo de alcohol como una de las drogas socialmente aceptadas.
En paralelo, varios legisladores de la oposición criticaron al secretario de la Presidencia, Alberto Breccia, por contar su experiencia con la marihuana como algo positivo. Consultado por la prensa, el jerarca dijo el jueves 21, que consumió y que fue “una experiencia satisfactoria”, ya que sintió “paz, tranquilidad y alegría” y que para conocer el tema “hay que experimentarlo”. A juicio del diputado José Andrés Arocena (Unidad Nacional), Breccia “desautorizó a todos los padres que quieren educar a sus hijos en que fumar marihuana es algo malo”, porque ahora los jóvenes utilizarán los argumentos del funcionario de la Presidencia. “Yo no he tenido la necesidad de fumar para estar en paz. Sí me tomé un té de coca cuando estuve en Bolivia”, indicó el diputado nacionalista Jorge Gandini.
Su colega Juan Manuel Garino (Vamos Uruguay) consideró que es una “locura” la idea de legalizar el comercio con el argumento de combatir a los consumidores de pasta base, porque sería como “curar a los alcohólicos adictos al whisky con cerveza”, y para su compañero de bancada Richard Sander, del departamento de Rivera, eso provocaría “un carnaval en la frontera”, ya que los brasileños ingresarían en masa para comprar la droga.
El planteo del gobierno es rechzado por muchos legisladores del propio oficialismo. El diputado por Maldonado Darío Pérez entiende que “es de locos” y que antes de gastar en cultivar y vender marihuana el Estado tiene otras prioridades en las cuales gastar sus recursos.