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    De los cítricos a la ganadería de corral y la soja cosechada en suelos con zinc y maquinaria de 17.000 kilos de peso

    Primero fue la plantación de naranjas y limones, y de la cría de ganado en los años ochenta pasó a la producción de soja, trigo y maíz en forma cada vez más intensiva en la última década. Pero antes de eso, en los noventa, instaló el primer corral de engorde de ganado en el país, que luego tuvo que cerrar “porque los números no daban”. 

    La historia del productor Alberto Gramont puede ser similar a la de muchos otros ruralistas uruguayos, y su caso es representativo de los cambios que registró el agro local en los últimos 40 años en cuanto a la priorización de unas actividades sobre otras, la tecnificación y la innovación genética, que en conjunto derivaron en la transformación del paisaje rural de Uruguay.

    Gramont es considerado el mayor productor individual de soja del país —con más de 7.000 hectáreas— y un emprendedor en el agro, que ha sido consultado en varias ocasiones por el propio presidente José Mujica por temas agropecuarios. 

    Tampoco duda en ser crítico del gobierno cuando advierte alguna situación incorrecta, como ocurrió durante la sequía entre 2008 y 2009, porque a su entender el Ministerio de Ganadería demoró en reconocer la gravedad de ese problema climático y determinar medidas de apoyo a los productores. 

    Y hace unos años, Gramont  incomodó a muchos productores cuando dijo que “faltan empresarios” en Uruguay y que “los argentinos despertaron de la siesta” a la agropecuaria local. Eso en alusión al protagonismo que ganaron en la agricultura uruguaya los productores llegados de la otra orilla de los ríos limítrofes.

    Primeros años.

    Desde joven tuvo interés en innovar en la producción para sacarle el máximo provecho al campo de su familia en Young, departamento de Río Negro. 

    A los 14 años, en 1955, durante un viaje que hizo con sus padres, en Estados Unidos le llamó la atención el funcionamiento de corrales para engordar ganado (feed lot), pero más que eso lo que le atrajo fueron los emprendimientos de producción intensiva de leche en tambos estabulados. Se trata de galpones donde se encierra a las vacas en un espacio limitado y se alimentan permanentemente.

    En la ganadería actual es menos frecuente ver a las vacas pastando en las praderas y tiende a extenderse el confinamiento de los animales, ya sea para engordarlos o para que produzcan más leche.

    “Mi idea era hacer un tambo estabulado y producir leche en polvo, pero un técnico conocido me convenció de que desistiera de ese proyecto y que optara por el engorde de ganado para remitir a los frigoríficos”, relató a Búsqueda.

    Al inicio de la década de los ochenta, mientras cultivaba cítricos, plantó soja para aprovechar la oportunidad de exportar ese grano a Taiwan. Luego el gobierno colorado de Julio Sanguinetti, en 1985, cambió su política exterior y decidió establecer relaciones con China. “Estuvo bien”, opinó Gramont, considerando que hoy ese gigante asiático es el principal mercado para la soja uruguaya, y en última instancia es lo que tira del negocio agrícola. 

    Tras dos años seguidos con pérdidas causadas por las heladas, en 1988 decidió abandonar la citricultura y vender la planta de empaque de cítricos destinados a la exportación que operaba en ese momento. Contó que su empresa pasó de enviar al exterior 250.000 cajas de citrus a 70.000.

    El hobby, la soja y el zinc.

    Con parte de los ingresos obtenidos por la venta de esa producción compró un campo en Durazno, donde crió ganado y en 1991 instaló el primer corral para engorde de animales del país, aseguró.

    Con el paso de los años el corral de engorde de vacunos dejó de ser un negocio rentable y en 2007 Gramont no tuvo otra alternativa que cerrarlo. “Llegamos a productir entre 8.000 y 10.000 animales por año, pero los números no daban”, argumentó.

    Recordó que en aquel momento su contador le preguntó si el feed lot era un hobby y que si era así, le salía carísimo.

    Luego de dejar ese emprendimiento se concentró en ampliar su producción agrícola. Actualmente, el predio está dedicado en un 97% a plantar granos y el resto a ganadería.

    En 2001 este productor empezó a plantar soja bajo el sistema de siembra directa, que implica un reducido laboreo del suelo, y que es acompañado de la incorporación de semillas genéticamente modificadas resistentes a la aplicación del herbicida glifosato.

    Una de las decisiones que tomó hace un tiempo fue adoptar un modelo de rotación de cultivos que aplica un agricultor de Córdoba, Argentina, en suelos “overos”, que tienen marcados desniveles. La receta pasa básicamente por lo siguiente: en un período de tres años, plantar soja y maíz de segunda, y alternar en el invierno trigo o cebada, o sembrar algún verdeo para alternar los cultivos, explicó.

    Complementariamente a eso, Gramont dijo que comenzó a aplicar una diversidad de nutrientes en sus campos “para no perder suelo y mantener la fertilidad”. A los tradicionales fertilizantes, como el fósforo, el nitrógeno y el potasio, les sumó el zinc, el cobre y el hierro. “Con un kilo de zinc puro el campo rinde 250 kilos más de soja por hectárea”, resaltó.

    A los 71 años, las ganas de innovar no cesan para ese productor. Este año incorporó maquinaria agrícola argentina, principalmente sembradoras y cosechadoras que “brindan una mejor calidad de semillas”, contó, al dfierenciarla de la limitada capacidad de las máquinas utilizadas en los ochenta.

    Destacó que estas máquinas nuevas “pesan 17.000 kilos sin granos y 20.000 kilos con granos, tienen 10 metros de ancho y cortan todos los rastrojos que quedan en el campo y al mismo tiempo siembran”.

    Así, la imagen del hombre sumergido con los pies en la tierra lidiando con los bueyes que tiran del arado quedó perdida en el rincón de los recuerdos.