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    Del Consejo del Salmón de Chile

    Sr. Director:

    El pasado 8 de febrero, en su revista Galería, se publicó un reportaje que enumeraba razones para no consumir salmón chileno, el cual, lamentablemente, incorporaba una serie de imprecisiones que, como Consejo del Salmón de Chile, nos gustaría responder para que los prestigiosos lectores de su medio de comunicación tengan la información adecuada y no se lleven una impresión errada de este noble producto.

    El Consejo del Salmón es un gremio que reúne a cinco empresas productoras que, en conjunto, suman más del 50% de la producción chilena de salmón. Chile, a su vez, es el segundo productor de salmón en el mundo con el 27% de participación mundial y esta actividad genera cerca de 70.000 empleos en la macrozona sur de Chile. Las empresas han ido adquiriendo a lo largo del tiempo conocimiento y experiencia, y a través de la ciencia, el desarrollo tecnológico y la innovación, elevan sistemáticamente sus estándares, que actualmente están acordes a los niveles mundiales.

    Creemos que el artículo en cuestión presentó una visión sesgada de esta actividad económica, incluyendo opiniones de conocidos activistas ambientales antiindustria, sin considerar la visión de las empresas productivas, y de otros actores relevantes que, por cierto, tienen mucho que decir sobre los innumerables avances en sostenibilidad que ha tenido la salmonicultura chilena en los últimos 20 años. De hecho, podríamos haber colaborado con mucha información, pero lamentablemente la mirada de las empresas chilenas no se consideró para la elaboración del artículo.

    Las empresas salmoniculturas chilenas están constantemente incorporando mejoras que aumenten la productividad, permitan contar con tecnologías de primer nivel, y al mismo tiempo aborden los desafíos ambientales y sanitarios con el objetivo de consolidarse como una industria sostenible. Todo esto se desarrolla en un contexto altamente regulado por los distintos organismos del Estado y donde los temas normados y fiscalizados abordan una amplia gama de materias desde, por ejemplo, dónde se pueden establecer los centros de cultivo en áreas aptas para la acuicultura definidas por la autoridad; la ubicación exacta de los centros de cultivo que posteriormente se monitorea vía satélites; cuántos peces se pueden sembrar en cada ciclo productivo; cantidad de biomasa total a producir en un ciclo; cómo los peces deben ser tratados en caso de enfermedad para asegurar su bienestar animal; hasta los requisitos que se deben cumplir para poder dar antibióticos a un salmón en caso de enfermedad, entre otros factores.

    Sobre este último tema, creemos fundamental precisar que actualmente los tratamientos se entregan a los peces a través del alimento solo en caso de enfermedad, con el fin de minimizar que los fármacos lleguen al ecosistema marino. Además, los medicamentos son mayoritariamente de uso veterinario y las dosis que se pueden otorgar a los salmones son definidos por médicos veterinarios caso a caso y con receta, informando a la autoridad estatal. En la fase de la cosecha, los salmones deben tener un período “libre de medicamentos” en el agua, con el fin de que sus organismos “eliminen” los medicamentos administrados y de esta manera el salmón que se consuma sea totalmente seguro.

    Además de las medidas recién mencionadas, las empresas tienen una hoja de ruta clara para lograr reducir el uso de antibióticos con acciones en marcha y una serie de investigaciones en proceso. Como Consejo del Salmón, adherimos al programa Chilean Salmon Antibiotic Reduction Program en agosto del año pasado con el fin de avanzar en la reducción de antibióticos a través del acceso y análisis de datos relevantes de la industria en completa transparencia, junto con un organismo internacional de prestigio como lo es el Monterey Bay Aquarium.

    Sobre los espacios donde están los salmones, descartamos que haya hacinamiento tal como lo plantea el artículo. Esto es imposible. Existen estrictas normativas establecidas por las autoridades y se han establecido en Chile densidades máximas para las especies coho, salar y trucha, las que vienen a resguardar el bienestar de los peces y el medio ambiente. A esto se suma que para cada centro de cultivo existe una resolución de la Subsecretaría de Pesca (Subpesca) que establece la densidad a la que se puede producir y eso es fiscalizado por el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) de Chile.

    Asimismo, hay que destacar los avances en certificaciones internacionales de sostenibilidad, las que son entregadas por entidades independientes y válidamente reconocidas en el mundo como el Aquaculture Stewardship Council (ASC), uno de los sellos más prestigiosos en acuicultura, que otorga una organización independiente, internacional, sin fines de lucro, que administra un programa de certificación y etiquetado para la acuicultura responsable. A fines 2020, un 55% de los centros de cultivo que se mantienen en operación tenían certificación ASC, porcentaje que se ha duplicado en los últimos tres años. Como toda actividad productiva y con mayor razón tratando con seres vivos, el sector enfrenta distintos tipos de riesgos, y para gestionarlos adecuadamente, la chilena es una industria con alto nivel de sofisticación, investigación e innovación.

    Sobre las omisiones del artículo, creemos importante mencionar las ventajas de la producción de salmón –versus otras proteínas como vacuno, porcinos o aves– en cuanto a su consumo de agua dulce, huella de carbono y efectos de gases invernadero, lo que convierten a la salmonicultura en una alternativa proteínica real para combatir el cambio climático. Solo un botón de muestra: para aumentar el peso del salmón y por tanto producir cada kilo de proteína, el salmón es más eficiente porque requiere menos alimento. Así, para producir un kilo de salmón se necesitan entre 1,2 y 1,5 kilos de alimento, mientras que en el caso del pollo y cerdo se requieren entre 1,7 y 2 kilos y entre 2,7 y 5 kilos respectivamente, de acuerdo a datos de la Global Salmon Initiative.

    Sobre el alimento que consumen los salmones de cultivo, la salmonicultura chilena ha logrado emplear consistentemente dietas para los salmónidos con menor presencia de proteínas de origen marino que se han reducido de un 50% a un 15% en los últimos años, haciéndolas cada día más sustentables. Incluso, actualmente hay centros de cultivo donde el alimento no incluye proteínas marinas.

    En resumen, nos gustaría reafirmar que el salmón chileno es un producto que cumple todas las condiciones sanitarias necesarias, y que su foco principal es una producción medioambientalmente sostenible. Por esa razón, el salmón chileno es un producto infaltable en las mesas de los restaurantes más importantes del mundo, pues es un producto nutritivo, sabroso, muy versátil para cocinar y que cumple con todos los estándares para ser comercializado.

    Queremos reiterar como gremio que tenemos la convicción de que es perfectamente factible y compatible el desarrollo sostenible de una industria como la salmonicultura con el cuidado de ambientes prístinos como la Patagonia. Para ello se debe resguardar tanto la posibilidad de realizar aquellas actividades económicas necesarias para generar empleo y bienestar de la población, como las garantías de una interacción armoniosa y sustentable con el medio ambiente.

    Joanna Davidovich

    Directora Ejecutiva

    Consejo del Salmón de Chile