N° 2030 - 25 al 31 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáManny Pacquiao es un fenómeno. Con 40 años y un estado físico sorprendente, le ganó bien a Keith Thurman el título Welter de la AMB y dejó al boxeo, bastante alicaído en los últimos años, bien en alto. Pacquiao —o Pacman, como se le conoce por haber destrozado a peleadores de la talla de Barrera, Morales y De la Hoya— tiene una historia épica en sus espaldas. Infancia de extrema pobreza, durísimo entrenamiento y un incomparable empuje para ir siempre hacia delante, le abrieron el camino en este deporte que sus detractores prohibirían por violento. Obtuvo nueve títulos mundiales en ocho categorías diferentes. Para muchos, uno de los más grandes boxeadores de todos los tiempos. Además, es senador por su país, Filipinas, y debe ser un tipo honesto. Buscando información sobre Pacman tropecé con el boxeador ruso Maxim Dadashev, quien sufrió un derrame cerebral tras su combate con el puertorriqueño Subriel Matías. Las imágenes son impactantes. Dadashev pierde el combate, se lo ve en su rincón, cansado, luego tiene dificultades para bajar del cuadrilátero, lo ayudan, apenas puede caminar, la cámara lo sigue y al llegar a las puertas del vestuario ya no puede más: es necesario que traigan una camilla. Antes de recostarse, vomita sangre. Estuvo en el hospital con un coma inducido tres días y falleció. Ahora todo se filma y todo lo vemos. Pero ya habíamos sido testigos directos por TV de la muerte de un púgil, como en 1962 ocurriera con el cubano Benny Paret a manos del norteamericano Emile Griffith. En el pesaje, Paret había llamado a Griffith “maricón”. Era cierto, pero en aquel entonces le complicaba la vida a quien practicaba el más macho de los deportes. Griffith no tuvo piedad y le aplicó 29 golpes seguidos en el séptimo round, sin que el juez parara la pelea. Paret murió de una hemorragia masiva. El juez nunca más dirigió. Y Griffith nunca más volvió a ser el mismo: no extremaba sus golpes por temor a dañar al rival. Perdió la mayoría de sus peleas, incluida una con Carlos Monzón. A la salida de un club gay fue atacado por una patota y pasó cuatro meses internado. “El boxeo es el arte de la supervivencia”, dijo alguna vez Larry Holmes. Deporte brutal, sí, pero no tan incandescente como otros. Una vez le preguntaron a Muhammad Alí sobre este tema. Y Alí fue lapidario: “Es cierto, a veces ocurren tragedias. Pero al menos no morimos quemados como en el automovilismo”.