Sr. Director:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAlgunos servicios públicos no tienen buena receptividad para sus clientes, prestando un servicio deficiente, penoso y hasta risible, como ahora me sucedió a mí con la inefable OSE.
Quise hacer, una vez más, un trámite simple como cambiar la titularidad de la factura de mi casa; trámite que, por ejemplo en UTE ya es, en tal caso, del primer mundo, sencillo.
Pero en OSE, entrando por la web, primero uno debe registrarse, largo, largo. Luego de sorteado ese escollo, uno ya es una persona hábil de ser recibido por la inteligencia artificial del sitio, donde debe identificar el ícono de oferta del trámite a realizar. Allí supe que para OSE soy una persona que sigo tomando agua en una residencia de la que me mudé en el año 1997. Quise seguir hacia mi destino, que era solo cambiar la titularidad de la factura que recibo físicamente y pago todos los meses. La respuesta incomprensible.
Pruebo entonces con alguna vía telefónica, optando por el contacto personal ante la deficiente respuesta de la aplicación. El celular, para el servicio de Whatsapp que promociona el ente hasta en la propia factura al dorso, lamentable. No funciona. Saluda y al siguiente mensaje responde: “No se ha podido procesar la solicitud… gracias por comunicarse”. Llamo luego al *1871 desde mi celular, tercera vía de contacto que ofrecen; ¿qué sucede? se corta la llamada, de modo inmediato, no llegando ni a sonar. En varios intentos.
Finalmente, llamo por línea fija al 08001871 y da ocupado eternamente. Al fin, luego de intentar numerosas veces y dar ocupado, me atendió un IVR para decirme que tenía el lugar No 24. Avancé rápidamente, y en solo siete minutos de espera tubo en mano, me atendieron. El interlocutor, informal como un amigo, me dijo que para hacer cualquier trámite debía estar al día. Yo tenía la factura del mes impaga. Le expliqué que solo quería corregir la factura y ponerla a mi nombre. Pero no hubo lugar a mi solicitud. Y esa preciosa instancia de diálogo, a la cual había llegado luego de perder un siete “minutavo” de mi saldo de vida esperando por el coloquial callcenter de turno, se me iba de las manos y debía esperar a que en una nueva llamada me atendieran, para, luego de pagar la factura, poder cambiar la titularidad de mi factura. Es algo así como que si uno debe el pago del mes aún, dejara de ser automáticamente cliente, y, pasara a engrosar las filas de un ejército desclasado de “noclientes” sin derecho a gestión alguna salvo el pago. Pero, aún después de estar al día, impedido de entrar vía Whatsapp o telefónica, celular o fija, sin más remedio, volver a esperar por el ingenuo operador telefónico de OSE, que con alegría me había declarado que llamara de nuevo, que no había problema. Así nomás, “llamá de nuevo que no hay problema”.
Es lo que me predispongo a hacer ahora, habiendo pago la factura del mes por $ 400, y con la esperanza perdida en obtener respuesta rápida. Ante lo cual, le escribo, Sr. Director, prefiero escribirle y así echar un grano de arena al desierto imaginario de clientes insatisfechos, con la esperanza de que tras este intermezzo de desazones, una carta a su reconocido medio, pueda generar en OSE alguna respuesta de alta liquidez que reduzca la aridez de su autismo comercial. Pues además me consta que en algunas empresas públicas, sus autoridades están atentas a los reclamos del público y hasta son un modo informal de auditoría de gestión, especialmente cuando son nuevas e ignoran en detalle los modos del tracto imperante en el servicio-cliente; o más curioso resulta el mismo, si uno no reflexiona y la conceptúa a la tal relación de modo más auténtico y profundo, como: empresa pública-público, ente propiedad de los uruguayos-uruguayos, funcionarios-pagadores del servicio que les da trabajo.
La verdad, Sr. Director, la vida cotidiana del ciudadano, contribuyente, pagador de servicios, está hecha de estas correrías simples en su definición, tortuosas en la ejecución de algunos, solo algunos que, con ineptitud contumaz, pasan los años y siguen sin resolver bien cuestiones hoy bien fáciles de resolver y no joder a la gente. Hace dos milenios los romanos llevaban agua en monumentales acueductos, que uno puede ver aún en pie hoy en distintos países de Europa, y hasta funcionando en algunos casos. Pero acá la OSE no puede generar un medio de relacionamiento sencillo para su clientela. Y esto tan fastidiante, luego, en el debate de ideas y postulados, no aparece como parte esencial del patrimonio oriental, de las sagradas joyas de la corona de algunos reyes que tenemos. En fin, agradezco su publicación.
Miguel Vieytes
CI 1.378.394-8