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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáExcavar los sótanos de cada cuartel. Mientras no haya datos sobre dónde ubicar restos de desaparecidos, habrá que excavar hasta los sótanos de cada cuartel.
Va a propósito de las declaraciones de Luis Lacalle Pou de hace unos días y que sirvieron de chispa para encender el tema desaparecidos una vez más. Los ánimos se caldearon al punto que le saltaran a la yugular (a él y a su padre) por sus dichos, que se podrá coincidir o no pero es un punto de vista tan válido como el exacto contrario. Luego también le saltaron a la yugular por no retractarse del argumento (no tenía por qué si es lo que cree), aun disculpándose ante la sensibilidad que el tema despierta. Lo que verifica la permanencia de un desquicio intolerante entre uruguayos, incapaces de entender (ni respetar) otras ideas que no sean las propias.
Quizás si bajamos los decibeles y evitamos adjetivarnos entre nosotros, podamos encontrar una salida, que seguro no será la ideal ni la que a todos conforma, pero al menos posible.
Una sociedad que pretende ser seria, responsable y con posible proyección a futuro, debe reconocerse en virtudes y en errores, sin rehuir de lo que nos duele ni nos gusta. Somos humanos, ergo imperfectos, lo que nada tiene de indecoroso porque está en nuestra naturaleza cometer errores, tanto individuales como colectivos: lo indecoroso es no verlos ni reconocerlos y lo que es peor, no enfrentarlos.
Con esta premisa de falibilidad, más allá de lo que indique la legalidad y mientras no se obtengan datos confiables sobre posibles ubicaciones de restos de desaparecidos, no queda otro camino que seguir buscando. Y esto no es encarar la búsqueda desde lo ideológico ni partidario (que lo tiene y se utiliza), ni desde el esporádico interés mediático (que también lo tiene y se utiliza), ni siquiera desde la soledad e íntima búsqueda familiar (abismal y desoladora como pocas).
Mientras no se recuperen los cuerpos desaparecidos de compatriotas que ya no tienen partido ni ideología, sino la única bandera que nos iguala y cubre a todos, que es la de la Muerte y la Patria, habrá que seguir buscando. Buscar con serenidad y seriedad, si es con datos fiables mejor, pero también sin ellos; para seguir buscando metódica y silenciosamente, lejos de la primicia noticiosa, la propaganda o el apuro político, pero también sin pausas hasta que esos padres, hermanos, hijos, nietos y bisnietos tan uruguayos como todos, rencuentren a sus muertos perdidos, como cualquier otro uruguayo anhela.
Se argumenta que lo mismo se debió hacer entonces con los muertos de las revoluciones. Pues no, son otros tiempos y otras circunstancias para nada comparables, como bien nos enseñó Ortega y Gasset.
Se argumenta que no es justo con quienes también murieron y/o fueron torturados a manos de una guerrilla mesiánica y salvaje. Pues no, ya que aun ocurrido en los mismos tiempos y con similar o más saña y cobardía, caben distintas responsabilidades y circunstancias que también deberemos enfrentar. Pero es harina de otro costal.
Se argumenta que es un tema ya debatido, zanjado en dos consultas votadas libres y en secreto y que hay que pasar la página de la historia. Pues no, el tema debatido y zanjado por voto popular refirió a establecer o no responsabilidad legal por aquellos hechos, mas no sobre la recuperación de cuerpos desaparecidos.
Se argumenta que hay cuerpos que nunca serán recuperados y por tanto no tendría fin. Pues no, ya que no es un problema de cantidad (ni miles, ni cientos, ni seis) y deberíamos hallar los rastros que no pudieron desvanecerse en el aire ni en la tierra. Aún si ya no hay restos físicos, al menos habrá una muy buena y seria explicación que asemeje un final.
Así que más allá de cualquier norma legal vigente, es legítimo seguir buscando; en paz, sin presiones ni ansias de rédito alguno, sin trincheras a favor o en contra, solo buscar y seguir buscando. Quizás en esa serena búsqueda, también encontremos la redención que los uruguayos nos debemos y merecemos sobre tan oscuros años, antes y durante la dictadura, habiendo aprendido la lección para no repetirla. Será así y solo así que habremos cimentado bien nuestra posible (pero no segura) proyección como país en el futuro, en un mundo cada día más cambiante y más incierto para todos.
José A. Guerra Rivas