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    martes 28 de julio de 2026

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    Despedida

    Sr. Director:

    Entré a Búsqueda hace casi 13 años, tenía un celular en blanco y negro y no existía WhastApp. Hacía año y poco que ya no se podía fumar en espacios cerrados, pero algunos veteranos periodistas mantenían sus ceniceros sobre sus escritorios entre la añoranza por los viejos tiempos y la oportunidad de encender un cigarrillo cuando se hacía de madrugada y solo quedaban algunos pocos. Recién salida de facultad llegué un jueves a medio día a la redacción de Búsqueda en la calle Uruguay, subí aquella larga escalera de mármol y me quedé. Aquí aprendí de periodismo, el de los papeles lo traía de la universidad, en Búsqueda fue el oficio. Aprendí a “fuentear”, a “medir” cada palabra pensando en las consecuencias de escribir una u otra, a “pinchar” a un entrevistado cuando había que hacerlo, a negociar para hacer valer “la exclusiva” y a “bancar” las críticas cuando tenían razón o cuando lo políticamente incorrecto incomodaba y solo quedaba el convencimiento de que lo publicado era correcto.

    Un gran apoyo en esos primeros golpes fue siempre Claudio Paolillo, quien me había invitado a entrar a Búsqueda. Hace unos días conversaba con algunos compañeros, esos que éramos “los jóvenes” de Búsqueda cuando Claudio lo dirigía. Todos añoramos un poco lo mismo, haber tenido tan cerca a un gran referente para el periodismo, los nervios de las primeras llamadas a nuestros internos y sus cuestionamientos sobre los temas que cubríamos: “¿Y vos qué pensás?” y, si no le contestabas directo y claro, “sí, pero ¿qué pensás?”. Le gustaba ser categórico en sus columnas y discutir sobre temas de actualidad incluso con el más novato. Recuerdo que cuando terminé mi tesis de grado me llamó a su despacho que daba a la ruidosa calle Rondeau, me pidió que la llevara, que le contara todo y la leyó completa. Sus consejos me quedaron grabados. También los de Daniel Gianelli, que cuando editaba mis primeras notas hacía que se me revolviera la panza mientras caminaba del altillo hacia su escritorio. Hoy cada vez que tengo que poner tres cifras juntas me pregunto si admitiría algo así en ese contexto.

    En esta redacción aprendí sobre todo a enfrentarme día a día a lo nuevo y sentarme frente a expertos que habían dedicado su vida a temas que yo había logrado superficialmente comprender poco tiempo antes. Comencé, a los pocos meses de entrar, a cubrir temas de salud, ciencia y ambiente, bajo la guía de Cristina Canoura, una referente para el área. Cris me presentó un mundo nuevo y durante el tiempo que trabajamos juntas hizo que me enamorara de las complejidades de cubrir la sección de la que no me aparté más.

    Recuerdo aquella primera Agencia Nacional de Investigación e Innovacción (ANII) sobre la calle Rincón, sus primeras autoridades, las conferencias en la planta baja y la angosta escalera para las oficinas por la puerta lateral. No recuerdo mis primeras coberturas en el Ministerio de Salud Pública, pero sí haber entrado al despacho ministerial con sus ventanas hacia 18 de julio y que el escritorio lo ocupara María Julia Muñoz, luego Olesker, estuvo Venegas, Muñiz, Basso y ahora Salinas. Me impresioné la primera vez que entré al Ceinbio de Rafael Radi tras subir las escaleras de Facultad de Medicina de la Universidad de la República con los techos descascárandose y entré a la renovada sección que aún hoy dirige. Subí y bajé mil veces pisos y pisos por ascensor o escalera en la Facultad de Ciencias, visitando a científicos, investigadores, biólogos, geólogas, físicos y oceanógrafos a su paso. Recuerdo el entusiasmo de las autoridades del Instituto Pasteur por la incubadora Bioespinn, sus instalaciones recién construidas en el subsuelo del edifico en Malvín norte para impulsar las startups en biotecnología, luego su acotado éxito y su siempre arduo trabajo para vincularse con el sector privado. Ahí mismo, a pocos metros ahora preparan una nueva construcción y un centro con el que promete la academia cambiar paradigmas.

    El periodismo como negocio está en crisis, sí. Que los medios digitales, que las bajas de ventas en papel, que las suscripciones que pocos pagan, es cierto, pero los periodistas no estamos en crisis. Los que hacemos periodismo lo elegimos con vocación y compromiso, no por plata, y vivimos entre la pena y el nerviosismo cuando mes a mes a la cuenta del banco entra menos plata o llega fuera de fecha. En Búsqueda estamos trabajando, creo, más unidos que nunca, es un disfrute hacer periodismo en esta redacción, meterle ganas y horas y, como decía el Tulbo (Ernesto Tulbovitz), jugar cada semana “una final del mundo”.

    Hoy me toca decir gracias, a mis compañeros, a los del barrio, a los de adelante y los del fondo, a mis jefes, a Andrés Danza y a todos los editores que he tenido, porque de cada uno me llevo algo. Ha sido una alegría compartir con ustedes todos los goles de este equipo, desde los que llegan de la sección de política hasta cultura. Gracias a tantos científicos que me abrieron las puertas de sus laboratorios y me dedicaron su tiempo, y a los gobernantes que respondieron llamadas a cualquier hora.

    Hoy me toca despedirme. Me seguiré sintiendo parte de Búsqueda, en donde sé que tengo las puertas abiertas. En unos días comienzo una nueva etapa en la Universidad Tecnológica (Utec). No me alejo de la ciencia, seguiré prendiendo mi grabador de vez en cuando, trabajando en temas de innovación, de tecnología y aportando desde la comunicación con todo lo que aprendí acá, en esta casa.

    Me voy feliz de haber compartido tantos buenos momentos y días grises también, porque así es la vida. ¡Gracias!

    María Paz Sartori