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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl septuagenario candidato a la Presidencia de la República, y el de edad más avanzada entre los candidatos que rivalizarán en los comicios de octubre próximo, ha expuesto sus creencias sobre la edad, la experiencia y la aptitud para gobernar. Su creencia la manifestó hasta en un acto en la Universidad de Salamanca, de la que recibió un doctorado honoris causa. Su observación —interesante, sin duda— la entendió suficientemente importante como para pronunciarla en el recinto universitario. Y desde allí recordó a su joven contendiente en las elecciones de octubre.
También recordó a su oponente en “Los desayunos”, programa de la Televisión Española. Ante las cámaras, expresó nuevamente la comparación con el fútbol y las selecciones Sub-20 y la selección mayor.
El candidato oficialista, como primera reacción ante los resultados de las elecciones internas, apuntó directamente a la juventud de quien será su contendiente en el acto electoral de octubre. Así, privilegió “la paciencia estratégica” respecto a “la aventura épica”.
El candidato continuista cambió el blanco —valga la coincidencia— de sus diatribas. No habló de programas ni de ideas, ni de “la derecha” y la izquierda: orientó sus baterías hacia la edad del candidato del Partido Nacional. Ya no atinó a burlarse de la voz del Dr. Jorge Larrañaga ni a intentar ridiculizar su viaje a Finlandia para aprender de su política educativa.
Parecería que, reflejamente, al candidato Tabaré Vázquez se le coló la conciencia de sus 74 años comparados con los 40 de su rival. La juventud del candidato nacionalista emergió inmediatamente quizá como resultado de una herida narcisista de la persona mayor que quedó en situación de competencia entre iguales con una persona 34 años menor.
Ya no habló de “la gilada” ni de “la jungla” (cuando debió decir, en todo caso, “la fauna”, ya que la jungla es un terreno de vegetación espesa).
El doblemente laureado con sendos doctorados honoris causa (por la Universidad de Salamanca y por la Universidad Maimónides, de Buenos Aires), recurrió al argumento de autoridad: los años y la experiencia. Quizás, si hubiera competido con él, también podría haber apelado a la edad de José Batlle y Ordóñez en 1903, quien llegó a su primera presidencia con 47 años y sin experiencia previa. Y con 27 años menos de edad.
El politólogo Luis Eduardo González, interrogado sobre la comparación del candidato con el mundo futbolístico, en el programa “Código País” del 4 de junio último, respondió:
“Tabaré Vázquez dijo una vez: ‘La gente es dueña de sus silencios y esclava de sus palabras’. Eso me parece mucho más sensato que andar ladrando contra la derecha. Es una opinión personal. Pero no sé si es la forma más apropiada de encarar los desafíos de tono y de posicionamiento que la campaña del Frente Amplio va a tener que enfrentar en los próximos cinco meses. […] Yo creo que el problema para el Frente es mostrar de qué forma es parte también de esa modernidad y de esa renovación, aunque su candidato tenga algunos años más. Eso debería ser más o menos posible. Ahora, eso sí: si los reflejos del Frente se cierran un poco a la antigua, y el Frente le empieza a pegar del mismo modo que los viejos caudillos blancos y colorados le pegaban al Frente Amplio antes de 2004, entonces la cosa se le va a complicar. Me parece.”
La votación sorpresiva del Partido Nacional, y la del Dr. Luis Lacalle Pou en particular, condujo a la descalificación por la edad, visto que su oponente en octubre sería el joven Lacalle Pou. Y el argumento de autoridad afloró paternalistamente por sobre la discusión de los programas antagónicos del Frente Amplio y del Partido Nacional, con esta sentencia salomónica: “El doctor Lacalle Pou tiene gran futuro, pero en este momento tiene que primar la experiencia”.
Reiterando el dicho “la gente es dueña de sus silencios y esclava de sus palabras”, evocado por el politólogo Luis Eduardo González, vale la pena recordar la anécdota de adolescencia relatada por el entonces precandidato frenteamplista en el acto de Mariscala:
“El Carniaca tenía dichos estupendos que se aprenden en la universidad de la calle. Y a veces cuando estábamos en el barrio y había alguna crítica a la barra porque jugábamos al fútbol en la calle, Carniaca se arrimaba y me decía: ‘Tabita, dejá que corra la gilada’”.
Pues así como “la murguita va creciendo”, podría pasar que “la gilada vaya creciendo” y le quite las mayorías parlamentarias al Frente Amplio.
O más, tal vez.
Fernando Iglesias
CI 1.393.495-7