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    Dinámica renovadora

    Sr. Director:

    Un nuevo impulso, un nuevo freno. Cuando les va mal, hombres y sociedades suelen ser creativos y audaces o perecer.

    La sociedad uruguaya se vio enfrentada en la crisis de 2002 al derrumbe de ciertos paradigmas. Aquel perverso y erróneo conservadurismo disfrazado de sensatez se quedó sin respuestas para una realidad terminante.

    Cuando se desregula el mercado financiero, la historia demuestra que culmina en la ruptura de la cadena de pagos por efecto de lo que se ha llamado “burbujas”: créditos sin apalancamiento suficiente. Un tipo de cambio fijo en una economía con costos rígidos a la baja acaba con la competitividad y gran parte del aparato productivo de un país. No alcanza con el equilibrio fiscal, la inflación baja y la libertad de mercados y un Estado prescindente para crecer.

    Esta estrategia confluye en una caída del producto, un creciente endeudamiento y la incapacidad de pago del Estado. Un diseño macroeconómico displicente con una pésima gestión económica acabó implosionando.

    En ese marco la sociedad uruguaya fue creativa y audaz. Priorizó equilibrios macroeconómicos, hizo un manejo profesional de la deuda y diseñó un modelo de crecimiento con distribución. Reguló y controló sociedades y actividad financiera. Promovió la inversión extranjera directa. Diversificó exportaciones por producto y por destino, diseñó planes logísticos basados en la modernización del puerto, aceleró el desarrollo de la industria del software, promovió sinergias, comenzó la universalización de la fibra óptica y programó un plan de renovación de la matriz energética.

    Dinamizó legislaciones preexistentes. Hizo una reforma tributaria y una reforma del sistema de salud.

    Se crearon la ANII y el Plan Ceibal. Se transversalizaron las políticas ministeriales y las gestiones de los entes. Invirtió y modernizó sus empresas públicas. Comenzó el relacionamiento obrero-patronal con los consejos de salarios.

    Entraron en agenda temas como el ensanche de la matriz productiva, la reforma del Estado, la innovación tecnológica y de mercado, los emprendedores, hasta se atrevió a discutir un TLC con Estados Unidos.

    Todo llevaba a un impulso modernizador, que terminara con el anquilosamiento de una sociedad adormecida.

    Ciertamente al país le ha ido y le sigue yendo muy bien con ese impulso renovador. Es por eso que estamos en riesgo. Es el momento preciso donde hombres y sociedades con sus élites dirigentes suelen equivocarse y cometer errores estratégicos que discontinúen el proceso virtuoso.

    Estos procesos virtuosos parecen tener el germen de la indiferencia. Se desarrolla en las sociedades una intención de tercerización de las decisiones, de no compromiso. Un perfil psicográfico, que ve su prosperidad personal como un derecho adquirido sin retorno, solo interferido por las obligaciones al colectivo social, se desentiende de lo controversial y crítico, aceptando pasivamente que las élites piensen por ellos.

    Eso es un reflejo conservador. Una actitud negligente. Una apuesta al  individualismo.

    Una primera señal fue la elección de una forma de pensar presuntamente preocupada por asistir a la pobreza y no por la generación del bienestar. Una forma de pensar que privilegia el rescate de empresas a crear nuevas. Al igual que en el viejo Uruguay se socializaron pérdidas con un fin altruista: no perder fuentes de trabajo.

    Otra señal elocuente fue la reiteración de un modelo de distribución del poder dentro del Estado por cuotas políticas o representaciones sociales y no por idoneidad. La representación puede definir bien o mal la política a seguir; la buena gestión requiere idoneidad, no representatividad. Ejemplos del giro conservador sobran.

    Con los votos contrarios de la oposición se aprobó en abril la  llamada ley de inclusión financiera. Los agentes económicos “respaldaron el propósito” pero con advertencias de todo tipo. “Para que haya inclusión financiera se necesita cultura financiera”. ¿Será necesario algún curso de cultura financiera para pagar una vuelta en la calesita del Parque Rodó con una tarjeta de débito? “Imaginen un almacén de campaña; es inaplicable”. Ni el hijo de un obrero puede ser doctor, ni un almacén de campaña puede cobrar con un POS a un paisano financieramente inculto. La ley ya entró en vigencia sin la menor alarma pública.

    La ANNI firmó un convenio con la Universidad de Stanford para fortalecer la innovación y el espíritu emprendedor de los ingenieros uruguayos. El Consejo de la Facultad de Ingeniería resolvió no participar en ese convenio porque prohíbe que residentes o ciudadanos de países embargados por Estados Unidos puedan ser beneficiarios del mismo. Dicha resolución del Consejo no obligó a la renuncia del secretario de Estado norteamericano. La sobreestimación reaccionaria que tienen ciertos cuerpos de sus decisiones es absurda. Lo real es que los ingenieros se quedaron sin convenio por un motivo desenfocado e inoperante para el propósito perseguido.

    La transformación de la matriz energética está direccionando la generación de energía eléctrica hacia fuentes alternativas  desligando al país de la  dependencia petrolera. Es conocido que un ómnibus eléctrico es más caro, pero gasta diez veces menos energía que uno petrolero y es más amigable con el medioambiente.

    La oposición se negó a dar los votos para habilitar el crédito del BID para importarlos, impidiendo a los montevideanos tener un servicio más barato y más limpio.

    De discutir cómo nos adaptábamos a un mundo nuevo para crecer más, la amplia mayoría de los empresarios, sindicalistas, profesionales, intelectuales y políticos volvieron a centrar el giro del trompo en la puja distributivita usando al Estado como campo de batalla. Y el trompo así se cae, el Estado así se cae, la sociedad interrumpe su giro evolutivo y se cae.

    Para este giro conservador la inclusión es pecado, altera el orden natural, promueve la movilidad social.

    A la propuesta de inclusión digital de los adultos mayores se responde “por qué mejor no los ayudamos a llegar a fin de mes”. Recuerden que al Plan Ceibal se le respondía con un “por qué mejor no arreglamos las escuelas”.

    Se construye un mundo distópico para plebiscitar algo inocuo, que no va a traer la más mínima mejora en la seguridad pública porque confunde el síntoma, la violencia, con la enfermedad, la marginación.

    Buscamos ponerle trabas al futuro alentando el temor.

    Solemos arruinarnos los sesos escuchando lecciones de vida anticonsumistas y fatalistas sin definir lo que es el consumo necesario. Tal vez su condición de padre lo lleve a pensar que lo mejor para sus hijos es manejarse con las últimas tecnologías de smartphone para su futuro y no enseñarles a plantar cebollas; eso lo decide usted a su cuenta y riesgo, y nadie  se lo puede cuestionar.

    Solemos destruir neuronas con exposiciones de prestigiosos académicos para crearnos la insana sensación de vivir en la cacotopía, diciendo que hemos crecido (aumentado la cantidad de bienes disponibles) sin desarrollarnos (capacidad de crear bienes), falacia en la economía, en la biología, en la vida social y en el sentido común. La conferencia, al igual que las fiestitas de las guarderías para los abuelos, sirven para demostrarnos lo que “ya intuíamos”: “El nene es divino”. Las calificadoras de riesgo nos suben la nota, pero el futuro de corto plazo será terrible.

    Nada audaz es viable y bien visto.

    ¿Indexación y recuperación son la única forma de que el salario real crezca? No, la demanda sostenida de trabajo inducida por la inversión también lo logró, y mucho mejor porque lo hizo sustentable. Hubiera sido mejor atribuírselo a “la lucha de la clase trabajadora”. Lo lamento: fue el modelo económico aplicado y su aliento a la productividad.

    ¿Para tener un puerto multimodal de aguas profundas se necesita tener carga previa? No. La carga se puede obtener de una posición geográfica privilegiada y ofreciendo costos menores; por ejemplo, cogestión y exoneraciones fiscales a los exportadores del Cono Sur. Es decir, compitiendo.

    Una zona franca audiovisual es un buen proyecto. ¿Por qué denostamos entonces al Antel Arena que puede ser una plataforma de lanzamiento de una industria audiovisual? ¿Por qué oponernos a una moderna ley de megaminería que regule algo que es tan conveniente como inevitable?

    Sería saludable volver al impulso inicial. Buscar financiamiento para nuestro actual déficit de infraestructura y proyectar la futura. Diseñar modelos educativos para una sociedad moderna de eternos educandos apoyada en tutores y plataformas digitales. Transversalizar las demandas de innovación y tecnologías con ofertas de los generadores de conocimiento para un cambio de la matriz productiva agregando valor a nuestra producción. Diseñar una reforma del Estado orientada hacia el gobierno electrónico democratizador y de menores costos.

    La consistencia, ese concepto tan caro a la lógica y a la matemática, no es fácil para los seres humanos. En general se prefieren soluciones “rápidas”. Promesas de rebajar impuestos y aumentar gastos. Menos horas de trabajo, un paro sin plataforma. Logos e imágenes y no acciones para construir futuros.

    Si esa conservadora alergia atópica al cambio desarrolla su aversión al riesgo obsesionada por cerrar cuentas, una sociedad desatenta arriesga hipotecar su futuro. Estamos en un punto de inflexión. Si la dinámica renovadora se interrumpe, quedaremos en un diseño alfa y no seremos el beta tester de un diseño final. Ya nos ha pasado. Cuidado.

    Raúl Labadía

    CI 1.273.000-3