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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa visión práctica y real de que con el dinero se puede obtener el poder genera un objetivo para la vida que, a falta de otro mejor o más importante, suele ser el único que parece cumplir la función.
El paso del instinto al estado consciente, en la evolución, abarca muchos detalles, tanto en lo que se deja atrás como en lo nuevo a adquirir o aprender.
El ego, la ambición y la ignorancia están presentes en los primeros pasos, con físico y cerebro humano, e impulsan a conservar situaciones de instinto como ser el macho de la manada teniendo un harem, ahora adornado con tules.
El tiempo y las diferentes formas adoptadas por los pueblos para convivir causaron también distintas maneras de ejercer aquel poder sobre la manada, siempre sobre la base de la ignorancia popular y la mentira más o menos elaborada del hechicero o sacerdote de turno y de la fuerza guerrera del rey.
Las religiones y las guerras se han mantenido, y como la población adquirió algunos escrúpulos que enfrentaron a las autoridades sin ellos, hubieron de engañar con otra calidad, sugestionando (o anestesiando) con la idea de que ahora vivimos y disfrutamos de la democracia. Es tan poder y sometimiento como antes, pero el dinero, el trabajo y la política nos distraen y lo disimulan pareciendo que vivimos en libertad. Es un sometimiento pacífico, pero real (malo, pero conocido), a unas autoridades de pacotilla (pero establecidas solemnemente) sin un objetivo humano que los justifique, por lo que el suicidio de jóvenes y viejos es la expresión (pacífica también) del desacuerdo con ese sometimiento y la ignorancia de otra opción.
La otra opción está dentro de esa ignorancia que nos proveen con la educación dirigida. Esta educación no es cultura, sino información, una información que adoctrina para ilusionarse en el esquema administrativo, que desvía de la vida y su proceso en la naturaleza forzando una relación artificial, teatral, que enferma y que atrofia la imaginación, demorando el entendimiento de la opción que retome la vida natural y el relacionamiento humano.
Los adelantos tecnológicos, primero la computadora para el trabajo, luego el Internet y más tarde los celulares, mientras dejaban atrás el teléfono fijo, nos convencían de que estamos más comunicados que nunca, siendo en realidad todo lo contrario: ahora cada uno está más solo con su celular y una variedad impresionante de textos e imágenes que siguen sin ser cultura, sino que conserva el desvío de lo importante que es la vida… y nosotros mismos.
El atiborramiento de información —casi como un entretenimiento— es considerado ahora como el símil del poder. Quien tiene la información tiene el poder, dicen. Y resulta evidente que esa “información” adormila, hipnotiza, como para que aquél poder de instinto continúe atrofiando.
Hay unos aspectos relacionados con esa idea de información es igual a poder: el primero es que hay una preparación previa para que esa información signifique tener el poder (sin una educación estúpida pero obligatoria no llegaríamos a “viejos y estúpidos” como concluyó el Dr. Villar cuando era director del Htal. de Clínicas y trataba a tantos pacientes que llegaban allí); segundo, las costumbres, roles y reglas sociales que acompañan y afirman la educación completan el ambiente propicio para que ese poder obsoleto siga vigente, y tercero, que el poder dispone de los medios de comunicación para que mantengan la sugestión de que estamos en una sociedad.
Debemos notar que hubo un proceso en el cambio que detallamos: por un lado, cuando se sometía por la fuerza, el dinero era lo importante para alcanzar el poder sometedor; por el otro, los avances tecnológicos tuvieron gente atrás que los generó y para mantener el sometimiento de una población con más neuronas en actividad debieron mentir en un nivel más inteligente para continuar pareciendo ilustración a una educación (títulos incluídos) que nos mantiene en la oscuridad, la confusión y la incertidumbre.
En los últimos 200 años se fueron descubriendo hechos que atentan contra la misma continuidad de la especie (y de la vida en el planeta). La psicología con sus investigadores llegó a que la enfermedad única, inicialmente prevista y buscada por Freud, consiste en la alteración de la psiquis provocada por ser forzados a competir en nuestras relaciones habituales, cuando tenemos en nuestra naturaleza una esencia social a desarrollar. Esto significa que la obligatoriedad de la educación más la doctrina cristiana impuesta por la Iglesia, que se refleja en los roles familiares y las reglas sociales aprendidas como normales, son opuestos al proceso natural y nos enferman. Ese desvío mental provocado para someternos, y ante la ausencia de un sentido propio para la vida, llevó al desarrollo técnico industrial orientado a ganar dinero sin mirar las consecuencias que, al ser notorios y atentar contra el ambiente, dieron lugar a una alarma planteada por los ecologistas y ambientalistas en una puja entre sensatos y sordos interesados.
Es evidente que los sensatos pretenden la sobrevivencia humana y del planeta, mientras que los sordos interesados integran el esquema jerárquico del poder y ya no importa cómo llegaron, sino cómo evitar que continúe la destrucción y el suicidio.
Para encontrarle una solución sensata a este grave problema tenemos que considerar que el esquema jerárquico es irracional (una extensión de los instintos) y que sus medios de funcionamiento son propios para su conservación estática y artificial basada en la mentira sistemática. Esos medios no son útiles para producir lo contrario. A través de los medios de comunicación se puede informar y sugestionar masivamente, pero no se puede elevar la moral personal con mensajes masivos, sino con el trato personal y social.
Justamente, para evitar que tengamos un trato social fluído es que nos obligan a ser todos adversarios, desconfiados y aislados, en un ambiente competitivo que solo favorece a los intereses que alimentan el poder.
En este tiempo de crisis económica y levantamientos sociales a escala global, han aprovechado la enfermedad Covid-19 para aislarnos, causando una pandemia de miedo (como en el Medioevo), atormentando con el número de contagiados y algunos muertos, aumentando el ambiente negativo y guardándose la cantidad de recuperados, que habrían demostrado que no era una epidemia mortal, sino una gripe más. Los muertos fueron en su mayoría gente de edad y con otras enfermedades crónicas previas. Habrían muerto también con la gripe conocida anterior.
En este caso la información masiva, monotemática y dramática les valió el poder, que quedó demostrado con las propuestas gubernamentales de aportar cientos de millones de dólares para reactivar las empresas a la vez que millones de personas perdían sus empleos pasando directamente a la pobreza. El dinero no les importa porque lo recuperan o lo emiten de nuevo. Pero sin el poder no lo podrían hacer.
Por consiguiente, cambiar esto requiere empezar de nuevo y fuera de ese ambiente, ya que no es compatible con lo social y participativo. Como siempre, la naturaleza en su proceso evolutivo favorece lo mejor y descarta lo que no cumple sus leyes. Para el caso, habiendo llegado al uso de la inteligencia racional, la condición estática del esquema autoritario es una prueba fallida y quedará por el camino, dando lugar al desarrollo de la esencia social en experiencias variadas que nos acerquen al rumbo correcto, acompañando a la naturaleza. Esto nos dará la calidad de humanos que abandonen la mentira y las sugestiones para entendernos realmente y avanzar en la aventura de la vida consciente.
Luis Alberto Álvarez D.
Ampliar en www.monografias.com.ar, La Revolución Psicológica y Supervivencia, del mismo autor.