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Guardando la discreción necesaria para no identificar a la persona, el ex presidente Julio María Sanguinetti relató más de una vez un diálogo que mantuvo con un diputado: “Mire doctor, la cuestión es elegir entre ser buen legislador y ser reelecto. Y yo elegí ser reelecto”. Pero ser reelecto no es la única aspiración de un político que ingresa al Parlamento, uno de los poderes del Estado, que no tiene una actitud proactiva para presentar proyectos, reservando esa tarea al Poder Ejecutivo. En la escala de la pirámide está en primer lugar llegar a la Presidencia de la República y, en segundo lugar, ministro. A esto se suma que para muchos diputados es más interesante hacer carrera para ser intendente que seguir en la Cámara Baja, ya que en el primer caso se pueden tomar decisiones que se concretan en obras y en el reconocimiento de la gente.
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Pero entre las aspiraciones y la realidad hay una distancia, por lo que la mayor parte de los legisladores abdica de sus pretensiones y termina compitiendo para mantenerse en el cargo, aunque con suerte dispar según la Cámara que integre: si es senador es más probable seguir en los cómodos sillones del Palacio Legislativo.
La anécdota contada por Sanguinetti y relatada por el politólogo Daniel Chasquetti demuestra “de manera descarnada” el dilema al que se enfrentan los políticos uruguayos: ser un legislador de un solo mandato o hacer carrera política.
Este dilema es estudiado por Chasquetti en su tesis de doctorado “Parlamento y carreras legislativas en Uruguay: un estudio sobre reglas, partidos y legisladores en las Cámaras”. La semana pasada, la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) informó que Chasquetti ganó este mes el Premio Guillermo O’Donnell —uno de los más prestigiosos en América Latina— por ese trabajo. La tesis fue seleccionada entre 18 obras escritas por investigadores de nueve países. Chasquetti es profesor de la Licenciatura y la Maestría de Ciencia Política de la FCS.
“Hacer carrera política supone hacer muchísimas cosas que no tienen nada que ver con ser legislador”, dijo Chasquetti a Búsqueda. Según el investigador, esta situación “explica por qué los parlamentarios uruguayos tienen pocos asesores, por qué el Parlamento es débil en muchos aspectos y por qué son tan disciplinados” con los líderes, ya que su suerte queda atada a la situación de los referentes de los sectores y partidos.
Los partidos uruguayos están dominados por sus distintos sectores o fracciones. Dentro de esas fracciones los líderes cuentan con el poder de “confección de la oferta electoral y la capacidad de imponer sus preferencias durante el proceso legislativo”. Esta “asimétrica” relación “limita dramáticamente la estructura de oportunidades de los individuos para tomar decisiones sobre su futuro”, escribió Chasquetti en la tesis.
Uno de los cambios que se han procesado a lo largo de los años es la valoración del cargo de diputado.
Ser intendente.
La carrera de un dirigente político, según el relevamiento realizado por Chasquetti, ubica como máxima aspiración la Presidencia de la República. Luego están los cargos de senador y de ministro; en un tercer escalón figura el cargo de diputado y más abajo está el intendente y el edil.
Pero a “partir de los años noventa, se observa una creciente valoración de la posición de intendente, sobre todo para el caso de los diputados electos en distritos del interior del país. Para ellos, la jefatura municipal sería un paso intermedio entre la Cámara de Representantes y el Senado. Esa alteración es sustantiva para el estudio de las carreras y explica por qué, durante los últimos diez años, se ha incrementado el número de diputados que, tras ganar una banca, compiten seis meses después por esa posición”.
Eso se debe a “factores estructurales” que se encuentran en que la reforma de 1967 impidió que los legisladores presentaran iniciativas sobre incremento del gasto y la “modernización” de los servicios del Estado “restó discrecionalidad a los agentes políticos para su provisión”, por lo que llevó a que su tarea se viera “fuertemente acotada”. A la vez, los gobiernos municipales aumentaron sus competencias, modernizaron su gestión y se volvieron “más influyentes” en las políticas públicas y más relevantes para la gente.
Chasquetti trabajó con la encuesta realizada por el Instituto de Ciencia Política en 2007 sobre las expectativas de carrera política. Casi un tercio de la muestra aspiraba a competir por el cargo de intendente de su departamento y casi un cuarto por un cargo en el Senado. En tanto, un 25% de los legisladores quería retener su cargo. Sin embargo, tras las elecciones de 2009, la mayor parte de los legisladores terminó “abdicando de sus aspiraciones y compitió por mantener su cargo de diputado” y “sólo una pequeña proporción consiguió llevar a cabo sus aspiraciones progresivas”.
Tras realizar un análisis de la serie histórica, Chasquetti dijo que los legisladores tienen una “clara inclinación a permanecer en sus bancas”, ya que “7 de cada 10 diputados y casi 6 de cada 10 senadores persiguen la reelección en su cargo”. Esto confirma que existen carreras legislativas en el país, dijo.
En cuanto a la situación de quienes quieren competir por la reelección, los senadores son quienes tienen más éxito. En la Cámara Alta, la tasa de éxito promedio asciende al 75% y en Diputados llega al 60%.
En el trabajo, Chasquetti analizó la evolución del trabajo legislativo. Al respecto concluyó que el Parlamento uruguayo “es hoy infinitamente menos proactivo que en décadas anteriores”. El estudio demostró que el 80% de las normas que sanciona el Parlamento son iniciadas por el Poder Ejecutivo o por miembros del partido o coalición de gobierno. Además señaló que existe un alto nivel de disciplina en las coaliciones gubernativas, ya que en el 90% de los casos estudiados entre 1985 y 2010, sus miembros votaron unidos (50 en 55 votaciones).