A través de las finanzas puede reconstruirse el periplo que sigue una gestión de gobierno y también pueden reflejarse los cambios que promueve. Eso se traduce en el repaso que hace el director de Recursos Financieros de la Intendencia de Montevideo, Mauricio Zunino, de la administración que comenzó en noviembre de 2020 en medio de la crisis sanitaria.
Con ese contexto, el panorama fue al principio de “mucha incertidumbre”. Al mismo tiempo que veían reducidos los ingresos, la situación los obligaba a un despliegue mayor de políticas públicas. Por eso, haber salido de esa situación con estabilidad y tener hoy una situación financiera sólida es destacado como un logro por el jerarca.
Según el economista, esta administración buscó llevar adelante un recambio en los componentes de los gastos de funcionamiento, otorgándoles un rol principal a los programas sociales. También se propuso impulsar otros proyectos, como el reemplazo de todas las luminarias de la ciudad por tecnología LED, lo que a su entender “será uno de los cambios fundamentales de Montevideo al final del período”.
Pese a estos logros, Zunino asegura que las posibilidades de inversión de la intendencia se vieron limitadas por un “sesgo de discriminación política” del gobierno nacional, que “busca” provocarle “un ahogo”. Según sus estimaciones, si no existiera esa determinación, Montevideo hubiera recibido $ 644 millones más en 2021 y 2022.
—¿Cuáles fueron los principales desafíos financieros de esta gestión?
—Ingresamos en medio de una pandemia y con una crisis de ingresos muy fuerte. Eso implicaba un desafío desde el punto de vista de la sostenibilidad, de cómo financiar actividades prioritarias y de una crisis social importante que obligaba a desarrollar políticas públicas. Cuando iniciamos, y sobre todo en el año 2021, el panorama era de mucha incertidumbre. Logramos sostenibilidad y equilibrio; también tener una situación financiera sólida, que nos permitiera apalancar inversiones y un financiamiento de las políticas sociales. Todo eso nos permite en esta segunda parte del período de gobierno desarrollar muchas más actividades que las que teníamos en el primer año.
—¿Cuáles son los principales rubros de gasto de la intendencia?
—Los gastos de funcionamiento e inversión se llevan un poco más del 51%. Después hay un porcentaje que le pasamos a la Junta Departamental de Montevideo que ronda el 3%. Amortizaciones de créditos pasados –básicamente son los préstamos de saneamiento– también llevan un 3%. Y las retribuciones personales son un 43%, lo que está dentro de los parámetros normales para una administración pública y por debajo de la media del resto de las intendencias, siendo la que menor cantidad de funcionarios tiene por habitante. Luego, dentro de los gastos de funcionamiento hay cuestiones muy variadas: el subsidio al transporte (son unos $ 1.800 millones), servicio de limpieza (unos $ 1.600 millones), las obras de saneamiento y el mantenimiento de las redes, y los espacios públicos. Esos son los principales componentes.
—¿Cómo evolucionó el gasto dentro de este mismo período? ¿Se ha mantenido estable?
–En las remuneraciones, sí, y después ha cambiado un poco la estructura del gasto de funcionamiento. Aumentó mucho el tema de los programas sociales, particularmente a partir del desarrollo del Plan ABC; pero no solo las políticas sociales del ABC, sino otras como en la salud, donde hay un desarrollo muy fuerte en términos de policlínicas, de fondo de medicamentos, la extensión y los policlínicos móviles. También tuvimos un incremento importante, y somos conscientes de que teníamos que hacerlo, respecto al subsidio al transporte público. Ahí hubo un efecto pandemia muy fuerte, tuvimos que cubrir un sistema que tenía problemas en ese momento y logramos equilibrarlo. Después creamos otro tipo de acceso a subsidio al transporte como fue el boleto ABC para las personas de bajos ingresos, cambiando algunos recorridos en los sistemas de ómnibus para llegar a más lugares, sobre todo asentamientos. Hubo un foco muy fuerte en cambiar los gastos de funcionamiento y hacer un énfasis en las políticas sociales.
Los gastos de funcionamiento también se acompañan con inversiones. Por ejemplo, dentro del ABC hay un componente de barrios –sobre todo los más carenciados– para obras de pavimentado, de fluviales, de infraestructura. También algunas obras de vialidad para que puedan circular ómnibus por calles que no circulaban, e iluminación, que es uno de los componentes que entendemos va a transformarse sobre el final del período, porque venimos bastante rápido con el recambio y la expansión. Ese va a ser uno de los cambios fundamentales al final del período.
—¿En qué consiste esa transformación de la iluminación y cuánto dinero se destinará?
—La iluminación se está financiando por varios mecanismos. Uno es un fideicomiso de recambio, que se paga a través de los ahorros y consiste en cambiar unas 60.000 luminarias (el parque de Montevideo son unas 84.000). Otra parte, implica cambiar las avenidas y se está haciendo con presupuesto propio. Otra parte son nuevos contratos de desempeño, y con el fideicomiso Montevideo Se Adelanta incorporamos 17.000 luminarias nuevas. Con eso estaríamos cubriendo la totalidad de iluminación. Estamos sustituyendo a LED, porque el parque de Montevideo era relativamente viejo, de vapor de sodio, y tenía un consumo mucho más alto. En seis o siete años va a quedar cubierto el repago de toda esa luminaria, y a partir de ese momento Montevideo va a generar ahorros por iluminación.
En limpieza también estamos haciendo una inversión muy importante. Se ha invertido en la compra de contenedores nuevos y camiones, y se está invirtiendo en la planta de transferencia, un sitio de disposición final complementario a Felipe Cardoso, que va a quedar pronto el mes que viene.
—¿Cuál será el balance financiero de la intendencia en 2023?
—Siempre pensamos en un esquema de sendero de equilibrio, que es lo que presentamos en la Junta Departamental en nuestras rendiciones de cuentas. Los valores van a estar en el entorno de cero. Podrá haber un pequeño superávit, un pequeño déficit, eso depende de la coyuntura puntual: si se atrasó alguna compra o si tuvimos algún imprevisto en la estimación de un ingreso. Pero los valores están pensados para cerrar en un entorno de equilibrio.
—¿Cómo describiría la relación actual con el gobierno nacional?
—En la rendición de cuentas de este año presentamos un apartado donde describimos cómo han venido siendo los recortes de fondos de origen nacional y que entendemos que eso tiene un sesgo de discriminación política que busca generar un ahogo. Montevideo es la intendencia que recibe menor dotación de aportes del gobierno nacional. Si mirás el presupuesto de la capital, más del 90% son recursos de origen propio, que pagamos los montevideanos, y un 9% son de origen nacional. Hay departamentos en los que el porcentaje de aporte del gobierno nacional es del 70% del presupuesto. En cambio, en Montevideo lo que hubo en este período fueron mecanismos que jugaron a favor de recortar ciertas partidas, algunas que se incluyeron en la contabilización del artículo 214 de la Constitución no incluían a Montevideo. Del Fondo de Asimetrías básicamente no nos toca casi nada, a pesar de tener la enorme mayoría de la población. Hubo un recorte del Fideicomiso de Infraestructura Metropolitano, incluso con fondos y obras que quedaban para ejecutar del presupuesto anterior, que este gobierno resolvió no llevar adelante.
Hemos estimado que Montevideo está recibiendo hoy $ 664 millones menos anualmente de los que recibiría si hubiera existido un comportamiento no discriminatorio con relación a lo que han percibido las otras intendencias del país (ver recuadro). Ese es el mecanismo por el cual se ha buscado que Montevideo no pueda acceder a determinados fondos y generar una especie de ahogo financiero.
—¿Qué rol han tenido los fideicomisos aprobados y denegados en este período?
—Durante la sequía, Montevideo puso para el esquema de productores rurales casi $ 90 millones, cuando el Ministerio de Ganadería puso $ 50 millones para todo el país. El aporte a las condiciones de riego y a brindar elementos para mitigar el cambio climático hacia los productores en Montevideo fue fundamentalmente de la intendencia. Esto después se complementó con otras cosas, porque la sequía terminó impactando también sobre el agua potable de todos los montevideanos. Ahí también contribuimos con ollas y merenderos, y se distribuyó agua embotellada en las policlínicas.
Los fideicomisos son importantes para apalancar mecanismos de inversión. Otros gobiernos departamentales han utilizado fideicomisos para licuar deudas, pero no es el caso de Montevideo. Montevideo ha utilizado todas las estructuras de fideicomisos para apalancar inversiones, porque es un buen mecanismo. Hay voluntad de inversores tanto institucionales, multilaterales y de crédito internacional para financiar proyectos de inversión a gobiernos departamentales como Montevideo, que ha demostrado una buena conducta de pago.
—¿Qué presupuesto manejó la intendencia este año y cuál será el del año próximo? En ocasiones se señala que los gobiernos tienden a aumentar el gasto cuando se acercan las elecciones.
—Este año eran $ 30.500 millones y para el 2024 son cerca de $ 31.000 millones, a precios de diciembre del 2023. Hay un leve incremento de gasto para el 24 y 25 que tiene que ver con llevar adelante parte de los proyectos que estamos realizando y que queremos terminar. También queremos continuar con la lógica de políticas sociales. Es un incremento moderado en la medida que es lo que nuestros ingresos, que también estimamos que van a crecer de manera moderada, van a poder financiar.