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El titular de la Dirección General Impositiva (DGI) ya no es aquel hombre ejecutivo y mediático que todos conocían como “Z”, ni el también ejecutivo y mediático que semanas atrás renunció para hacer campaña defendiendo la gestión del Frente Amplio. A diferencia de esos dos antecesores, el nuevo responsable de la mayor oficina recaudadora del Estado es un sociólogo —y no un contador— que asegura no tener ambiciones políticas y trabaja lejos de la exposición pública asumiendo que estará pocos meses en funciones.
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Con 54 años Joaquín Serra tomó el cargo de director general de Rentas a fines de agosto, luego que Pablo Ferreri se lanzara de lleno a la campaña política. La designación resultó sorpresiva y muchos, incluso dentro del gobierno, no sabían su nombre: no tiene el perfil técnico de quienes históricamente han ocupado el máximo cargo en la DGI (aunque lo secunda un equipo de contadores y economistas) ni se ganó el respaldo gracias a la militancia política.
Dice que asumió un compromiso hasta el 28 de febrero de 2015. “No aspiro a dejar ninguna huella personal. Aspiro a terminar las actividades planificadas para este año y dejar las bases para una planificación adecuada con vistas al próximo quinquenio, de manera tal que a quien le toque conducir la DGI desde marzo del próximo año lo pueda hacer en las mejores condiciones”, comentó el jerarca a Búsqueda.
Con un vínculo contractual que se ha ido renovando, Serra entró a la DGI en 2003 de la mano del entonces director Eduardo Zaindesztat —“Z”— para colaborar en el capítulo de recursos humanos de una reforma en el organismo que recién cuajó en el primer gobierno del Frente Amplio con un decreto que, entre otras cosas, instauró la dedicación exclusiva de una plantilla que antes podía estar de los dos lados del mostrador. Antes habían trabajado juntos en el Ministerio de Salud Pública, también intentando cambios en un sistema que tenía a varias mutualistas tambaleando.
“La DGI era una institución que estaba muy débil. Tenía serios problemas por una muy baja inversión en tecnología, tenía carencias edilicias y en materia de recursos humanos. De alguna manera se fue contando con los respaldos para resolver” estas situaciones, valoró Serra.
“Si uno mira la situación de partida y cómo está hoy, se podría decir que es una institución madura, moderna y sólida. Es una organización capaz de planificar su actividad y de medir sus resultados, y que paga a su personal en función de los mismos”, destacó, si bien sostuvo que las instituciones requieren de cambios continuos para evitar que se anquilosen. Los más recientes han sido, por ejemplo, los concursos realizados para ocupar la función de encargados de Departamento y de Sección, y un mecanismo de evaluación que permite remover a los jerarcas si no logran los resultados esperados. No sin resistencias internas, de esta forma se terminó con los nombramientos directos que realizaba el titular de Rentas de turno.
La reforma interna, que coincidió con un ciclo de bonanza económica, se tradujo en una reducción de la evasión y una mayor eficiencia recaudatoria. En los meses recientes el crecimiento del pago de impuestos se moderó (3% real, descontada la inflación, en enero-julio respecto a un año atrás), un desempeño que está “dentro de lo programado” y no refleja la moderación de la economía que sí insinúan otros indicadores, resaltó Serra. Y detalló: “Hubo una menor recaudación de IVA importaciones, pero en total ha seguido creciendo en términos reales”.
En julio, la DGI cobró un 4,8% más de tributos que un año atrás, el último dato informado por la oficina.
“Hoy nadie diagnostica problemas en la gestión de la recaudación, como pasó en otras etapas y cuando se decía: ‘El nivel de impuestos es muy alto, hay una ineficiencia muy fuerte en la recaudación y se debe fortalecer la administración tributaria para poder generar los recursos que el Estado necesita para funcionar’. Eso en alguna etapa del país se sostuvo. Hoy nadie lo está afirmando y más bien lo que veo en el debate es por el lado del gasto y no de la recaudación”, comentó el jerarca.
Ciertamente, la cuestión fiscal ha estado en discusión en la actual campaña electoral, ya que el déficit se ubica en un nivel relativamente alto —equivalente a 3,3% del Producto Bruto Interno en los 12 meses a agosto. Al mismo tiempo, desde la oposición se proponen medidas de reordenamiento del gasto y rebajas de ciertos tributos, y el oficialismo habla de algunos alivios y también de subir la carga a las empresas agropecuarias.
Reforma modelo.
Serra subraya que la reforma del organismo es valorada “muy positivamente” por el contribuyente, que según encuestas encargadas por la DGI ahora la percibe como “más moderna y eficiente”.
Sostiene que lo hecho es una suerte de modelo: “La experiencia de la DGI puede aportar para otras áreas del Estado. Fue la primera institución en incorporar los compromisos de gestión, en establecer metas de desempeño para toda la organización, en hacer un plan quinquenal y planes operativos anuales, en tener un régimen de alta dedicación del personal, en adoptar una preocupación por la calidad del servicio y la buena atención del contribuyente. Son todos criterios que son extensibles al resto de la administración”.
“Nadie paga con gusto los impuestos”, reconoce, pero dice que “hay una mayor predisposición por parte de las personas y las empresas” que se reflejó en una caída en los índices de evasión de los impuestos al Valor Agregado y a la Renta de las Actividades Económicas. Un sistema simplificado —tras la reforma de 2007 que eliminó varios tributos—, costos más bajos para hacer los pagos y una mayor percepción del riesgo que supone evadir, además de una situación más holgada de empresas y personas, favorecieron ese cambio de actitud que a su juicio empieza a calar en la cultura ciudadana.
“Gran hermano”.
Hace un tiempo, la DGI empezó a usar más intensamente la tecnología y a cruzar datos que recibe de la facturación electrónica en las empresas, de clubes deportivos, automotoras y colegios caros para detectar casos de evasión tributaria. Algunos contribuyentes se sienten invadidos por un “Gran hermano” que todo lo sabe.
“No veo que haya habido ninguna mala utilización de la información. Muchas veces quien se resiste a estas cosas utiliza las críticas como forma de evitar que la DGI sea eficiente en los controles”, afirmó Serra. La DGI “utiliza la información, como cualquier administración tributaria moderna del mundo, para hacer cruces y análisis de riesgo que permitan identificar posibles evasiones. Y allí concentrar la actividad de control y fiscalización”, alegó.
Según el jerarca, está la “fantasía” de que la Impositiva “conoce el detalle de los consumos de las personas. Pero la realidad es que no tengo el detalle del ticket”. Y agregó: “¿Qué uso puede, entonces, hacer la DGI de esta información? Puede actuar, por ejemplo, si un empresario que realiza compras para uso personal en el supermercado y luego las deduce de sus impuestos, ya que estaría infringiendo la normativa. Si detectamos esas situaciones vamos a citar a ese contribuyente para que explique las inconsistencias con sus declaraciones de impuestos sobre la renta. Se trata de un control que es lógico, y no hacerlo sería facilitar comportamientos inconvenientes de algunos grupos”.
“La modelización de esta información permite hacer una selección técnica, objetiva e imparcial de los contribuyentes con riesgo. Si una persona que paga la cuota del mejor club y los mejores colegios privados, tiene un auto de alta gama y declara que no es contribuyente del Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas, allí hay una inconsistencia. Y simplemente la DGI lo va a citar y podrá o no justificar la situación. Esto garantiza una aplicación equitativa de las normas”, señaló Serra.