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En el día de hoy (miércoles 18 de abril), habíamos decidido con mi señora concurrir a la función de “La Bayadera” por el Ballet Nacional del Sodre. La entrada claramente establecía que el horario de comienzo era a las 20 horas y que “comenzado el espectáculo no se podrá entrar a la sala hasta el intervalo”. En conocimiento de ello, tanto mi señora como yo hicimos los esfuerzos necesarios para cumplir con una reglamentación que me parece acertada, cada uno concurriendo desde sus respectivos trabajos hasta el Auditorio Adela Reta. Al mismo tiempo que nosotros ingresábamos a la antesala del Auditorio, lo hacía el señor intendente de Canelones, todos sobre el filo de las 20 horas, el suscrito y su señora a la platea baja y el señor intendente a la platea alta. Mientras el personal de sala habilitaba el ingreso del Dr. Carámbula, nos lo impidieron a nosotros y a otras personas, alegando que estábamos fuera de hora. Hasta aquí los hechos relatados con la mayor objetividad posible, atendiendo a la indigación que todavía poseo por la actitud discriminatoria de la que tanto mi señora y yo (junto a otras diez personas aproximadamente) fuimos objeto.
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Ahora bien, algunas conjeturas sobre el particular: me parece absolutamente saludable que una vez fijadas las reglas, estas se respeten. Vivimos en un país donde acostumbramos a abusar del tiempo de los demás y nos caracterizamos por nuestra impuntualidad. A todos nos molesta que una vez comenzado un espectáculo, llegue gente solicitando permiso para sentarse o haciendo ruido, lo que nos impide disfrutar del mismo como este se merece. Ahora, si nosotros llegamos fuera de hora (cosa discutible, dado que un testigo allí presente afirma que bajé las escaleras 8.05, luego de una discusión de unos minutos con la “dueña de la puerta B”), también lo hizo el gobernante de Canelones. Pero lo que aumenta la indignación es la falta de respeto con la que todos los allí presentes fuimos tratados por una señorita que dijo llamarse Lorena Funes, acompañando su actitud con una sonrisa socarrona, como disfrutando el momento de poder que la situación le otorgaba. Esa falta de respeto se ve acrecentada por las mentiras que esgrimía en su defensa, cuando le hacíamos notar que era inconcebible que hubiera una reglamentación para los ciudadanos de a pie y otra para los que circunstancialmente, y por mandato nuestro, están ocupando puestos de gobierno. Primero aseveró ante otro señor que estaba en la misma situación que nosotros, que el intendente en cuestión no había entrado de ninguna manera; a los treinta segundos argumenta que ella no lo conoce, siendo esta una clara contradicción con su aseveración anterior. Lo cierto que esta discusión, a todas luces inconducente, se mantuvo a lo largo de un cuarto de hora, siempre disfrutando esta señorita con su sonrisita burlona, de sus víctimas ocasionales. Realmente, causa estupor y repudio que una representante de nuestro Ministerio de Educación y Cultura, carezca absolutamente de educación y de cultura para tratar a sus semejantes. Por eso lo del título: según nuestra Constitución, todos los ciudadanos somos iguales ante la ley; lamentablemente el constituyente no agregó que también lo deberíamos ser para disfrutar de los espectáculos públicos. Para terminar quiero dejar constancia que deslindo totalmente al Sr. Carámbula de cualquier conducta irregular; él en ningún momento forzó esta situación de discriminación, que tiene el nombre de la “dueña de la puerta B” del Auditorio Dra. Adela Reta.