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Los quince o veinte minutos iniciales retratan casi caricaturescamente la amistad entre Guillermo (Guillermo Francella) y Eugenio (Fabián Arenillas), socios en un comercio de electrodomésticos. Esos minutos iniciales muestran la rutina aparentemente feliz de ambos, en imágenes donde uno es casi espejo del otro. Una fugaz conversación de Eugenio con Laura, su mujer (Inés Estévez), es el anuncio de sombras que luego vendrán a complicar el transcurrir apacible de Guillermo y Eugenio, entre partidos de pádel, sauna, masajes, comidas y ventas de licuadoras y plasmas.
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Con la súbita desaparición de Eugenio, entra a jugar en escena Laura, que toma su lugar en el negocio e inicia, junto con su amigo, la búsqueda de su marido. Antes de las escenas finales el espectador atento podrá fácilmente adivinar dónde encontrarán a Eugenio y qué pasará a partir de entonces con Guillermo y Laura.
Desde su presuntuoso título, la película no nos revela ningún misterio que vaya más allá de los hechos puntuales que narra y que, como tales, explican por qué pasó lo que pasó. Sí, en cambio, resulta más sugerente al mostrarnos que nada es lo que parece, ni siquiera esa amistad a prueba de balas entre Guillermo y Eugenio.
Quizás esta sea la película más prescindible de Daniel Burman (“Esperando al Mesías” “Derecho de familia” “El abrazo partido”, “Dos hermanos”, “El nido vacío”), un realizador correcto a quien algún desmesurado, seguramente compatriota suyo, calificó como “el Woody Allen argentino”. Hay que decir también que Burman no se propone aquí internarse en honduras y conmover al espectador como sí lo hizo y lo logró con “El abrazo partido”.
No, esta es una comedia, un divertimento de verano más “dulceagri” que agridulce, que solo se sostiene en pie porque tiene dos enormes actores en Guillermo Francella y en Inés Estévez. Cada gesto, cada mirada de Francella es un disfrute porque oficia como un verdadero bisturí de gran sutileza que nos descubre el placer, la alegría, la risa, la duda, el asombro. A su lado, Estévez es un prodigio de naturalidad y de convicción en la piel de esa mujer que, ante la incredulidad de Guillermo, sabe desde el principio que lo ocurrido no tiene retorno.
Concedido entonces que es una comedia menor y llevadera sustentada en dos estupendos actores. También debe decirse que Burman podría haberse esmerado un poco más cuando la anécdota llega a Brasil y ahorrarnos la cursilería de las escenas finales donde lo único que se salva es la belleza del mar.
“El misterio de la felicidad” Brasil - Argentina, 2014. Dirección y Guión: Daniel Burman. Con Guillermo Francella, Inés Estévez, Fabián Arenillas. Duración: 92 minutos.