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    Dos viejos entrañables

    Una comedia de ocho capítulos con Michael Douglas y Alan Arkin en Netflix

    Alguien ha dicho que uno de los pocos segmentos que a Netflix le queda por conquistar es el de la tercera edad, y que con El método Kominsky (EE.UU., 2018) apunta precisamente a eso. La afirmación es compartible, aunque quizás lo sea solo en forma parcial. Porque como todos envejeceremos y moriremos, estos temas pueden interesar también a los que todavía mental o cronológicamente no están ubicados en esa etapa de la vida. Más aún: la platea joven seguramente tenga en su entorno padres, abuelos o bisabuelos, y esa cercanía puede facilitarles la comprensión y el disfrute de El método Kominsky.

    En ocho episodios de menos de 30 minutos, la serie sigue la vida de Sandy Kominsky (Michael Douglas), un actor de pasado artístico mediocre, y ahora, en el ocaso de su carrera, convertido en profesor de teatro como una opción para ganarse la vida. Sus alumnos parecen estar más interesados en cómo hacer un comercial de televisión y él les inculca que deben actuar por amor a su oficio y no en busca de fama o dinero, aunque en verdad él tiene una necesidad financiera apremiante. Dirige la escuela de interpretación junto a su hija Mindy (Sarah Baker) y tiene un íntimo amigo, Norman Newlander (Alan Arkin), un importante agente de artistas —y además su agente—, que ha estado y sigue estando siempre listo para ayudarlo.

    Sandy fracasó en su matrimonio, y un romance efímero con una alumna le hará creer por un instante que puede recomponerse afectivamente. Es un bohemio y como tal un perfecto desprolijo con los números de su academia. Norman, en cambio, es un empresario exitoso al que la fortuna le ha sonreído, pero tiene a su esposa enferma terminal y está a punto de enviudar.

    La vejez, los recuerdos, la nostalgia, la amistad de fierro, el miedo a la soledad y a la muerte, todo eso está en las líneas escritas por Chuck Lorre, creador de esta serie y de éxitos anteriores como Mom, The Big Bang Theory y Two and a Half Men, y recientemente homenajeado en los últimos Critics’ Choice Awards. Desde el punto de vista dramático, El método Kominsky es quizás su creación más ambiciosa y lograda hasta el momento, debido a su combinación y equilibrio perfectos entre comedia y drama, con un humor inteligente y ácido que siempre está para aflojar alguna tensión cuando es necesario. Como cuando Norman le dice a Sandy que no pudo conseguirle el papel que pretendía en una serie, pero que le prometieron que lo iban a tener en cuenta para otro. Sandy le dice: “No edulcores las cosas”. Y Norman le responde: “No estoy edulcorando, estoy mintiendo”.

    Semejante material es un festín en manos de Michael Douglas y Alan Arkin. Douglas es el que menos acostumbrado nos tiene a papeles de esta naturaleza. Si uno piensa en Wall Street, (1987), Bajos instintos, (1993) Atracción fatal, (1987), Un día de furia (1993) y más recientemente en Detrás del candelabro (2013), sobre el pianista Liberace, está claro que la cuerda más explotada del actor es otra. Que a los 74 años y con todos esos antecedentes —y aún más— sea capaz de redondear un personaje tan entrañable como el de Sandy Kominsky habla de su versatilidad y de su profesionalismo.

    A su lado Alan Arkin, a los 84 años, se mueve como pez en el agua. Arkin, conocido antaño por Espera la oscuridad, Pequeños asesinatos (que también dirigió) y Trampa 22, más adelante fue el agente de seguros en Un hombre en apuros (Big Trouble, 1986), la última película de John Cassavetes, y el inolvidable abuelo en la Kombi de Little Miss Sunshine (2006), papel por el que ganó un Oscar al mejor actor de reparto. Lo suyo es una lección de sobriedad actoral. No necesita gesticular ni alzar la voz. Con una simple mirada puede pintar un momento de conmoción y tristeza. Y con las líneas de humor que ponen en su boca hace maravillas; tiene el don innato —eso no se aprende en ninguna academia— de conocer la cadencia exacta en los diálogos y saber en qué momento preciso debe disparar su letra para que produzca el impacto cómico deseado. Ese timing solo lo tienen los grandes comediantes.

    En papeles secundarios funcionan con corrección Sarah Baker como Mindy Kominsky, la hija de Sandy; Nancy Travis como Lisa, una estudiante madura entre los millennials que asisten a las clases de interpretación; Jenna Lyng Adams como la hija drogadicta de Norman y Danny De Vito como el urólogo que vigila la próstata de Sandy, en una de las escenas más desopilantes.

    El método Kominsky es un excelente descanso de la sangre, la violencia y el terror que acaparan la cartelera. Una mirada agradable, tierna y aguda, con estos dos veteranos que son como el agua y el aceite, pero que se quieren y se necesitan mutuamente para afrontar el tramo final de sus vidas.