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“Yo quiero uno de estos stickers”. El dedo índice de la mano derecha de la embajadora de los Estados Unidos, Julissa Reynoso, marcaba una de las ventanas del “Quincho de Varela”, la casa del amigo y vecino del presidente José Mujica y almacenero mayorista, Sergio Varela, donde ayer miércoles se realizó un almuerzo que lleva ya 18 años consecutivos, cada 1º de mayo. Junto a ella estaba el prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa. “Pepe Presidente 2009”, decía el autoadhesivo. “Yo digo lo que pienso”, comentó luego la diplomática ante la pregunta de quienes la escucharon y se sorprendieron por su pedido.
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Ante la ausencia inicial de Mujica, que llegó a media tarde tras participar en Tacuarembó en un acto por el día de los trabajadores y en la primera celebración del día del trabajador rural, la atención se centró en la presencia de Reynoso y del embajador de Venezuela, Julio Chirino. Ambos se sentaron en la cabecera de la mesa principal. En el centro se ubicó la senadora y esposa del presidente Mujica, Lucía Topolansky. Chirino se sentó a su derecha y Reynoso a su izquierda. A la derecha de Chirino estaba el ministro de Industria, Roberto Kreimerman y a la izquierda de Reynoso, el futuro subsecretario de Relaciones Exteriores y actual número dos de Economía, Luis Porto.
Reynoso tiene 39 años, es dominicana, abogada y diplomática. Su primer destino es Uruguay, donde está instalada hace poco más de un año. Chirino tiene 32 años, es licenciado en Ciencias Políticas y hace nueve años —con una interrupción parcial de 18 meses en que retornó a Caracas— que cumple tareas diplomáticas en Montevideo.
Antes del almuerzo Chirino y Reynoso tuvieron una conversación de unos 20 minutos. Luego se sentaron a la mesa y fueron blanco continuo de fotografías.
Ese encuentro amistoso entre ambos embajadores se da en paralelo al no reconocimiento por parte del gobierno de Barack Obama al presidente venezolano ya asumido Nicolás Maduro.
Tal cual estaba previsto, el embajador Chirino descubrió un cuadro con una foto del fallecido presidente Hugo Chávez y una plaqueta con una frase del líder bolivariano. Fue en recuerdo de la presencia de Chávez en el quincho en el año 2005, cuando Mujica se desempeñaba como ministro de Ganadería.
“Nuestra lucha es por la integración sudamericana y la integración Latinoamericana. Solo unidos seremos libres y podremos enfrentarnos a los gigantes del mundo. Esta es una región del mundo que nació para ser grande y ser libre”, dice la plaqueta. La embajadora aplaudió discretamente cuando Chirino corrió la tela que cubría la foto y la placa.
Primero Chirino y luego Reynoso firmaron una suerte de “libro de visitas al Quincho” en nombre de sus respectivos gobiernos y pueblos.
Al salir del local, Chirino realizó declaraciones a la televisión. Dijo que su país quiere tener buenas relaciones, basadas “en el respeto”, con todos los países de América y del mundo. Mientras declaraba y las cámaras filmaban irrumpió en escena la embajadora Reynoso. Miró a su colega diplomático y comentó sonriente: “¿Que está haciendo él aquí?”.
Empresarios, ministros, jerarcas de empresas públicas y diputados integraban parte de la lista de invitados. Mesa por medio estaban sentados el presidente del Banco República, Fernando Calloia, y el titular de Buquebús, Juan Caros López Mena.
Pasadas las 17 horas llegó al quincho el presidente Mujica y saludó a los que todavía estaban de sobremesa. “¿Cómo está buena moza?”, le preguntó a la princesa Laetitia d’Arenberg, otra de las invitadas. Se sacó varios fotos y antes de retirarse tuvo un aparte con su esposa, Cánepa y el presidente de Ancap, Raúl Sendic.