• Cotizaciones
    martes 28 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Eduardo Galeano

    Sr. Director:

    Se ha muerto Eduardo Galeano. La vida es así. Decía Benjamín Franklin que la vida tiene solo dos certezas: la muerte y los impuestos; y como a todos, a él le llegó su hora.

    Es indudable que Galeano fue un escritor importante. Editor de “Marcha”, fundador de “Brecha”, escritor del ensayo “Las venas abiertas de América Latina”. Es precisamente por su obra que él quedará en la historia. Es justamente por su obra que le escribo estas líneas, el día de su muerte.

    Porque Galeano ha intoxicado y —me temo— intoxicará, con ideas falsas, generaciones enteras de uruguayos, argentinos, latinoamericanos.

    Porque Galeano reinventó la historia de América Latina, la escribió al antojo de su ideología, falseó, fabuló, construyó un mito. Y la falsedad, la fábula y el mito es tan “atractiva” como perjudicial. Raúl Prebisch inventó la “teoría de la dependencia” pero fue Galeano quien le dio marco histórico. Prebisch justificó nuestra pobreza como consecuencia del “intercambio desigual” entre el centro y la periferia; Galeano hizo inmensa esa justificación al presentarnos a los americanos del sur castigados hasta la postración desde el momento mismo en que Colón puso un pié en las Bahamas.

    Galeano nos hizo víctimas. Víctimas de la colonización, víctimas de la conquista, víctimas del imperio inglés, víctimas de los Estados Unidos, víctimas del capitalismo, víctimas del libre comercio. Nada más atractivo para la pereza del hombre que encontrar las causas de nuestras miserias lejos de uno. Galeano nos hizo víctimas del imperio español. Y es así que inventó al indigenismo... obviando, claro está, que nosotros americanos del sur, no somos los habitantes originarios de esta tierra, que ni siquiera somos los choznos del primer mestizaje, que somos una mezcla de 500 años de migraciones variopintas, donde de la sangre del colonizador y del conquistado poco o nada queda.

    Pero claro, ¡qué atractivo resultó ser de pronto los “auténticos hijos de América” expoliados por el imperio Español! Basta ver al monumento a Cristóbal Colón derribado para comprender hasta dónde ha hecho carne esa idea: la de que los españoles nos sometieron a nosotros... cuando nosotros, en nuestra inmensa mayoría, no somos sino los que vinimos después.

    Ese “relato” transforma un hecho cierto en puntapié para una explicación falsa. Es cierto que la conquista de América no fue sino sanguinaria. Es cierto que España organizó a partir de la extracción de oro y plata un trasiego de minerales impresionante (que de bien poco le sirvió, pero eso es otra historia). A todo eso, que es verdad histórica, Galeano lo convierte en el comienzo de una cadena de desventuras donde siempre hay algún vampiro chupándonos la sangre.

    Desventuras que explican y justifican. Que exculpan y condenan. Debo volver a Prebisch porque la “teoría de la dependencia” requiere entender la economía en términos mercantilistas, que imponen que el comercio sea entendido como un trato desigual. No se trata de intercambio de valor, sino la expresión de una posición de fuerza, en la que uno —el más poderoso— lucra en perjuicio de otro que es más débil. Es ésta visión del comercio la que le permite a Galeano encontrar venas sangrantes.

    Basta ver que el 80% del comercio mundial ocurre entre países “ricos” para entender que la economía no es un juego de suma cero y que la prosperidad mundial no se consigue exprimiendo a los países pobres. Basta abrir un poco los ojos para comprender que la prosperidad estadounidense no es gracias a la United Fruit, ni consecuencia de la doctrina de James Monroe. Que si ellos son cada vez más ricos no es porque nosotros seamos cada vez más pobres (de hecho, ni siquiera somos cada vez más pobres).

    Galeano es la coartada perfecta para justificar gobiernos canallas y élites estúpidas. Galeano es la coartada perfecta que justifica el fracaso recurrente de los experimentos populistas y de los gobiernos “revolucionarios”. Galeano es la justificación perfecta para el rotundo fracaso del PRI, del peronismo, del varguismo. Es la coartada para explicar a Chávez y a Cristina. Por eso Galeano es convertido en vaca sagrada bastante antes de su muerte. Por eso, por ejemplo, los alumnos del CBC de la Universidad de Buenos Aires que tienen Economía como materia reciben como aperitivo de bienvenida la lectura obligatoria de su obra cumbre.

    No basta (al menos no me basta a mí) que en el crepúsculo de su vida haya dicho que ya no creía en su libro.

    Hace un rato escuché por radio a alguien decir que lo de Galeano no había sido una retractación sino un acto de humildad.

    Ha muerto el autor; ahora nos enfermarán sus viudas.

    Gustavo Hernández Baratta