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    Educación

    Sr. Director:

    En medio de una campaña por las elecciones internas que no parece conmover a la ciudadanía y a menos de un mes del inicio de un campeonato mundial de fútbol que —por el contrario— despierta esa pasión tan democrática de los uruguayos, sin previo aviso, cuando parecía que ya nada nos podía sorprender en esta postmodernidad “cutre” (*) en la que vivimos, de pronto, silenciosamente, estalla una bomba de mano ante nuestros ojos. Un candidato a la Presidencia afirma ante el micrófono de una radio que el ministro de Educación “pasa a jugar, pasa a ser importante, pasa a tener la banda de capitán en la educación”. Confieso que hace tanto tiempo que no se escucha algo tan categóricamente necesario; la realidad es tan distinta, que el anuncio golpea fuerte.

    Los uruguayos hemos perdido la memoria de lo que es el liderazgo de la ciudadanía en la educación porque no otra cosa contiene esa afirmación. El ministro de Educación, es decir, aquel a quien el presidente electo por el voto popular designa para esa secretaría de gobierno, está llamado a dirigir la educación del país en representación de los anhelos más profundos de sus conciudadanos. Los mejores técnicos en educación que el país posee, de todos los colores políticos —son unos cuantos y conocen bien la situación— prácticamente han sido unánimes en el diagnóstico y en las medidas a implementar; a veces parece que si las soluciones ofrecen algunas diferencias, esta falta de unanimidad es una creación artificial, destinada a resaltar perfiles y exacerbar banderías, para que no se crea que están todos de acuerdo. ¿Qué hace falta entonces?: una conducción, que con talento —Dios nos libre de los inteligentes malos pero aún más nos libre de los ignorantes malos o buenos— y poniendo en escena a todos los actores que deban intervenir —sin olvidar a los ciudadanos—, ejecute las medidas imprescindibles para acabar con este drama nacional en el que se ha convertido la educación.

    Que ese ministro “pase a jugar” un rol importante en el conjunto de sus “colegas” es mucho más que conveniente, es casi una responsabilidad para un estadista moderno. No decimos que el ministro de Educación (y Cultura, en el esquema del gobierno nacional) sea el asesor más importante del presidente; sería difícil asignar la primacía a uno u otro. Pero aquel ciudadano llamado a ocupar la cartera de “Educación y Cultura” debe esforzarse por iluminar todas las decisiones de su gobierno con la primacía de la persona y el bien común; ¿quién si no el ministro de Educación puede llevar adelante la agenda ética de un gobierno?; ¿quién debe velar por el respeto de los derechos de todos los ciudadanos y asegurar la efectiva igualdad de oportunidades —estimulando las virtudes y animando los talentos— en obedecimiento del mandato constitucional?; ¿o que otra cosa es la educación?: la que quieren los padres y las madres de este país, también innumerables maestros y profesores. No hay otra llave de desarrollo para los pueblos y en el Uruguay de hoy la llave está perdida.

    Pero se abre una posibilidad; hay algunos esfuerzos positivos y todavía podemos encontrar cómo abrir la puerta. Dice el presidenciable que el ministro “pasa a tener la banda de capitán en la educación”. El capitán no tiene por qué ser el mejor jugador, pero sabe cargar con el equipo sobre sus hombros; el capitán debe ser inteligente, debe ganarse el respeto de sus compañeros y por eso tiene que escucharlos, se esfuerza en motivar a todos, pero —al mismo tiempo— sabe conducir el equipo; a veces debe gritar, siempre es el primero en llegar y el último en irse. El sistema educativo nacional adolece de liderazgo, ideas y propuestas hay; no se puede perder más tiempo. Un ministro de Educación que encarne esa visión de servicio, que recupere el rol del Estado y asegure las diversidades que aportan libertad y eficacia, seguramente podrá ayudarnos a ir todos hacia adelante.

    (*) Sucia, pobre, de baja calidad

    Dr. Fernando Aguerre Core

    Decano

    Facultad de Humanidades y Educación

    Universidad de Montevideo