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    Eichmann y la banalidad del mal

    “Hannah Arendt”, de Margarethe von Trotta

    El filme comienza con un secuestro en la Argentina de 1960. Aunque el hecho no fue exactamente como se muestra en la película, la víctima era nada menos que el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, llevado clandestinamente a Israel por el Mossad, juzgado públicamente entre abril y junio de 1961 y condenado a la pena capital. Para cubrir ese juicio, llegó a Jerusalén comisionada por la revista “The New Yorker” la filósofa y escritora alemana Hannah Arendt, una pensadora judía que había sido detenida en 1933 y que luego decidiera emigrar debido a la persecución iniciada por el nacionalsocialismo en ese año. En 1937 le fue retirada la nacionalidad alemana y recién pudo obtener la ciudadanía norteamericana en 1951.

    Hannah Arendt (1906-1975) había sido en el pasado discípula y amante del filósofo Martin Heidegger, de quien se apartó cuando este se manifestó partidario del nazismo. En el exilio (primero en Francia, luego en Estados Unidos) trabajó como maestra de escuela y periodista, mientras escribía libros de filosofía política, fundamentalmente “Los orígenes del totalitarismo” (1951), pero esta película de Margarethe von Trotta se centra principalmente en el período en que Hannah (Barbara Sukowa) va a Jerusalén, presencia el juicio (que se muestra en tomas documentales de la época) y comienza a elaborar su teoría sobre la culpabilidad de Eichmann y la responsabilidad de las jerarquías judías en el Holocausto.

    Cuando vuelve a Nueva York y se reencuentra con su marido Heinrich (Axel Milberg) y con el círculo intelectual que la rodeaba (donde se encontraba Mary McCarthy, interpretada por la excelente Janet McTeer), empiezan los choques y la discusiones, porque Arendt era una pensadora independiente y no le importaba enfrentarse a su propia colectividad para decir algunas cosas que nadie quería escuchar. En los artículos para “The New Yorker” y en su posterior libro “Eichmann en Jerusalén” (1963) desarrolló su famosa teoría sobre la “banalidad del mal”, argumentando que el criminal nazi no era ni diabólico ni siquiera malvado, sino un burócrata que cumplía órdenes sin cuestionarlas nunca. De hecho, ni siquiera era antisemita, aunque ello no excusara sus crímenes de lesa humanidad.

    Eso agitó el ambiente, pero lo peor fue lo otro: Arendt reveló que las jerarquías judías habían cooperado con Eichmann para elaborar las listas de deportados a los campos de concentración y hasta los elegidos para ser ejecutados. Toda la colectividad le cayó encima y esa tensa situación es la que trata de examinar la película, mostrando a una mujer determinada a decir lo que piensa y el precio que debe pagar por ello. Es una mirada íntima hacia un personaje real, polémico pero a la vez íntegro, observado en su entorno familiar y dentro del círculo de sus amistades, muchas de las cuales no le perdonaron su audaz gesto.

    Claro que toda esta situación política y filosófica, que toca sensibilidades y hasta golpea conciencias, no podría traducirse en imágenes elocuentes si se limitara a coleccionar grandes frases y diálogos declamados entre comillas. La virtud de Von Trotta es haber sintetizado todo este asunto en una forma cinematográfica válida dramáticamente, a la vez que evita confusiones en un espectador no interiorizado en el tema. Cualquiera que nunca haya oído hablar de Hannah Arendt (y mucho menos leído sus libros) puede sentirse ahora motivado a indagar en el personaje, informarse más profundamente sobre su vida y su obra (lo que no cabe en una película de 113 minutos) y sentir que el cine, una vez más, ha servido para iluminar aspectos históricos complejos y tal vez (para algunos) ajenos.

    No hay que olvidar que Margarethe von Trotta es una directora que se ha ocupado de retratar mujeres de gran personalidad en títulos recordables como “Las hermanas alemanas” (1981) y “Rosa Luxemburgo” (1986), donde actuaba también Barbara Sukowa. Este reencuentro con ambas señoras de carrera ilustre demuestra por lo menos dos cosas: primero, que siguen estando en la primera fila del cine europeo, y segundo que es una pena que acá no lleguen sus películas, lo que en otra época era habitual y hace tiempo que dejó de serlo. Claro que a veces hay cosas que causan irritación. En la función del sábado del cine Casablanca, la copia exhibida sufrió un accidente inesperado: como la versión viene en formato digital y este permite seleccionar varios canales de audio, el operador pasó la versión doblada al francés y nunca se dio por enterado de su error, pese a las protestas del público. Hay que estar atentos, señores. El público merece más respeto.

    “Hannah Arendt”. Ale­mania-Francia-Luxem­bur­­go, 2012. Dirigida por Margarethe von Trotta. Escrita por Pam Katz y Margarethe von Trotta. Con Barbara Sukowa, Axel Milberg, Janet McTeer, Julia Jentsch, Ulrich Noethen, Michael Degen. Duración: 113 minutos.