El 44% de las mujeres reduce su horario laboral y el 14% abandona el empleo al finalizar sus licencias parentales

Hay “un vacío de protección” por parte del Estado, que hasta los dos años no ofrece un servicio gratuito y de calidad para el cuidado de los menores, señala la socióloga Valentina Perrotta, autora de la investigación

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Nº 2120 - 29 de Abril al 5 de Mayo de 2021

escribe Juan Pablo Mosteiro

Uruguay es uno de los pioneros en la región en el reconocimiento del tiempo dedicado por mujeres y hombres en los cuidados familiares. En 2013 el país reformó la modalidad de licencias parentales en el marco de la creación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados (SNIC): amplió a 14 semanas la licencia por maternidad, a 13 días la licencia por paternidad e instaló como principal novedad “el medio horario parental” para cuidados. Con esta normativa (Ley Nº 19.161), que alcanza a la mayoría de  los trabajadores, Uruguay buscó un mayor involucramiento de los padres en las tareas de cuidados.

En un contexto sociopolítico tendiente a ampliar la protección social, el gobierno de José Mujica (2010-2015) aprobó una medida definida como “neutral al género”, en el sentido que deja la decisión del uso de la licencia parental de medio horario al ámbito privado. Aunque, en los hechos, esta medida ha tenido un uso casi exclusivamente femenino.

Esto en buena parte se explica por una “cultura maternalista” —que prefiere el cuidado maternal durante el primer año de vida de los bebés—, “potenciada por el discurso médico” y “la promoción estatal de la lactancia materna durante seis meses como alimento exclusivo”, según destaca una reciente investigación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar), a la que accedió Búsqueda.

Varias de estas “debilidades políticas” hacen que permanezcan “nudos críticos” que impiden el avance hacia una igualdad sustantiva de género en términos de distribución de cuidados y de oportunidades laborales, afirmó la socióloga Valentina Perrotta, autora de la investigación Las licencias parentales y la corresponsabilidad de género en Uruguay: las políticas, las prácticas y los mandatos de género en tensión (2021), que forma parte de su tesis doctoral.

En diálogo con Búsqueda, Perrotta sostuvo que más allá de los pasos dados por Uruguay con el sistema de cuidados, en los hechos las mujeres siguen siendo las que más acortan su jornada laboral y que en su inmensa mayoría toman las licencias, lo cual reduce sus ingresos y sus posibilidades de ascenso laboral.

De hecho, el 44% de las mujeres reduce su horario de trabajo y el 14% deja el empleo al terminar sus licencias parentales. Entre quienes reducen su horario laboral luego de la licencia, hay una mayoría de mujeres con nivel educativo alto, que tienen mejores condiciones para negociar sus situaciones laborales. De todos modos, lo hacen perdiendo ingresos. Entre las que abandonan sus trabajos, hay mayor incidencia de mujeres con nivel educativo o socioeconómico bajo, que tienen menos posibilidades de negociar su jornada laboral y terminan renunciando.

La crisis por el Covid-19 reafirmó la centralidad de los cuidados en las mujeres. Mientras algunas actividades pararon o disminuyeron, la pandemia aumentó exponencialmente el cuidado y el trabajo doméstico, además del teletrabajo, por las medidas de confinamiento y distanciamiento social, apuntó la experta.

El cuidado es “un derecho universal” y también es un trabajo que implica estados afectivos y costos personales, ya que ocupa tiempo y exige un esfuerzo físico. A su vez, genera una “contribución esencial” para la producción económica, el desarrollo y el bienestar social.

Y las licencias parentales son políticas de regulación de tiempo para proteger la seguridad de los ingresos de los trabajadores en lapsos destinados a los cuidados. Según Perrotta, “impactan en la corresponsabilidad cuando definen tiempos exclusivos, generosos y bien remunerados para los varones presionando para que también sean cuidadores primarios”.

La investigación combinó el método cuantitativo y cualitativo, e incluyó datos de la Encuesta de uso de licencias parentales y roles de género en el cuidado (2018) y del Reporte anual de la Red internacional de investigación sobre políticas de licencias (2020). El trabajo se enmarca en las líneas de investigación del Grupo Sociología de Género, del Departamento de Sociología de Ciencias Sociales, que coordina la profesora grado 5 Karina Batthyány, tutora de la tesis.

Los nórdicos a la cabeza

Las tendencias internacionales sobre las políticas de cuidados muestran “una consolidación del derecho de las madres” con sus licencias remuneradas y costeadas por la seguridad social. En cambio, existe una menor consolidación de este derecho en los padres.

La mayoría de los países de América Latina no cuentan con licencias por paternidad (el 61%) y, donde existen, las remuneradas suelen ser costeadas por los empleadores, no superan las dos semanas y su uso es voluntario.

Aún menos frecuentes son las licencias parentales. Solo tres países del continente cuentan con este derecho: Uruguay, Chile y Cuba. Tampoco suelen ser demandadas activamente por los padres y “en general surgen de movimientos feministas que consolidan estas iniciativas en partidos políticos que incorporan la igualdad de género” en sus programas de gobierno, explicó Perrotta.

Entre los países más avanzados en políticas de cuidados destacan Suecia, Noruega, Islandia, Finlandia, Alemania, Portugal y recientemente España. Al norte de Europa hay permisos de licencia más largos, pero al ser transferibles, los suelen usar las mujeres.

Francia e Italia reconocen las desigualdades, pero no logran impactar en la división sexual del trabajo y en los cambios en los roles de género en los cuidados, más allá de ofrecer incentivos “simbólicos” al uso paterno de las licencias parentales. Algo similar ocurre en Uruguay, Dinamarca, Reino Unido, Chile y Cuba, aunque no ofrecen incentivos. Y en “los sistemas tradicionales”, como Suiza y Brasil, no existen licencias paternales.

Cuidadores, no ayudantes ni  “turistas”

Uruguay se destaca por la ampliación de la licencia por maternidad a 14 semanas y así cumple con el objetivo mínimo establecido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El uso de esta licencia está consolidado en el país y recurren a él cuatro de cada 10 mujeres, que además suelen guardar sus licencias reglamentarias para emplearlas luego de la maternal.

No obstante, las licencias de cuidado en general son vistas socialmente como “un costo” en términos económicos, una mirada que ha complicado históricamente su extensión por ley.

Otra fortaleza del sistema uruguayo es la extensión a 13 días de la licencia paternal. Esto, pese a ser insuficiente, según Perrotta, coloca a Uruguay en un lugar destacado en la región. Su uso está extendido, aunque el 17% de los hombres no la usa, sobre todo en los sectores menos educados. Por otro lado, apenas tres de cada 10 varones recurre a la licencia reglamentaria luego de la paternal.

Uruguay también destaca por la instalación del “medio horario” como licencia parental. Esta política implica una equiparación legal del derecho al cuidado de padres y madres, sin jerarquizar el uso materno del derecho, y un reconocimiento legal de los padres como cuidadores a la par de las madres. Sin embargo, esta licencia está “subutilizada” por los hombres y su uso es casi totalmente femenino (98%), lo que implica una “disonancia importante” entre la política y la cultura, indicó Perrotta.

Para esta socióloga, la primera debilidad del sistema es la falla de diseño de la licencia parental al no definirse un tiempo exclusivo e intransferible de uso paterno. Al tiempo que “la principal barrera” es la coincidencia de la posibilidad del uso paterno con el período de lactancia materna. Así es que la mayoría de los hombres (el 72,1%) no toman esta licencia porque consideran que es necesario seguir el período de lactancia, y casi todas las mujeres (el 95%) la usan con ese fin. Entretanto, el 75% de la población opina que es una licencia “para las mujeres”.

Otra falla señalada es que esta política no articula con centros de cuidados al terminar la licencia, dado que en Uruguay no existen servicios extendidos de cuidado infantil para el primer año de vida.

Allí la autora remarca “un vacío de protección” institucional. “El Estado dice: ‘Te doy licencias hasta los seis meses y después hasta los dos años no te ofrezco un servicio gratuito y de calidad”, explicó.

Por otra lado, dijo, el Estado aprueba una normativa, pero luego “se desentiende” de cómo se aplica en el mercado laboral. Resultado: siete de cada 10 usuarias de licencias indican que tuvieron la misma carga de trabajo en la mitad del tiempo por cuidados. Una en cinco dice haberse visto perjudicada en sus posibilidades de ascenso laboral y casi la mitad cree que sumó trabajo a sus compañeros. Y una de cuatro también dice haber sufrido bromas o quejas en su entorno laboral.

La distribución de las responsabilidades de los cuidados sigue siendo desequilibrada y refuerza la desigualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Por esto, Perrotta estimó “imperiosa” una mejora del diseño estatal en lo relacionado con el cuidado, la crianza y lo laboral. La socióloga planteó que la inversión en políticas de cuidados, además de contribuir al bienestar de las personas, permite la creación directa e indirecta de empleo de calidad y facilita la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, lo cual supone un retorno en ingresos para el Estado vía impuestos y cotizaciones, y una mayor renta para las familias.

“Cuando los hombres no son solo cuidadores secundarios, ayudantes o ‘turistas’, sino que valoran las exigencias de este trabajo, se apropian del derecho de licencia por paternidad, empatizan con sus parejas, internalizan el rol de cuidadores y modifican sus empleos para cuidar, se robustece la sociedad y el cuidado se normaliza como una forma viable y confiable en ámbitos familiares y laborales”, afirmó.

Contratapa
2021-04-28T20:39:00