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En el Uruguay cuesta mucho pensar en “el pasado mañana”. A lo sumo nos quedamos en el mañana, en especial cuando se trata de alguna realización material que sirva para mejorar las cosas del presente, del hoy. Ejemplos al respecto hay una infinidad y se pueden enumerar largamente. Nos cuesta mucho mirar a lo lejos, por encima del horizonte, sin considerar que las obras deben hacerse con una proyección de futuro y con previsiones de largo aliento, que sirvan para las generaciones que nos sucederán.
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Hasta hace poquito más de diez años, la sede del Banco de la República en la capital de Maldonado era un antiguo edificio que perduró mucho más de lo debido en tal función. Por fin, el Directorio respectivo a su debido tiempo, tal vez luego de muchas cavilaciones, resolvió derruirlo y construir en el mismo predio un nuevo edificio que, después de algunos variados problemas que dilataron con exceso su habilitación, se abrió al uso público. Con la modernidad de algo nuevo desde luego. Pero…
Los “peros” son varios. Empezando que se pensó y se proyectó a lo sumo “para mañana”, sin tomar en consideración un futuro que se venía venir, que estaba a la vuelta de la esquina. Porque el proceso del crecimiento de Maldonado (ciudad o departamento) en lo poblacional, en lo comercial o en lo económico y financiero, es una realidad incontrastable de varios años a esta parte. Porque además Maldonado hay que admitirlo como una población colectiva que va por lo menos de Punta Ballena a Manantiales y que en tal aspecto, configura el segundo agrupamiento colectivo del país después de Montevideo.
La consecuencia más visible y notoria es que el nuevo local matriz fernandino del BROU ha quedado muy chico, muy empequeñecido ante el requerimiento de un público cada vez más numeroso que sufre incomodidades propias de un edificio, que no fue proyectado con la amplitud necesaria para cumplir con un servicio importante como lo requiere la principal institución bancaria del país.
Es posible que su funcionariado se desenvuelva con holgura y agrado pero podemos asegurar que el público no disfruta de comodidades mínimas ni placer que lo invite a llegar con una sonrisa a desarrollar su actividad bancaria. Porque para determinadas gestiones o debe armarse de mucha paciencia o afrontar a veces largas colas de pie y por muchos minutos según su suerte. Nada tiene que ver en el caso la atención de los funcionarios que nunca han dejado de mostrar su mejor buena voluntad y disposiciones para atender y resolver los planteos de los clientes. Lo que sí tiene que ver es que el edificio fue hecho para “ayer”. Y eso lo sufre el público.
Es evidente que las propias autoridades del BROU han tomado clara conciencia de que la agencia central fernandina se quedó en el tiempo y la consecuencia ha sido que el banco oportunamente apeló a la apertura de otros locales complementarios como los instalados en el Campus Municipal o posteriormente en el Shopping. Pero el gran “déficit” capitalino de la ciudad fernandina, sigue latente. Con el agregado de la falta de estacionamientos adecuados o de la existencia de cajeros automáticos en zonas bastante alejadas de la casa central que obligan a largos y engorrosos traslados.
¿Soluciones? Debe haberlas. Hay que estudiarlas y resolverlas. Y aplicarlas. Sin mucha tardanza, si fuera posible.