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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Fondes y la autogestión obrera. Las recientes declaraciones en torno al papel del Fondes como instrumento de desarrollo han provocado que en diversos medios de prensa se generara —más o menos artificialmente— una polémica entre los diferentes enfoques dentro del Frente Amplio. Supuestamente, la nueva administración del presidente Vázquez apuntaría a redefinir institucionalmente el Fondes, con énfasis en la necesidad de asegurar el financiamiento a proyectos productivos viables; luego de las declaraciones de Astori, el PIT-CNT reaccionó relativizando el requerimiento indispensable de la rentabilidad como condición para acceder al crédito. No es mi propósito discutir las palabras de unos y otros. Está claro que para cualquier empresa que se inserte en la dinámica capitalista, aquella condición es sinónimo de viabilidad y sostenibilidad. Los recursos públicos deben cuidarse y servir al desarrollo nacional, eso es obvio; sin embargo, el análisis clásico de la tasa de retorno y el valor actual neto debería combinarse con otras variables significativas a la hora de apoyar determinados emprendimientos económicos. Sobre todo si se trata de empresas recuperadas por los trabajadores o incluso por iniciativas autogestionarias que parten de diferentes grupos sociales.
La autogestión obrera ha demostrado, y no solo en Uruguay, la pertinencia, conveniencia y consistencia de los proyectos empresariales que no se manejan con los mismos criterios de maximizar la ganancia a costa del salario. Todo lo contrario; las empresas de autogestión asumen conscientemente otros valores y criterios económico-financieros que son la antítesis de las empresas capitalistas. Porque son los trabajadores quienes deciden cómo y cuánto producir, cómo y cuánto remunerar, cómo y cuánto invertir, cómo y cuánto distribuir. Son muchas las unidades productivas autogestionarias aquí, en la región y en el mundo que han venido a demostrar su viabilidad aun en contextos nada favorables, en desventaja y en régimen de competencia imperfecta.
La autogestión es la modalidad que muchas unidades productivas asumieron ante la defección y el fracaso de los empresarios capitalistas, motivados estos mayormente por el afán de lucro e incentivados para aumentar sus márgenes de ganancia. La racionalidad capitalista es esa y punto. La racionalidad de la autogestión es otra y para nada supone el descuido de las variables que han hecho y hacen de las unidades productivas empresas exitosas en el mejor sentido del término.
La autogestión obrera, si se quiere, representa y plasma materialmente un paradigma, un modelo de entender y concebir las relaciones de producción en una sociedad determinada. El Fondes no debería perder su objetivo fundamental y esencial, esto es, de privilegiar este tipo de modalidades autogestionarias por encima de las otras, más si se precia el actual gobierno de su condición de popular y de izquierda.
Prof. Christian Adel Mirza