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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSeguramente la gran mayoría de los uruguayos, apoyen en forma entusiasta que el país, junto a Argentina, organicen la Copa FIFA del Mundial 2030.
Tal vez el debate de la conveniencia pueda plantearse en el esfuerzo económico que el Estado —fundamentalmente— deba realizar en obras, infraestructura, comunicaciones, etc. Y que las mismas, en caso de hacerse, además de no suponer un costo excesivo, sean de posterior utilidad y beneficio de la sociedad, terminado el evento deportivo.
Recientemente se ha sumado a esta iniciativa, por lo menos según información periodística, la posibilidad de que Paraguay también participe de la organización.
Las voces mayoritarias localmente, se oponen al parecer a dicha posibilidad. ¿Cuál es el problema de que nuestros hermanos paraguayos sean parte de la fiesta del fútbol?
¿Desluce acaso el papel de Uruguay? ¿Empaña el festejo por el centenario del Mundial de 1930? ¿No podría ser Asunción, por ejemplo, sede de algunos partidos iniciales?
Desde ya que la final del campeonato debería ser en Montevideo.
¿Por qué no permitir que nuestros hermanos paraguayos compartan la Fiesta? Ni ellos ni nosotros jamás podríamos solos encarar semejante desafío.
Salvando obvias distancias, ya que en definitiva más allá de su trascendencia internacional se trata de un torneo deportivo, deberíamos recordar que fue paraguay la patria que nuestro prócer eligió para vivir y morir.
Y de paso también podríamos acordarnos del triste papel que arrastrados sin causa, jugamos en la infame Guerra de la Triple Alianza. Gestos de humanidad y amistad, siempre son bienvenidos, y ayudan a restañar viejas heridas, aunque hoy felizmente queden solo cicatrices. Y esta, aunque sea en la esfera del deporte, sería una actitud de grandeza y generosidad que afianzaría aún más nuestros vínculos.
C.A.
CI 1.310.044-5