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    El Pacto del Club Naval

    Sr. Director:

    El 3 de agosto se cumplieron 29 años del Pacto del Club Naval.

    Veintinueve años son los que el Partido Nacional ha establecido como edad límite para integrar los cuadros de la juventud. Cumplidos los 29, se entra en la adultez.

    Quienes hoy ingresan a la adultez nacieron con el Pacto del Club Naval. ¿Cuánto es eso? (29 años) en tiempo generacional? ¿Una generación? ¿Dos generaciones?

    El Partido Nacional no participó del Pacto. No quiso participar, se negó.

    Un Partido Blanco que nació con la Patria misma, que antes de llamarse así acompañó a Artigas en la Redota, que tuvo en Lavalleja, Oribe y sus 33 al frente de la Liberación de la Patria, el mismo Oribe que con su divisa Defensores de las Leyes sitió a los invasores en Montevideo, el partido que sucumbió con Leandro Gómez en la Defensa de Paysandú, el partido que fue alcanzado junto a Saravia por una bala en Masoller, el partido que murió abrazado a las urnas en la Plaza Matriz con Lavanderia, el partido que junto a Herrera impidiera el asentamiento de ejércitos extranjeros en nuestro territorio, ese partido entendió que el Pacto del Club Naval significaba una derrota para la libertad, un acuerdo innecesario, para una situación que se había resuelto con el “No” de 1980, que se hacía incomprensible después del Acto del Obelisco y su “Proclama” en 1983.

    Significaba además desconocer la lucha de un pueblo, acordando temerosamente un cambio en paz.

    En el Pacto del Club Naval se repartieron, convenientemente, distintos botines: el gobierno de facto logró una retirada ordenada y sin costos, al Partido Colorado le correspondió el gobierno, el Frente Amplio (PDC) pudo volver a la escena, a medias pero volver, la Unión Cívica consiguió un posicionamiento político que en la urnas no le fue posible ni antes, ni después.

    Al Partido Nacional le correspondió la derrota: se le prohibió ser candidato a Wilson y para asegurarse que no participara en la campaña electoral, se lo encarceló e incluso se lo incomunicó. Así de importante, así de grande era la figura de Wilson y así el temor que infundía a sus adversarios.

    El cambio en paz dio seguridad a los militares y la gente se sintió aliviada. La amnistía general e irrestricta propuesta por Wilson y sancionada en el primer año de gobierno sirvió de bálsamo para atenuar heridas. Entonces algunos empezaron a recordar la Proclama del Obelisco y otros a olvidar o desconocer lo pactado. Se comenzó a intentar reclamar justicia, la misma justicia que se había acordado no invocar, la situación comenzó a tensarse, el general Medina, comandante en jefe del Ejercito y ministro de Defensa del gobierno electo, se negaba a permitir que los militares citados por la Justicia concurrieran a los juzgados. El vicepresidente, Dr. Tarigo, anunciaba que en el cajón del escritorio de su despacho guardaba un revólver para, al igual que Baltasar Brum, utilizarlo si caía la democracia.

    El Pacto del Club Naval había diluido los resultados del plebiscito del 80 y el “Río de Libertad” que apoyó la “Proclama del Obelisco”. El país se encontraba, otra vez, en una situación crítica y peligraba la institucionalidad.

    Si se respetaba el Pacto del Club Naval, se desobedecía la ley. Si no se respetaba el Pacto del Club Naval, las consecuencias eran muy claras u oscuras.

    Se propusieron varias soluciones. La más recordada es la del Frente Amplio, planteando una solución que ellos no votarían en el Parlamento pero que se comprometían a no criticar duramente. Así lo transmitió el general Seregni. Ponían la idea, la votaban blancos y colorados, y ellos se comprometían a no ser muy críticos.

    El Partido Colorado no tenía la capacidad legislativa por sí mismo para resolver el tema.

    El Frente Amplio quería que se resolviera como estaba acordado, pero no podía votarlo.

    El país en una encrucijada.

    Los militares, fortalecidos y desconformes, esperaban contenidos por el general Medina.

    Como lo manda la historia, allí, en ese difícil trance, el Partido Nacional guiado por Wilson, en contra de sus intereses partidarios, asumiendo un costo interno muy importante, sin medir consecuencias o anteponiendo las consecuencias del peligro que acechaba a la Nación, frente a los intereses legítimos propios, reconociendo lo que la historia señala, que los intereses del país son los intereses de los blancos y honrando esto, elaboró la “ley de caducidad”, una de las peores leyes de la historia del país, pero que aseguró la gobernabilidad y dio paso a estos 28 años de democracia.

    Uno de los baldones más importantes de la historia del país, el Pacto del Club Naval, aún continúa provocando a la sociedad uruguaya ardor en las heridas que quedan sin cicatrizar.

    Marcelo Linale

    CI 3.643.318-4

    Fray Bentos (Río Negro)

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