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    El Pinar perdió en 70 años 400 metros de costa; desembocadura del Pando se corrió 1.200 metros

    Hace 20 años una mujer compró dos predios en Neptunia, cerca de la desembocadura del arroyo Pando, y construyó su vivienda sobre el terreno que se encontraba más alejado de la costa porque al otro lo quería utilizar como jardín. No había terminado de pagarlos que al terreno más cercano al mar lo había tapado el agua y ahora del edificado queda una tercera parte.

    “Las desembocaduras de los arroyos son ambientes muy frágiles”, en las que permanentemente se producen cambios; allí las modificaciones en la circulación de la arena se ven “claramente magnificadas” y hay “erosión y migración” que producen cambios en el cauce y la playa contigua, explicó Ofelia Gutiérrez, profesora asistente del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias, durante su disertación en el Congreso Latinoamericano de Ciencias del Mar (Colacmar 2013) que se realizó en octubre en Punta del Este.

    La movilidad que tienen las zonas de desembocadura presiona sobre la estabilidad que pretende tener una ciudad. Ese es el caso del arroyo Pando y el arroyo Carrasco, que desembocan en el Río de la Plata y que están rodeados por zonas residenciales en Canelones y Montevideo.

    Gutiérrez, Daniel Panario, Mario Bidegain y Carlos Montes analizaron los cambios ocurridos en la desembocadura de esos dos arroyos desde 1928 hasta el presente, en la investigación titulada “Relaciones entre el ciclo de la arena y el comportamiento de las desembocaduras, un proceso descuidado”.

    Erosión.

    En el caso de la desembocadura del arroyo Carrasco, a lo largo de los años la playa ha crecido como consecuencia del drenaje de los bañados, una obra que se realizó en 1970.

    La que sufre un proceso de erosión y está en problemas es la desembocadura del arroyo Pando, con El Pinar de un lado y Neptunia del otro. Neptunia “prácticamente está desapareciendo como frente marítimo”, porque el arroyo se ha ido corriendo y la zona erosionando, “queda muy poco”, dijo Gutiérrez a Búsqueda.

    En la zona de El Pinar las autoridades permitieron durante años extraer arena para obras de vialidad. Hasta tal punto llegó la extracción que afloró la napa freática —la capa de agua ubicada por debajo del suelo—. La formación de dunas (una zona de superficie rugosa) hacía que la energía del viento se perdiera, pero eso se terminó cuando desapareció el cordón dunar. Según Gutierrez, hoy cada vez que hay viento se forman lenguas de arena que se meten dentro del arroyo, esto empuja el canal hacia atrás y produce la erosión de Neptunia.

    El estudio incluye el análisis de imágenes y mapas desde el año 1928 hasta la actualidad. En este período el arroyo Pando cambió su curso con una diferencia de distancia de 1.200 metros entre el registro más antiguo (1928) y el más reciente (2002). Además, la línea de la costa retrocedió 400 metros desde 1928 hasta hoy. En los últimos 42 años —desde que se forestó El Pinar y se modificó el paisaje— la zona perdió un total de 2,6 millones de metros cúbicos de arena. Esta arena circulaba entre el arroyo y la playa y se perdió debido a la forestación y la urbanización.

    Debido a esta tendencia de retroceso acelerado de la línea de la costa, sumado al aumento del nivel del mar, la construcción de la doble vía de la rambla hasta El Pinar fue un error, dijo a Búsqueda Daniel Panario, director del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

    Medidas.

    Hace casi una década los científicos plantearon a la Intendencia de Canelones propuestas de trabajo para revertir los procesos de deterioro, pero muy pocas fueron tomadas en cuenta.

    “De todas las medidas que planteamos para la desembocadura del arroyo Pando, solo tomaron una, que fue la reconstrucción de dunas en Neptunia”, comentó Panario.

    Quedó de lado el planteo de detener la arena que entra desde la margen del Pinar hacia adentro del arroyo en un sector muy chico. La lengua de arena desvía el canal y del lado de Neptunia se forma una ola de unos 20 centímetros que genera medio metro de retroceso de costa todos los años. “Esta ola es fácil de parar y hay que hacerlo. Se hace con diques flotantes de hormigón, la ola llega y no consigue levantar este muelle. El proceso es casi irreversible y la única solución son estas medidas más duras”, explicó Panario. Se podría hacer con tanques de unos 200 litros con arena adentro y unidos entre sí.

    “Nuestra propuesta es reconstruir la barra con estructuras blandas como tablas, ramas y mallas sombra que juntan arena” y evitar las estructuras rígidas como los espigones, explicó Gutiérrez.

    Mala idea.

    La metodología sería algo similar al trabajo que se está haciendo con malla sombra en las playas de Montevideo que permite la acumulación de arena. De todos modos, en el caso de la capital hay algunas soluciones que no son adecuadas, según los técnicos.

    “Las diseñaron así en Pocitos pero después les plantaron acacias, que forma suelo. La idea es retener arena, no fijar y formar suelo. Si vamos a este extremo surgen otros problemas”, comentó Gutierrez.

    Para que un sistema sea “resiliente” —capaz de afrontar adversidades— tiene que poder moverse y correrse para atrás o adelante, pero si se forma suelo sobre la arena, pierde la movilidad, “no puede correrse hacia atrás manteniendo su estructura y puede ser eliminado por tormentas en poco tiempo”, advirtió Panario.

    A la Intendencia de Montevideo le costaba U$S 10.000 por mes quitar la arena que volaba hacia la rambla desde las playas cuando había viento. La estrategia consistió entonces en frenar la salida de arena hacia la rambla lo cual, según Panario, es correcto. El error radica en la forma en que colocaron las barreras con tablas y hojas de palmera, para retener arena en playas como Ramírez y Pocitos. No tienen continuidad y están únicamente ubicadas en los lugares en donde había pérdidas.

    “En Malvín hicieron muy bien el trabajo cuando reconstruyeron el cordón dunar, pero después le plantaron acacias. Cuando se forma suelo tenemos un lugar para todas las ratas de Montevideo, porque pueden hacer cuevitas y además tienen alimentos”, advirtió Gutiérrez. “No son las medidas correctas; en Pocitos van camino a repetir lo mismo”.

    En Ramírez se colocaron hojas de palma para formar una barrera que evitara los escapes, pero al estar dispuestas en segmentos cortos en distintos lugares de la playa, no reconstruye el cordón dunar en su totalidad. “Hay que levantar la playa con barreras continuas, de manera tal que las tormentas no lleguen a la rambla, porque cuando llegan rebota la ola y se lleva toda la playa”, destacó Panario. “La playa es como una caja registradora de un almacenero, ¿cuánto entra y cuánto sale? Si está saliendo más arena de la que entra estás mal, tenés un problema”.

    Para los especialistas, que mediante un acuerdo con la Intendencia de Montevideo están estudiando su costa, lo correcto sería generar una duna continua con vegetación psamófila nativa compuesta por pequeños pastos que crecen en las arena para que la playa llegue a tener 2,5 metros de altura sobre el nivel del mar. Si se logra este nivel, aun durante tormentas el mar no llega. Hoy en algunos lugares hay 1,8 metros, por eso cuando hay tormentas el mar pega en la rambla y se lleva arena, explicaron los especialistas.

    Los investigadores analizan además, por iniciativa propia, la información de playas de Canelones en base a fotos digitalizadas sobre la línea de costa.