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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace mucho que ya era una leyenda en vida.
Se llamaba Edson Arantes do Nascimento. De chico ya lo llamaron Pelé.
Nació en el estado de Minas Gerais, en un pueblito llamado Tres Coraçoes.
Su infancia fue difícil, como la de muchos niños que comienzan a jugar al fútbol.
Pero, gracias a sus espléndidas condiciones, debutó en la primera del Santos poco antes de cumplir los 16 años.
Según se dice, el padre de Pelé vivió el maracanazo del 50, quedó anímicamente destruido y su hijo Edson (Pelé) le habría dicho entonces que él conseguiría un título mundial con Brasil. Vaya si cumplió Pelé…
Y a los 17 años ya estaba en la Selección verde-amarelha.
No comenzó siendo titular en el Mundial de Suecia de 1958, pero a los pocos partidos fue convocado junto con otro fenómeno llamado Manoel dos Santos (Garrincha). Brasil salió campeón del mundo por primera vez en Suecia y Pelé hizo goles en la final.
Su magia futbolística ya cautivaba a Brasil. A partir de Suecia su magia comienza a cautivar al mundo.
Pasó con el tiempo a ser llamado el Rey Pelé. Y más adelante sería “bautizado” también como “la perla negra”.
Nunca antes —y creo que nunca después— nadie fue ni será llamado “rey” en el fútbol.
Su carrera futbolística fue maravillosa.
Ganó varios campeonatos paulistas, estaduales con el Santos. Fue goleador varias veces.
Ganó copas Libertadores de América e Intercontinentales.
Las giras del Santos eran seguidas a los países a los cuales llegaban por multitudinario público.
¡Y hasta detuvo una guerra! ¡Se interrumpió una guerra en Nigeria cuando llegó Pelé a jugar!
Y por supuesto: la Selección brasileña de fútbol.
Ganó tres mundiales: 1958, 1962 (aunque en este último jugó poco porque se lesionó en los primeros partidos) y 1970.
¡Qué delantera aquella del Brasil de 1970 que vimos por TV!
También fueron célebres sus confrontaciones con equipos uruguayos, la Selección (Mundial de México en 1970 en semifinales) y con los grandes uruguayos, particularmente, los partidos con el gran equipo de Peñarol de la década de los 60.
Pelé, el de los más de mil goles. Mil cien, mil doscientos…
Pelé, el campeón. El genial futbolista considerado por muchos el mejor de todos los tiempos.
Pelé, uno de los deportistas más grandes de la historia del deporte.
Pelé, la magia. Pelé, el Rey.
Terminó su carrera futbolística en los EE.UU. Logró llevar el fútbol a un país no futbolero.
Se retiró allí por 1976 pero siempre siguió vinculado al fútbol, además de otras actividades desempeñadas.
Llegó a ser ministro de Deportes incluso.
Y finalmente, a los 82 años, luego de una larga enfermedad, Pelé se fue de este mundo terrenal.
Sabíamos, especialmente en los últimos tiempos, que esto podía pasar. Pelé era mortal…
De todos modos, nos dio pena, mucha pena, su desaparición física. Tristeza não tem fim…
Pero la leyenda —ya era leyenda hace muchísimo tiempo— continúa y continuará para siempre.
Seguramente le será reservado un rincón en el cielo para que Pelé siga jugando al fútbol y haciendo magia…
Fue el mejor embajador que tuvo Brasil.
¡Salve, Edson Arantes do Nascimento, Pelé! El Rey.
No habrá otro igual.
¡Que descanse en paz!
Lic. Rafael Winter (Montevideo)