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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNací y viví mi primer infancia justo al lado de la Sociedad Unión de San Carlos, cuyo teatro ha sido reacondicionado y puesto a funcionar nuevamente por estos días. La “Union” es parte de todos mis recuerdos, de mi primer ida al cine, de mis primeras salidas nocturnas a sus imponentes galas bailables cuando apenas tenía 6 o 7 años. Su reapertura me llena de alegría, porque su decadencia me provocaba mucha pena. Pena por el deterioro de sus magnificas instalaciones pero sobre todo por ser espejo del declive de una sociedad carolina de cuya pujante historia solo nos iban quedando algunos retazos.
El Teatro de la Sociedad Unión fue íntegramente construido en la década del 1920 con aportes libres y voluntarios de vecinos de la ciudad. Personas que honrando su amor por las artes nos dieron a los carolinos todos, una sala teatral magnífica, un cine pionero, un imponente centro de reunión, una biblioteca (justo decir, una de las muchas que la iniciativa privada nos regalaba entonces). Fue fruto del deseo y el esfuerzo de verdaderos filántropos que con su dinero nos beneficiaron a todos.
Por la Unión pasaron decenas de artistas de las más variadas disciplinas, seguramente muchos más que aquellos que promediando el fin del siglo XIX fundaron la Sociedad Progreso Carolino y se lanzaron a la construcción de un muy modesto Teatro Progreso hayan imaginado jamás. A ellos, a los que impulsaron, financiaron y construyeron el Teatro Unión, a quienes con verdadera solidaridad (la que es libre, voluntaria y se paga del bolsillo propio) nos dieron a todos tantas alegrías, vaya mi reconocimiento y agradecimiento sincero.
Hoy San Carlos vuelve a tener al Teatro Unión recuperado y abierto, y volvemos a tener la oportunidad de aprovechar aquello que nos legaron.
Y pese a la alegría no puedo pasar por alto que lo que una vez fue obra titánica financiada voluntariamente por privados hoy solo pudo ser reabierto gracias a la exacción compulsiva de recursos por la vía de impuestos. Su restauración la hemos pagado todos, los que aman al teatro y los que no, los que irán alguna vez a sus funciones, y los que no podrán ir jamás. Los que consideran importante que San Carlos cuente con un teatro, los que prefieren el fútbol, los que tienen interés, los que ni siquiera pasaran por la puerta. No puedo pasar por alto que la filantropía ha dado paso al saqueo. Y que aquello era solidaridad pero esto es robo. Aquello era progreso, unión, sociedad. Esto es imposición de las voluntades de algunos por encima de las preferencias y necesidades de otros.
Celebremos el retorno del Teatro Unión. Pero no dejemos que la alegría nos impida meditar sobre la clase de país que estamos construyendo.
Porque si no vemos diferencia entre aquel país que hizo posible la Sociedad Unión y éste que apenas hace posible una restauración pagada con impuestos estamos condenados.
Gustavo Hernández Baratta