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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¡Los niños, ante todo son niños, todos y siempre niños! En ejemplar de El Observador (16 de abril próximo pasado) aparece un artículo con autoría del señor Fabián Cambiaso titulado “El oficialismo trae el pasado a la agenda y disputa relato del FA”, allí, entre algunos aspectos políticos, hace referencias al acto conmemorativo por los 50 años del infausto 14 de abril de 1972 en “Homenaje a los caídos en defensa de las instituciones democráticas” , cumplido en la Plaza de la Democracia.
Al respecto, las siguientes líneas estarán centradas exclusivamente en un corto análisis del uso que el columnista en el contenido de su artículo, da al participio “colocado”.
En efecto, sorpresa con disgusto experimenté al leer: “Mi abuelo es un héroe”, “mi abuelo no es una ‘mochila’, es un soldado uruguayo”, decían los carteles que portaban varios niños colocados cerca del estrado”. Sobre tales expresiones, me permito aquí –justificando la observación para que el eventual lector compare– reformularlas expresándolas de esta otra manera: “Decían los carteles colocados cerca del estrado, que portaban varios niños” (Las negritas me pertenecen). Vemos pues cómo en la información que se insinúa transmitir, se pueden invertir sustancialmente los sujetos en ambas frases sustituyendo o alterando su cabal sentido.
Al margen de sentirme muy distante de conocer medianamente el riquísimo idioma español del que somos felizmente depositarios y herederos, me atrevo a señalar que, la palabra citada y empleada en tal entorno lingüístico ofrece un alcance interpretativo categóricamente diferente al calificarse a personas u objetos –como es este caso de niños o carteles respectivamente– en forma indistinta por parte del articulista, quien toma los primeros nombrados cual macetas o floreros instalados en un sitio físico.
Partiendo de la simplísima aseveración de que cualquier persona motivada a escribir con pretensiones que su trabajo llegue limpio y sin ruidos al destinatario, ha cuidado cada oración, palabra, así como puntos y comas (asegurándose ofrecer una percepción tersa en sus expresiones para ahuyentar la mayor cantidad de dudas al receptor), podemos preguntarnos: ¿qué otros resultados deberíamos aguardar en el proceder de un profesional que ejerce la función periodística con toda la responsabilidad –fundamentalmente ética– que ello implica? Sí, sin titubeo esperaríamos –como consumidores– un ejercicio de su actividad donde se destaque la minuciosidad, la certeza, una máxima objetividad, así como una elemental cuota de humanidad y delicadeza, ¡todas cualidades combinadas con la única y absoluta ausencia de animosidad! ¿Acaso exagero?
En definitiva, el señor Cambiaso se refirió al grupo de niños presentes en la plaza que, bloqueados psicológicamente por una delicada situación familiar que les toca estar viviendo y soportando, blandían carteles alusivos manifestando su ingenua, sana y humana aspiración a reencontrarse lo más pronto posible con sus ancianos abuelos militares, policiales o civiles, hoy todavía vivos pero presos. No obstante esto, su condición presencial en el acto, que al inicio citamos, fue desacreditada con la lamentable ubicación de una sola palabra en el contexto de una frase. ¡Qué poder escondido puede llegar a poseer nuestro lenguaje cuando intencionalmente se quiere usar para el bien o para el mal!
Por último señalo: la expresión –de la que nos hemos ocupado aquí– no ha sido producto del simple o ingenuo error del autor, su profesionalismo, lejos de eximirlo debió comprometerlo a una precisión expresiva con otra sensibilidad al referirse a seres humanos.
Por ello lo del inicio: ¡los niños, ante todo son niños, todos y siempre niños!
Coronel Carlos O. Angelero