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    El año 2020

    Sr. Director:

    “Y mientras cruzaba el umbral de la puerta hacia la reja que me conduciría hacia mi libertad, supe que si no dejaba atrás mi amargura y mi odio, seguiría encarcelado”. Nelson Mandela

    En estas épocas, es común sentarnos a evaluar lo que fue pasando durante el año que termina y también proyectar lo que vendrá el año que viene. Uno de los propósitos más importantes, seguramente, será potenciar cada vez más nuestro bienestar.Los seres humanos compartimos con el resto de los animales la capacidad de adaptarnos a los diferentes cambios que van ocurriendo a nuestro alrededor. Uno de los mecanismos que lo permite es la llamada habituación, que consiste en la disminución de una respuesta ante la presencia repetida de un determinado estímulo. Una situación que experimentamos frecuentemente, por ejemplo, es el acostumbramiento a sonidos molestos. Si en el lugar de trabajo nuestra computadora comienza a hacer ruido, nos va a fastidiar al principio, pero luego de un tiempo probablemente no solo nos deja de causar molestias, sino que incluso lo dejamos de percibir (Manes, Facundo, https://www.facebook.com/facundomanes/).

    La habituación representa una de las formas más elementales de aprendizaje. Se basa en asimilar que un estímulo no es importante porque no tiene consecuencias que necesiten consideración. Nos permite enfocarnos eliminando las respuestas a elementos irrelevantes del medio. Se seguirá generando una respuesta ante los cambios novedosos producidos por otros estímulos. Diversos estudios de la psicología cognitiva han desarrollado investigaciones sobre el mecanismo de habituación a nivel psicológico. En este campo se conoce como efecto de habituación a los cambios en el estado de ánimo producto de la acción compensadora que genera nuestro organismo para recuperar cierto equilibrio frente a novedades que ocurren en el contexto. Y, de esa manera, podemos volver a sentirnos cómodos hasta reaccionar nuevamente cuando sucedan cambios significativos. Quizás nos venga bien un período estable para no habituarnos tanto y prestarle suficiente atención. O, si la paz no llega, saber forzar los ojos para mirar con extrañeza (Manes, Facundo https://www.facebook.com/facundomanes/).

    Algunas de las claves para construir una vida plena se vinculan con la posibilidad de utilizar nuestras propias fortalezas para lograr estar satisfechos. Las fortalezas de carácter son rasgos positivos que, en mayor o menor medida, todos tenemos: bondad, gratitud, amor, integridad, curiosidad, valentía, generosidad.

    Sin empatía y reflexión crítica, no vamos a poder ver más allá de nuestros sesgos y seguiremos pensando que nosotros tenemos razón mientras el resto está equivocado. Para poder dialogar con alguien que creemos que piensa y siente distinto a nosotros, tenemos que esforzarnos, dejar de lado el prejuicio y tolerar cierta incomodidad emocional. ¿Vale la pena ese esfuerzo por tratar de mirar las cosas también a través de otros cristales? (Manes, Facundo, https://www.facebook.com/facundomanes/).

    “Todas las personas quieren y necesitan confiar en los demás para vivir. La confianza es condición para la construcción de una verdadera comunidad. No existe la posibilidad de desarrollo social sostenido sin la confianza en el otro” (Manes, Facundo, https://www.facebook.com/facundomanes/).

    “El cerebro altruista”. “Por muy egoísta que pensemos que es el hombre, existen algunos principios en su naturaleza que le llevan a preocuparse por la fortuna de los otros, haciendo de la felicidad de los demás algo necesario para él, aunque de ello no obtenga nada excepto el placer de contemplarla”. (Adam Smith, año 1759)

    El altruismo se refiere a aquellas conductas que promueven el bienestar de los demás sin una retribución o un beneficio personal (Manes, Facundo, y Niro, Mateo, 2014. Usar el cerebro. Editorial Planeta S. A., 1ª ed., p. 322).Puede ser observada en muchas especies, tan diferentes como las abejas, aves y mamíferos. En los seres humanos las conductas altruistas son más complejas. Investigadores de la Universidad de Duke encontraron una asociación entre el altruismo y áreas cerebrales involucradas en la capacidad de percibir como valiosas las acciones de los otros. Los científicos observaron la activación cerebral que da cuenta que ayudar resulta placentero. Ser generoso, por ejemplo, produce una sensación de bienestar ya que activa un circuito neuronal asociado al placer y la recompensa, además de activar diferentes químicos ligados a la felicidad. Tener conductas benéficas y solidarias involucra regiones del cerebro relacionadas con el circuito que se enciende ante las gratificaciones naturales de supervivencia básica (como la comida) y otras más complejas. Y lo más importante es que, como un círculo virtuoso, además de impactar en el favor propio, esto redunda en el bienestar de todos.

    Somos solidarios por naturaleza, cientos de ejemplos en la naturaleza evidencian que el sistema nervioso de una gran parte del reino animal (hormigas, abejas, aves, gorilas, etc.) es propenso a la cooperación (Manes, Facundo, y Niro, Mateo, 2014. Op. cit., p. 325). Las bases biológicas que sustentan las conductas cooperativas son filogenéticamente muy antiguas y han sido el valor agregado para la supervivencia de las especies. Si podemos cooperar es porque tenemos un cerebro que lo permite hacer (Manes, Facundo, y Niro, Mateo, 2014. Op. cit., p. 326). Además, cooperar con las personas, hace que los demás perciban a quien lo hace como más atractivo, y también se activan áreas del cerebro asociadas a la recompensa y al placer (Manes, Facundo, y Niro, Mateo, 2014. Op. cit., p. 326).

    La cooperación establece alianzas fundamentales con otras habilidades humanas como la creatividad y la capacidad de organización. Solo de esta manera se puede lograr un eficaz sistema de cooperación de gran alcance (Manes, Facundo, y Niro, Mateo, 2014. Op. cit., p. 329).

    ii.“Para que el futuro tenga sentido”.El carácter de solidaridad es inmanente a los seres humanos, ya que somos seres propensos al bien común. En las grandes sociedades como las que vivimos, la cooperación puede ser directa (a nuestro semejante próximo) y mediada a través de las instituciones.

    También se sabe que a la cooperación hay que ayudarla. Por tanto, es imprescindible que la cooperación directa de cada uno de nosotros sea permanente y que las instituciones y sus integrantes (políticos, comunicadores, otros referentes) la refuercen y den el ejemplo.

    Jamil Zaki, director del Laboratorio de Neurociencia Social de la Universidad de Stanford, sostiene: “estamos convencidos de que, en realidades fracturadas como la que nos toca vivir hoy, la empatía es –y será cada vez más– la clave. Si alcanzamos a desarrollar de manera creciente nuestra experiencia empática para con nuestra comunidad, es probable que lleguemos a comprender lo que piensa el otro, sentir lo que siente el otro y, así, convivir más pacíficamente. Pensar una comunidad es pensar en esto. Construir un país es practicarlo”.

    “Hoy sabemos que los humanos son actores morales, están guiados por intuiciones acerca de la autoridad, la tribu, y la pureza; están comprometidos con creencias sagradas que expresan su identidad y están impulsados por inclinaciones contradictorias hacia la venganza y la reconciliación. Estamos empezando a entender por qué evolucionan esos impulsos, cómo se implementan en el cerebro, cómo difieren entre individuos, culturas y subculturas, y qué condiciones las activan y los desactivan” (Pinker, Steven, 2019. En defensa de la ilustración. Editorial Planeta S. A., p. 494).

    “¿Qué sucedería si todo el mundo supiera que las estrategias violentas no solo son inmorales, sino también ineficaces?”

    “¿Qué ocurriría a la larga si un currículo universitario estándar prestara menos atención a las obras de Karl Marx y más a los análisis cuantitativos de la violencia política?” (Pinker, Steven, 2019. Op. cit., p. 492).

    Rafael Rubio

    CI 1.267.677-8