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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLeo en la edición de Búsqueda del día jueves 5 de enero corriente dos misivas referidas en realidad al mismo tema, que me he tomado la libertad de titular “Laicismo, laicidad y otras yerbas”.
A raíz de que nuestro cardenal Sturla —con quien tengo algunas discrepancias— ha estado pisando fuerte sobre la presencia (o relativa ausencia) del catolicismo en nuestro país, entre otras cosas fomentando la colocación de una imagen de la Virgen en la Rambla, más o menos frente al actual Museo del Arma de Ingenieros (ex Aduana de Oribe) se han ido sucediendo opiniones al respecto, en general contrarias a la idea, lo que en su momento originó una carta mía a ese Semanario.
Opiniones que, en general, han provenido de personas de origen batllista, no tanto de personalidades vinculadas a la “izquierda” marxista. Puede haber habido algunas, que yo no haya leído o no recuerde, pero en general son cartas de personas vinculadas al batllismo. Por lo menos así lo interpreto.
Que si el cardenal Sturla ha hecho bien, regular o mal, que el laicismo, que la laicidad, y un largo etcétera.
Parece que hemos entrado en el túnel del tiempo y nos hemos retrotraído cien años.
Me parece que el asunto no pasa por las teorías del laicismo, la laicidad o semejantes. Cada vez que he escrito una carta a este semanario he procurado ser respetuoso, no solo con la publicación que gratuitamente nos brinda un espacio para expresarnos, sino también con los posibles destinatarios. No voy a dejar ese estilo por el camino. Pero a las cosas hay que llamarlas como se llaman, y como reza el dicho, no decir “gregré si se quiere decir Gregorio”.
Esto no se trata de laicismo, ni de laicidad ni de profundos conceptos teóricos. La realidad es muy otra y muy simple.
Siguen existiendo —pocas pero existen— personas a quienes les molesta mucho la Iglesia católica, no solo les resulta indiferente, sino que les molesta como les molestaba hace cien años. Haya hecho bien, mal o regular el cardenal Sturla, les molesta. No lo digo yo, lo dijo ya José Enrique Rodó cuando se refirió al liberalismo y al jacobinismo. De manera que no hay nada nuevo bajo el sol.
Estimo que en lugar de sumergirnos en conceptos como laicismo o laicidad, lo mejor sería que se dijeran las cosas como son: a algunos uruguayos, repito, pocos, pero que existen, el anticlericalismo (en el sentido de anticatolicismo) les sigue saliendo por los poros. Y considero que lo mejor y lo más sincero sería decirlo, sin recurrir a profundizaciones conceptuales. Siempre las cosas dichas de frente son mejores. A veces es preferible escribir dios con minúscula, como hacía un ya hace tiempo desaparecido matutino, que edulcorar las cosas buscando argumentos aquí y allá. En suma: al pan, pan, y al vino, vino; eso sí, que no sean los de la Misa.
Tampoco estimo que el caso amerite referencias a personajes tales como José Batlle y Ordóñez, Aparicio Saravia, Luis Alberto de Herrera, Emilio Frugoni, Wilson Ferreira Aldunate, Líber Seregni y algunos otros, y menos aún que los nombrados sean patrimonio del Uruguay todo. Yo formo parte del Uruguay y no considero que todos ellos nos pertenezcan a todos.
De manera que, para terminar y no abusar del espacio, sincerarse no estaría mal, sin que esto implique censura moral a nadie.
Saludo al Sr. Director atentamente:
Dr. Esc. César Eduardo Fontana