Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSiempre ha sido una incógnita difícil de comprender por qué históricamente, salvo raras excepciones puntuales y en momentos específicos, el que hace un esfuerzo productivo en el sector agropecuario con tecnologías de alto impacto, en un número significativo de los casos, no llega a buen fin.
No nos referimos a tecnologías de bajo costo que sí pueden mejorar sensiblemente la rentabilidad, sino aquellas que requieren una alta inversión, y por lo tanto producen un alto impacto productivo.
Una explicación simple sería que el uso de este tipo de tecnología utilizada no ha sido la correcta y todo lo que se ha hecho en materia de inversión ha sido desarrollada de forma equivocada.
La mayoría de estos productores, históricamente, han terminado siendo absorbidos por buenos empresarios del sector, que han tenido una visión más adecuada de esta realidad, que llevan sus empresas de una forma más conservadora, utilizando solamente tecnologías de bajo costo pero a su vez de menor impacto productivo.
Reconocer esto como única razón es doloroso no solo para el productor sino para el técnico actuante y todo el sistema de investigación del país.
Pero, si analizamos el impacto que tiene una política de atraso cambiario en los diferentes sistemas de producción, podríamos encontrar otra razón que no sea el simple error del uso de las tecnologías aplicadas y que este tipo de política podría perjudicar a estas empresas que, aun siendo más beneficiosas para la economía del país en su conjunto, son más vulnerables a este tipo de políticas.
Cualquier empresa que intensifique sus procesos de producción sabe que tendrá menos ganancia por unidad de producto pero apuesta a que este aumento de generación de bienes contrarreste esta diferencia y, en definitiva, gane más.
Asimismo, es de esperar que toda empresa que intensifica su producción tenga una relación insumo-producto más alta. Al aumentar los insumos generales, sueldos, servicios, impuestos, etc., se redistribuye a través de estos gran parte de la riqueza generada, de esa manera son transferidas a otros sectores de la población y al Estado.
Deberíamos corregir esta transferencia si los insumos que se utilizan son importados, pues en su precio está incluido el costo interno de su comercialización, solamente su valor de entrada no será trasladado al resto de la sociedad e irá al exterior. Es de tener en cuenta que todos los insumos que se necesitarán serán pagos por la generación de bienes producidos.
Este aumento de los costos de producción no incide de la misma manera en las empresas con relaciones de insumo-producto distintas. A las empresas con una intensificación mayor, por tanto, con una relación de insumo-producto más alta, el aumento de los insumos le incide mucho más que a las empresas de relaciones bajas.
Lo precedente no es basado en teorías económicas complicadas sino en la observación de lo que realmente pasó en períodos anteriores de atraso cambiario.
Si analizamos desde los comienzos el período de atraso anterior (década de los 90), el valor por kg de carne pago al productor tuvo un aumento del 50%, mientras que los insumos para su producción aumentaron un 120% en igual período.
Los productores más intensivos lograban una producción de carne de 150 kg/ha con una relación insumo-producto cerca del 75/25, mientras que los productores más extensivos lograban una producción de 60 kg/ha con una relación 50/50.
Pongamos un ejemplo de empresas dedicadas a la producción de carne con diferente relación insumo-producto, que en este período una producía 150 kg de carne por ha y la otra, 60 kg de carne por ha:
Impacto de las mismas empresas que aumentan 50% su facturación y 120% el precio de los insumos:
Aumentando 50% los productos y un 120% los insumos, que fue lo que realmente pasó, las empresas intensivas que ganaban más que las extensivas pasaron a tener rentabilidad negativa, mientras que en las extensivas su ingreso neto disminuyó pero estos siguieron siendo positivos.
Como vemos, la incidencia del atraso cambiario es diferente en las empresas con distinto grado de intensificación.
Esto es difícil de revertir, ya que el problema viene de “afuera de la empresa”, el productor puede aumentar su producción pero le es difícil hacerlo sin aumentar los costos de funcionamiento. Como el problema de baja rentabilidad viene de parte de los insumos, se agravará aún más el problema.
Desde el punto de vista del “país” es importante la cantidad de riqueza generada con un mismo recurso, existirá mayor cantidad de bienes a repartir al resto de la sociedad, deberá cuidar sí el equilibrio de estas transferencias para que no se resienta ningún eslabón del aparato productivo.
Es de recalcar que lo que puede ser no rentable para el productor puede serlo para el país, si ocurren estas transferencias en forma desmedida, el productor podrá ser altamente eficiente en lo que hace y desde el punto de vista internacional tener ventajas comparativas importantes, pero no es rentable para sí mismo y su producción terminará siendo no sustentable.
En el caso del sector arrocero, son indiscutibles las ventajas comparativas que tiene la producción de este grano en el Uruguay, lo que se ve reflejado en su alta productividad por ha de arroz de excelente calidad, siendo los productores muy eficientes en el uso de los recursos.
Esta situación, aun generando una suma considerable de dólares por ha, transferidos a otros sectores de la sociedad a través de insumos caros, no es rentable para las empresas y en definitiva si esta situación continúa, el sector caerá indefectiblemente, y los que directa o indirectamente basaban sus entradas en el sector, no solamente disminuirán sus ingresos, sino que dejarán de percibirlo.
Como vemos en el ejemplo de los productores de carne con diferente relación de insumo-producto, los productores intensivos transfieren al resto de la sociedad a través de los insumos aproximadamente tres a cuatro veces más pagos por la producción de 90 kg más de carne por ha.
Estos productores, que evidentemente son mejores para el país, son perjudicados por este método de transferencia “vía atraso cambiario”, situación que selecciona a otros que no lo son, cosa que si analizamos el pasado es lo que ha sucedido en la realidad.
Si estas no hubieran sido las razones de que no hayan tenido éxito los productores que hicieron algún tipo de intensificación, deberíamos sacar la conclusión de que todos han intensificado de una manera incorrecta, o al menos la mayoría, algo difícil de que sea esta la realidad.
Es posible que la mayor traba que han tenido los productores uruguayos en aumentar su productividad desde la década de los 70 en adelante haya sido el uso de este mecanismo monetario.
No debemos culpar a estos empresarios que producen poco, sino a los que crean las condiciones para que estas explotaciones sean más rentables, como es el caso de la adopción del atraso cambiario como método de transferencia de generación de riqueza y control de la inflación.
Simplemente, cuando los productores que aplican tecnología sean un ejemplo para los otros, hagan mucho dinero y terminen comprando los predios de los productores que no la usan, será un momento de un gran avance tecnológico en el Uruguay y de un gran aumento de los bienes generados por el sector, pero esto nunca sucederá con una política de atraso cambiario.
Demás está decir que este mecanismo de regulación monetaria se transforma en el mayor impuesto encubierto de estas empresas, recaudado indirectamente, a través de los costos de producción.
El atraso producirá por este efecto estancamiento en la generación de bienes indispensables para el progreso del país y de su gente, además de crear una estabilidad virtual respecto a la inflación, que en algún momento deberá ser corregida, con el consecuente daño a toda la población en su conjunto y principalmente a los sectores más desprotegidos de la sociedad.
Leopoldo Amorim