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La edición de Búsqueda del pasado 6 de diciembre da cuenta que el gobierno “considera que sería un ‘buen gesto’ de su par israelí el ‘recambio’ del embajador Dori Goren. (…)” Como trasfondo, la nota de prensa señala que “varias actitudes de Goren generaron malestar en el gobierno, incluyendo su reacción ante un comunicado del Movimiento de Participación Popular (MPP) en el que el grupo político —cuyo líder es el mandatario— calificó como ‘indignante’ el ‘genocidio’ y la ‘política de exterminio basada en la asimetría militar y de poder bélico’ de Israel, en el conflicto que mantiene con palestina en la Franja de Gaza” (p. 7).
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Desde nuestro punto de vista, ese deseo o expectativa de “recambio” peca tanto por errado como por inconducente. Errado, porque confunde la causa con el efecto: no es la reacción del embajador Goren la que ha causado el cruce de declaraciones al cual hemos asistido últimamente, sino el exabrupto de la declaración del MPP —caso único en su género—, explicable (exclusivamente) en función de una de las más oscuras pasiones y resentimientos del alma humana: el antisemitismo.
Inconducente, porque confunde el mensajero con la noticia: no es el gobierno de Israel el que ha cambiado su orientación (ni hacia Hamas ni hacia Uruguay), sino que es la política nacional la que ha experimentado un giro de 180 grados al alinearse con ciertas causas que se ubican en las antípodas del ser uruguayo más genuino: me refiero a la exaltación de la vida y de la paz, el respeto de la libertad, la jerarquización de la democracia. En fin, todo aquello que entendemos por valores republicanos.
¿Qué hizo el embajador israelí ante declaraciones tan nefastas? Lo mismo que habría hecho cualquier otro embajador que se precie de tal: hacer oír su voz. ¿Qué otra cosa podía y debía de haber hecho? ¿Asistir impertérrito ante una declaración que tiene en la mentira y en el odio el único eje de su sustento? Creemos un tanto ingenuo —si se nos permite la licencia— abrigar la esperanza de que un cambio de embajador haya de generar una reacción diferente ante declaraciones de similar calaña. ¿A título de qué el gobierno de Israel habría de tener el “buen gesto” que de él se esperaría?
Sr. lector: el endoso de Hamas, la condena a Israel, la alineación con Irán, no dicen relación únicamente con las relaciones Uruguay - Israel. Sus proyecciones van mucho más allá e involucran una re-definición de lo que somos y de lo que queremos ser. Y en esto el embajador de Israel nada tiene que ver: la pelota está en nuestra propia cancha.