Lucía se despertó y no lo vio en la cama, pero no le llamó la atención, porque el hombre es madrugador.
Lucía se despertó y no lo vio en la cama, pero no le llamó la atención, porque el hombre es madrugador.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando salió al patio, lo encontró mateando en silencio abajo del parral, con la Manuela echada a sus pies, como siempre.
—“¿Dormiste bien, viejo?” —le preguntó, con tono rutinario pero igualmente cariñoso.
—“Vo shabé que me desvelé temprano, carajo, taba canshao taba, pero me disperté como a la cuatro y ya dispué ni pude pegar un ojo, y me vine pacá a matiar y ver shalir el shol, qué cosha linda, ché” —prosió él, con su inconfundible tono apaisanao — “¿y queré que te cuente una cosha que me pashó, que te vashaquedá de una piesha? —inquirió.
—“¡Claro que quiero!” —replicó Lucía —“¿qué te pasó?”.
-“She me apareshió un pajarito, como al flaco Maduro” —dijo el hombre, mientras ella abría grandes los ojos claros —“y no uno, uno cuanto pajarito she me apareshieron, uno primero, otro má dijpué, tuvo movida la madrugada, tuvo” —enfatizó.
—“¡Contame!” –dijo ella, sentándose en el banquito de madera enfrente a él.
—“Bueno, empiesho por el primero, que she ashercó acá arriba de mi cabesha y revoloteaba, pipío pacá, pipío payá, y yo me di cuenta. Era el mijmo que she le apareshió a Maduro, era el Chave, nomá, y me deshía en shu pipío, Pepe, mucha grashia por haberte abrashao de mi cajón llorando, grashia tamién por haberme franqueao la entrada al Mercoshú, yo ya le dije a Maduro que Veneshuela vasheguí importando casa prefabricada uruguaya, Pepe, ¿ta?” —me pipiaba el pajarito de Chave, quemoshionante, Lushía, vo no te podéjimaginá” —redondeó.
Lucía no salía de su asombro, pero él no la dejó intervenir, porque al tiro empezó con el segundo relato.
—“Al ratito apareshe otro pajarito, pipío pacá, pipío payá, pero era otro pipío, no como el del pajarito de Chave, era con un ashento má pareshido al mío, ¿mentendé?, y enseguida me di cuenta: era el pajarito de Artiga, era. Me dishe en el primer pipío, Pepe, vo sho grande, Pepe, sho mucho má pareshido a mí que el Tabaré, que anda repitiendo frashe mía por todo lado como un loro, vo te pareshé muchíshimo a mí, fíjate cómo todo te yevan la contra, tas rodeao de shabandija, como yo, tené lío con lojargentino, como yo, al final shosheljefe de lojorientale y nadie te da pelota, vashaterminá debajo de ese parral matiando como yo terminé abajo del ibirapitá, ojalá que te toquen treinta añojmá, como a mí, y que la Lushía te shebe el mate como a mí me lo shebaba el negro Anshina, me dijo en último pipío el pajarito de Artiga, ¿te da cuenta Lushía? ¡una emoshión!” —dijo el hombre con los ojos húmedos por el grato recuerdo.
Y prosiguió.
—“Al rato apareshe otro pajarito revolotiando por acá arriba, pipío pacá, pipío payá, igualito que loshotro, pero con shu cantito particulá, vijte que lo pajarito cantan todo diferente cantan, y ejte pipiaba mashendifíshil, me pareshe. Cuando mempeshó a pipiar pa que lo entendiera, me dijo que era el pajarito de Baye y Ordoñe, y arrancó shimpático arrancó, porque me dishe ¿qué otro Pepe hay en la vuelta a lojque lo conojcan por el sobrenombre nomá? ¡sholo noshotro dó!, me dijo, y pipiaba felishitándome, me dijo que lo logro de mi gobierno eran ejtraordinario, que la sheguridá, la shalú, la educashión, todo andaba petacular, y quéramo un ejemplo de preocupashión por lojumilde, y me pipió una frase de shu shobrino nieto, me dishe el pajarito del Pepe Baye, como dishe Jorgito, ¡utede en tu gobierno aman tanto a lo pobre que cada veshaymá! Tuvo grashiosho y simpático don Pepe Baye con shu pajarito que me vino a revolotiá acarriba del balero” —refrendó.
—“Realmente, fue una madrugada muy movida” —dijo Lucía, extendiéndole el mate recién cebado.
—“¡Y no termina acá!” —dijo el hombre, sorbiendo ruidosamente la infusión a través de su bombilla —“al rato dirse el pajarito del Viejo Baye, aparece otro pajarito medio dejplumao y dejprolijo, daba pena verlo, pero pipiaba como pa que lo atendiera, algo me quería deshí, y yo pushe atenshión, tepodrajimaginá, y arrancó dishiéndome quera el pajarito del Bebe, de Raúl Shendí, companiero del alma, me pipiaba que nojtá muy contento con shu gurí, que she yama igual quel, porque me pipiaba dishiéndome que él hubiera querido que shaliera peludo y guerrero como el viejo, pero ete e flor de yupi, shiempre impecable y pintún, le falta el audi pandar recorriendo refinerías a shientocuarenta kilómetro porora, me dijo que Alur era una vergüensha, terrible planta moderna envé de un caniaveral yenoepeludo como él quería, ocupando la tierra de loshentanshiero, con estojejecutivo tipo uolestrí no vamoasher ninguna revolushión, piapiaba el pajarito del Rufo, pipiaba, she ve que no descansha en pá…” —reflexionó.
—“¿Este fue el último, o vino a verte alguno más?” —preguntó Lucía, mientras sorbía su mate.
—“Vino uno má. El pajarito del Tuerto, vino. Tenía loshojo ejtrábico igualito quel, esheguida me di cuenta quera el pajarito del Tuerto. Revolotiaba y revolotiaba por acá enshima, mirá vo” —dijo el Pepe.
—“¿Y qué te dijo?” —inquirió Lucía.
—“Nada. Revolotió un par de veshe, me cagó enshima y she fue” –contestó el Pepe, resignado.