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    La horca de la orca

    Hace unos días, después del temporal de viento y lluvia de esta semana, una orca apareció de noche encallada en la orilla de una playa de Punta del Este

    Hace unos días, después del temporal de viento y lluvia de esta semana, una orca apareció de noche encallada en la orilla de una playa de Punta del Este.

    Como corresponde a la sensibilidad actual en torno a la salud animal, además de los gauchos sueltos de siempre, listos a ayudar a lo que sea y como sea, siempre que sea para bien, se arrimaron a la playa en la noche del temporal veterinarios, delegados de la alcaldía de la zona, de la Intendencia de Maldonado, del Instituto de Bienestar Animal, del Ministerio de Ambiente, de la Facultad de Veterinaria, del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), del Centro de Recuperación de Cetáceos Odontocetos en Situación de Peligro, de la ONG Jacques Cousteau y de la Prefectura Naval de la zona. Faltaba el colorado de Omar Gutiérrez, que en paz descanse.

    Todos cincharon con entusiasmo y compromiso, sudando la gota gorda (a pesar del frío), tironeando al pobre bicho entre cuerdas, cadenas, olas y mucha espuma, pero sin éxito.

    La noche fue pasando entre esfuerzos y oraciones, pero no había manera de devolver a su ámbito natural al cetáceo, al que ya habían bautizado Gorlerito, siguiendo la tradición de bautizar a estos visitantes marinos, como pasó con el león marino de Piriápolis, bautizado Francisco, por don Francisco Piria, pero que al fin terminaron llamando Francisquita, porque era nena.

    Gorlerito seguía luchando por su regreso a la manada, ayudado por tanta gente buena que resultaba difícil creer que no lo podían zafar de su atoro.

    El asunto es que, en determinado momento, viendo que ya no había solución y el pobre bicho no tenía salvación posible, los veterinarios tomaron la decisión de sacrificar al animal. Pero eso de “sacrificar” era antes, cuando se hablaba de la gente como gente y de los bichos como bichos. Ahora, con esta invasión fonética y espiritual del buenismo, de los centros comerciales pet friendly, en los que los perros circulan en cochecitos de bebé entre las boutiques, a Gorlerito le tocó… ¡la eutanasia! Así lo dijeron los medios, los que transmitían en directo desde el lugar de los hechos (en el informativo de un canal pasaron primero a Gorlerito luchando por su vida y la noticia siguiente fue el inminente aumento del precio de los combustibles; no me lo contaron, yo lo vi). La prensa escrita se subió a la eutanasia, y así lo publicó durante varios días, agregando que las causas de su accidentada llegada a la costa se estudiarían “después de la necropsia”. En fin.

    Luego llegó un supercamión con una grúa y una enorme caja, y unos peones ayudaron a alzar a Gorlerito y bajarlo con la grúa en la caja del camión. La imagen del depósito del bicho en la gran caja del camión no permitió ver si en el fondo había un ataúd con 20 manijas de bronce o solo un frío fondo de chapa.

    La prensa no ha informado aún dónde fue o será el sepelio del catáceo, presumiblemente porque todavía no están los resultados de la necropsia. Manténgase informados.

    Varios integrantes del mundo político han opinado sobre el importante acontecimiento, dada su gran relevancia. Integrantes del gobierno han expresado que toda la actividad en torno al frustrado salvataje del animal fue una nueva demostración de la importancia que le da el gobierno a este tipo de episodios, así como del esfuerzo combinado de las autoridades nacionales allí presentes, siempre dispuestas a participar de forma activa en las causas justas. Mientras que, por su lado, desde la oposición surgieron duras críticas a la actuación de las autoridades, siendo la mejor prueba de ello que, a pesar de los intentos de salvar al animal, la impericia del gobierno había promovido la muerte del inocente visitante marino. No se descarta interpelar al ministro de Ganadería para que brinde explicaciones sobre la tragedia.

    La prensa también procuró ubicar al presidente Orsi, para que brindara reflexiones e informaciones oficiales sobre este desgraciado incidente, pero no se lo pudo ubicar.

    Fuentes de la Torre Ejecutiva informaron que, desde el intento de matar a Donald Trump en una cena esta semana, la ubicación del primer mandatario se mantiene en secreto por razones de seguridad y no se podrán dar datos como los requeridos.

    No obstante, los periodistas, que siempre están detrás de las noticias y del esclarecimiento de los temas reservados y secretos, al final se enteraron de que el presidente estaba en el interior del país, presumiblemente en un pequeño pueblo en uno de los departamentos del norte, asistiendo al velorio de un carpincho (o capibara, como le llaman ahora) fallecido de manera trágica por atropellamiento. En efecto, el noble animal, símbolo de nuestra fauna (mucho más que la orca), había sido pisado por un enorme camión de carga que transportaba ganado rumbo a un frigorífico. Se pudo saber que el chofer del camión (a quien se le practicó la espirometría y dio cero) declaró haber visto al animal cruzando la ruta y que, aunque intentó esquivarlo, no pudo hacerlo, lo que tuvo el resultado que se informa. Se supo que, como el ministro del MGAP estaba con el tema de la orca, era el subsecretario de la cartera quien acompañaba al presidente en el velorio del carpincho.

    Se supo asimismo que el chofer asesino está detenido e imputado, como corresponde, y se aguarda que sea condenado por la Justicia por tamaña violación de los derechos de la fauna autóctona, en concurrencia fuera de la reiteración.

    Y los dos chorros que serrucharon las patas de la estatua del peón rural que estaba en el Prado, se la afanaron y la vendieron están libres, con libertad a prueba, aunque resulte difícil creerlo.

    Mirá vos.