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    El “caso Pluna” (III)

    Sr. Director:

    Pluna y su causa: la soberbia. Del árbol caído no todo el mundo hace leña. En primer lugar debemos identificar cuál es el árbol caído. Aparentemente parece ser que son las personas o los políticos involucrados por el mal manejo de los bienes públicos en el caso Pluna. No, no estamos aquí para juzgar a nadie, que los juzgue la justicia o Dios o su conciencia. El árbol caído es la soberbia de creerse perfectos. De no escuchar las advertencias de juristas avezados, del Tribunal de Cuentas, de lo Contencioso e incluso de la oposición encarnada en la brillante actuación del senador Moreira, quienes con claridad, tesón y patriotismo, les advirtieron de distintas formas que las medidas podían ser catastróficas.

    Árbol caído es la gestación de una sociedad inicial de Pluna, en el gobierno anterior, con un socio no aeronáutico, sin antecedentes, minoritario en capital pero mayoritario en acciones y no responsable de las garantías que corrieron por parte del Estado (todos nosotros): 175 millones de dólares. Árbol caído es la soberbia de los representantes nacionales del partido de gobierno que, con “mano enyesada”, impidieron todo atisbo de investigación por el solo hecho de tener la mayoría. Se equivocaron los actores directos pero también las dos Cámaras, que sobrevaluaron lo actuado.

    En la Divina Comedia del Dante hay un argumento central que es la crítica reiterativa que hacía la Beatriz del resto de las damas por su promiscuidad, la soberbia de creerse impoluta, hasta que un día le toca a ella y luego las perspectivas del castigo. La primer grada del purgatorio es la soberbia, con varios ejemplos del que rescatamos la Torre de Babel. El gobierno progresista se encarna en la Beatriz (la que no mete la mano en la lata) y Pluna representa la Torre de Babel, el progresismo. Porque no fue un error el cometido sino una torre de errores acumulados y denunciados de los que no quisieron hacer oído; no se salva ninguno: todos ellos avalaron de una u otra forma la elaboración.

    Árbol caído es la soberbia en la defensa irrestricta, de todo el staff progresista, de la pésima actuación de sus representantes, pensando que con ello aliviarán el costo político de la gente y de sus votos. Craso error es no reconocer sus errores, porque si no hay humildad no hay nada. La mejor defensa que han argumentado reiteradamente, con cara de “yo no fui”, es trasladar culpas al pasado, a lo anterior a la asociación con Varig, a la tradición de empresa deficitaria o al gran bonete. El gobierno asoció Pluna a Leadgate, que jamás tuvo ni gestionó un avión, ni de juguete. Y la frutilla de la torta es la carta de impunidad del gobierno dada a quien hizo el vaciamiento.

    Pero fue una solución elogiada por un ministro diciendo: “Créanme que esta es una salida creativa, ingeniosa y dificultosa... herramienta válida por su transparencia de la que nunca dudamos”... y todos aplaudían.

    Todos cometemos errores, pero admitimos su justificación cuando el error es inadvertido o sorpresivo o imprevisto, pero no el error planificado y reiterado hasta sus últimos detalles de una “crónica de una muerte anunciada”. La única argumentación del Frente Amplio en defensa de lo actuado se llama soberbia.

    Por último, una mención. El affaire Pluna tine múltiples deméritos, pero de buena onda es reconocer actuación del senador Moreira, que con claridad y tesón desde el 2007 está presentando argumentos y pruebas de que esto iba al desastre y de presuntos dolos de los bienes públicos. Gracias, senador Moreira.

    J.R.