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Una catástrofe aérea, política y ética. En los últimos años, cada vez que el gobierno pierde millones de dólares del bolsillo de los uruguayos, anda en la vuelta el Cr. Danilo Astori. De Bengoa para aquí (por más que al fiscal se le caiga el pendrive, cuando viajaba en ómnibus a presentar “in extremis” del plazo procesal la solicitud de procesamiento de María Julia Muñoz y Mariano Arana, y estos se “salven” porque llegó tarde), hasta Pluna, siempre aparece Astori cuando los dólares se volatilizan.
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Y atención, no estoy insinuando que el ex ministro de Economía, y actual vicepresidente de la República, que se solidarizó con Bengoa e hizo el negocio con Campiani, se haya quedado con un solo billete verde, o que haya tenido alguna complicidad interesada en esas catastróficas gestiones.
En realidad pienso que a fuerza del énfasis “socialista-filo-marxista” y el toque anti-empresario de sus discursos, los verdaderos empresarios, la gente que le pone capital y trabajo a sus emprendimientos, prefieren mantener distancia con él y el gobierno que representa.
Esa comprensible reticencia, hace que el Cr. Astori, y su equipo de técnicos, con mucho lustre académico pero escaso fogueo empresarial (en verdad parece claro que carecen de experiencia comercial, y práctica de “hacer negocios”), terminen en manos de los aventureros, los inescrupulosos, los seudoempresarios que sin capital y mucha audacia, les venden cualquier fantasía, porque en definitiva no tienen nada que perder.
Para darse cuenta de la dificultad insuperable de llevar “a buen aeropuerto” esta gestión, bastaría hablar con cualquier comerciante medianamente experiente que les diría:
La mejor idea, sin capital suficiente fracasa.
La ganancia está en la compra.
No pongas dinero bueno sobre dinero malo.
No te metas en rubros que no conoces.
No hagas tratos con insolventes.
No negocies desde la debilidad.
Cuando se ignoran esas seis grandes verdades (que están en la tapa del libro de la clase “jardinera” de la actividad comercial empresarial), pasan las cosas que pasan, y los ciudadanos quedan condenados a pagar la factura de las improvisaciones.
Ahora también resulta que el aval del BROU al “Sr. de la derecha”, que nadie conocía, acaba de ser invalidado por los socios de “Cosmos” que anuncian que no tienen el dinero para hacerse cargo de los 137 millones del remate, para no hablar de la impaga comisión de los rematadores, que iniciarán acciones legales de cobro, aunque hay que preguntarse: ¿a quién?
Lo más extraordinario del insuceso, es la actitud de ofendida soberbia con que los responsables de esta catástrofe aérea, empresarial, económica, política y ética, enfrentan el cuestionamiento de su impericia.
La culpa no es de Campiani, ni del falso empresario insolvente, ni de López Mena, ni del fotógrafo de “El Observador”, ni de Daniel Castro por calificar el “affaire” Pluna como un “escándalo”. Hay que notificar a Astori, Lorenzo, Pintado y compañía, que la culpa es de ellos, de los gobernantes que firman contratos y decretos metidos a aeronautas, comprometiendo el dinero de los ciudadanos.
Es que en esto de Pluna, no hubieron “Palomas y Halcones” como pretende el senador Larrañaga, la cosa fue entre “equus asinus” y “torgos tracheliotus”, y así nos fue.
M. J. Llantada Fabini
PS: Si finalmente se concreta la solución de la última “vuelta de tuerca” de esta “novela”, habrá que reconocer que una imagen vale por mil palabras, y agradecer y felicitar al fotógrafo de “El Observador”, que con su oportuno “click” puso una vez más de manifiesto que la libertad de prensa, aunque incomode a muchos, es imprescindible para la salud de la República.