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    El “caso Pluna”

    Sr. Director:

    Una lanza por los empresarios. Leo con cierta desazón la columna de Guillermo Sicardi en la pasada edición de Búsqueda. Digo con desazón porque en su permanente defensa de la iniciativa privada, de quien arriesga capital y trabajo para hacer una diferencia en la sociedad, en contraposición del que prefiere la plancha del empleo público, en sus columnas había construido un discurso convincente. Hasta que llegó esta columna sobre la lanza por Campiani, que parece escrita por “disciplina partidaria” para defender la actuación de quien califica como un empresario “exitoso”, cuyo error fue “pensar en grande”.

    Mi desazón se origina en el hecho de que pone a Campiani en la categoría de “empresario”, a mi juicio ofendiendo a los verdaderos empresarios. Porque Sicardi cae en el frecuente error de confundir el término empresario con alguien que hace negocios. ¿Es lo mismo hacer una empresa que hacer un negocio? Hacer empresa no es cosa sencilla e involucra entre otras cosas un afán de permanencia, de generar valor para sus clientes, sus empleados, sus proveedores, sus accionistas y la comunidad donde opera, por mucho tiempo, incluso trascendiendo la propia vida del empresario. En el caso de Campiani y sus socios de Leadgate ellos vinieron a hacer un negocio, no una empresa. Eso fue claro desde el principio; en ese aspecto hay que reconocer que nunca ocultaron sus objetivos. Se hicieron del 75% de  Pluna (que a propósito en el 2007 no era un cadáver sino una empresa con un patrimonio previamente saneado por todos los uruguayos a través del Estado y frecuencias vigentes a varios destinos, además de una marca reconocida) sin poner casi capital, compraron con garantía del Estado una cantidad de aviones y trataron de vender ese paquete a un tercero. Con el objetivo de hacer un negocio, se metieron en cosas que hacen mercenarios, no empresarios. En un contexto de constantes pérdidas de la empresa que maneja, un empresario no se adjudica altos sueldos y bonos, ni le factura los servicios de due diligence en que incurrió para comprarla, ni le cobra cuantiosos gastos de representación, ni contrata a diseñadoras feng shui para decorar su oficina, ni habla en alemán en las reuniones de Directorio para que los representantes del otro accionista no entiendan. Eso no lo hace un empresario que se precie de tal, porque tiene en su ADN lo que los americanos llaman “fiduciary responsibility”, o responsabilidad fiduciaria, por la cual quienes dirigen la empresa se aseguran de considerar los intereses de sus socios minoritarios, tenerlos informados, buscar consensos y, sobre todo, no usar la empresa para obtener beneficios propios en perjuicio de los demás accionistas. Esto es porque el empresario se ve en la empresa por mucho tiempo y se siente obligado a ella y a los que de ella dependen. Si hay algo que queda claro en la actuación de Campiani y sus socios, es que Pluna no fue “su empresa”, sino “su negocio”, y por tanto no pueden considerarse empresarios.

    Ahora bien, hacer negocios no es algo malo, ni mucho menos ilegal, en la medida en que se cumpla con las reglas de juego que imponen la Constitución y las leyes. Perseguir un fin de lucro no es un delito; al contrario, es algo que mueve economías y genera empleos. Coincido con Sicardi en que hay algo inquietante cuando uno lee el fallo de la jueza Adriana de los Santos y la vista del fiscal Juan Gómez. Pareciera que tener un fin de lucro y “pingües beneficios” es algo que justifica un procesamiento penal. Campiani no actuó como empresario sino como un negociante que es, pero no encuentro elementos contundentes en el auto de procesamiento para concluir que cometió un delito. Sin perjuicio de ello, queda mucho todavía por investigar: la relación de Bombardier con el padre de Campiani, el negocio de Aerovip y otras que se irán develando con el tiempo, por lo que no hemos visto todavía el final de esta película y es posible que los socios de Leadgate estén debidamente procesados y terminen efectivamente condenados por estafa.

    Hacer empresa es mucho más complicado que hacer negocios. Esto lo saben los empresarios que están comprometidos con su empresa y son conscientes de su rol en la sociedad. Campiani y sus socios no estaban comprometidos con su empresa Pluna sino con su negocio de comprar Pluna y venderla con una utilidad. Si las columnas de Sicardi quieren destacar el rol que cumplen los empresarios y las empresas privadas, debe entender esa diferencia. 

    Lord Ponsonby