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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEnorme responsabilidad pesa sobre nuestro preciado nobel presidente de la República. Se cierne sobre nuestro país, sobre nuestro presente y el futuro de las próximas generaciones, una nube de devastadora, como una bomba atómica al momento de explotar, que se expande vorazmente, destruyendo no solo la riqueza de nuestra naturaleza, nuestros ríos, la reserva acuífera, nuestros campos, y algunos pueblos, sino lo que es aún peor, cercenando nuestra libertad y la de nuestros hijos, nietos y bisnietos. Se trata de la entrega de nuestra soberanía a la multinacional UPM, y esto desgraciadamente no es un slogan, ni una pieza de marketing político. Es la cruda realidad que nos embarga como nación en las manos de la inmoralidad e ilegalidad del contrato ROU-UPM.
Ese contrato ROU-UPM fue firmado por el gobierno saliente, y es totalmente inconveniente para el Uruguay, porque solo da enormes ganancias a esa multinacional, convirtiendo al Uruguay en su lacayo. Ya está demostrado científicamente, por los técnicos correspondientes, que UPM ha incumplido lo pactado en previo contrato firmado con nuestro país, excediendo la cantidad de desechos tóxicos permitidos vertidos al río, contaminando y destruyendo nuestra naturaleza.
UPM nos vende esperanza de progreso y reactivación, como cuando les vendían espejitos de colores a los indios para despojarlos de sus tierras y riquezas. Entregar el Uruguay a UPM, o estar de acuerdo con ello, solo tiene unas pocas causas posibles. El gobierno saliente que firmó el contrato ROU-UPM, que, según palabras del Prof. Dr. Eduardo Lust, catedrático de Derecho Constitucional, es un contrato criminal, inconstitucional e ilegal es obvio por qué lo firmaron.
Pero hoy, ahora, ¿qué es lo que está pasando?
El artículo 7 del contrato ROU-UPM admite la rescisión del contrato por epidemia, que es lo que estamos sufriendo, y hay plazo para rescindir hasta el 13 de abril.
El terrible peso de la pandemia se ha desatado sobre nuestra gente, nuestra esperanza y nuestra economía, y es en su defensa que nuestro respetado presidente, y su equipo, ha demostrado admirable entereza, compromiso y espíritu resolutivo, por lo cual estamos orgullosos y agradecidos.
Y ¿cuál es la disyuntiva frente al contrato ROU-UPM?
Por un lado, las inversiones de uruguayos o de empresas uruguayas, estatales o privadas, que buenamente confiaron en invertir en UPM, inversiones anteriores a que se conocieran los ominosos detalles del contrato firmado, y antes de que se supiera de los informes técnicos que demuestran la depredación y destrucción que está causando en nuestro país esa multinacional, y la que, por tanto, causará no solo en el río Negro de no rescindirse el contrato.
En contraposición, la necesidad perentoria de inversiones para reactivar al Uruguay, luego de vencida la pandemia.
Esto tiene una posible solución salomónica: La rescisión del contrato ROU-UPM debe fortalecer a nuestro país, para lo cual hay que implementar las vías sustitutivas de inversión para redinamizar nuestra economía.
UPM le costaría al Uruguay, según estimaciones de especialistas mencionadas por el Dr. Lust, aproximadamente 4.000 millones de dólares, ya que el Uruguay se obliga a realizar infraestructura para la multinacional, las vías para su tren, puentes, etc., para lo que necesita financiación. Y que, según los cálculos, con base en el canon fijado para Uruguay, no se recuperaría ese gasto ni en 500 años, hipotecándose, por tanto, el presente y futuro de nuestros hijos, nietos y bisnietos.
La solución radica en que nuestro país invierta los miles de millones de dólares que Uruguay gastaría en hacerle la infraestructura para UPM, en reactivar al agro, invertir 1.000 millones de dólares en el agro, 1.000 millones de dólares o más en reactivar nuestra industria y hacerla competitiva internacionalmente. Con esto superaríamos largamente los supuestos 2.000 puestos de trabajo que podría emplear UPM, sin depredar nuestro país, respetando nuestra maravillosa naturaleza. E invertir millones de dólares en los liceos de tiempo completo, propiciados por nuestro canciller, Ernesto Talvi, tan necesarios.
Por otro lado, los uruguayos o empresas uruguayas que hayan invertido dinero en UPM, estafados en su buena fe, antes de que se conociera el daño irreparable que produce esta multinacional a nuestra naturaleza, es necesario que sean resarcidos en igual monto al invertido en UPM por ellos, en los nuevos emprendimientos sustitutivos que el gobierno realice.
En conclusión, que nuestro presidente, Dr. Luis Lacalle Pou, rescinda el contrato con UPM, con tiempo hasta el 13 de abril 2020, le daría a Uruguay una posibilidad de crecimiento muchísimo mayor que la que ofrece UPM, y sin destruir nuestras riquezas, Y fundamentalmente, preservando nuestra soberanía, que es entregada a la multinacional por el contrato indecoroso (según el ministro de Transporte Luis A. Heber) y criminal, ilegal e inconstitucional (según el Dr. E. Lust) que firmó con UPM el gobierno saliente.
En este momento de inusitada dificultad debido a la emergencia sanitaria, los orientales nos sentimos orgullosos y agradecidos, por la dedicación y el esfuerzo máximo y eficiente que lleva adelante todo el equipo de gobierno, y esperamos fervientemente que nuestro presidente reconsidere el tema, ya que continuar con el contrato ROU-UPM ensombrece el presente del Uruguay y enlutece todas las esperanzas futuras.
Dra. Marta Varela Gallinal
C.I. 1.109.707-6