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    El corredor Garzón

    El corredor Garzón es una obra con la cual perdimos todos: los que usan el transporte público (acaso los más perjudicados) y los conductores en general para quienes significa buenos dolores de cabeza. No se colmó en absoluto la expectativa de la gente, se prometió mayor comodidad y rapidez en el servicio de transporte público y fue exactamente al revés.

    Nadie entiende qué quisieron hacer. Porque era una obra innecesaria; la Av. Garzón no presentaba mayores problemas para la circulación, salvo los comunes a toda la ciudad. Y todo el mundo se da cuenta de cuánta obra vial muchísimo más útil se podría haber hecho con esa enorme cantidad de dinero que se gastó.

    Una profusión de semáforos, que más tranca que agilita. Trasbordos absurdos que perjudican grandemente a quienes deben ir o volver más allá de la Plaza Colón. Y un sinfín de problemas circulatorios para los vehículos particulares, y en especial el transporte escolar, repartidores, etc. Basta preguntar a cualquiera de estos protagonistas para escuchar su opinión.

    Daba lástima ver cómo levantaban un pavimento en muy buen estado, con mucha vida útil por delante, cuando vemos el estado lamentable de numerosas calles del entorno sin que tengamos ninguna esperanza de que sean hechas a nuevo. Y digo “hechas a nuevo” y no “reparadas” porque esto es un tanto conformismo.

    La Av. Garzón no es una vía aislada y no todo el mundo la transita de un extremo a otro. La mayoría de los que usan transporte particular y viven en el entorno (o no) de la avenida, la utilizan solo en algún tramo o deben atravesarla o girar a su izquierda, y vaya si esto último genera problemas. Las calles laterales no están preparadas para servir como auxiliares o para maniobras de giro. Son estrechas, escasas o con un pavimento destrozado, y todo indica que seguirán así quién sabe por cuánto tiempo. En algunos casos hay que dar largos rodeos que malhumoran a quienes no conocen la zona o simplemente obligan a alguna maniobra no permitida. Y no hablemos de quienes tengan necesidad de hacer un giro en U (muchas veces necesario): no hay un solo lugar en todo el trayecto.

    El daño está hecho y esto no se remedia con ajustar algún semáforo, colocar cien inspectores permanentes o desviar alguna línea de ómnibus.

    No hubo una clara información previa al público acerca del funcionamiento (con todos los detalles) de la Av. Garzón porque el vecino común solo sabía que los ómnibus circularían por la senda central, y si bien mostraba algún recelo, estaba ante la expectativa de lo novedoso. Hoy, que ve la realidad, se siente defraudado.

    Según se oye, los jerarcas se dieron cuenta del error e intentan algún tímido correctivo. Ojalá que respondan al sentido común, dejen a Garzón como una amplia avenida con un cantero central, vuelvan los ómnibus a su régimen anterior, eliminen unos cuantos semáforos e inventen para la famosa terminal un destino más útil.

    Quedará todo el mundo contento.

    Antonio José Nicodemo

    CI 847.253-8