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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA raíz de la difusión realizada por Búsqueda de lo dicho por el señor director del BPS en representación de los empresarios José Pereyra en la Comisión de Diputados que estudia la mal llamada reforma de la seguridad social, se desató luego un cruce en Twitter entre dicho director y el Dr. Saldain sobre hechos ocurridos a principios de los 90. Como quiso la vida y mis compañeras y compañeros de trabajo que entonces yo fuera el presidente del gremio y de algunas cosas me acuerdo, intento ayudar a esclarecer los hechos sucedidos, sin ánimo alguno de terciar o tomar partido. Luego sí me centraré en lo que percibo como un fenomenal y severo proceso de transformación de Rodolfo, sus distintos rostros y su metamorfosis ideológica —a la manera de Gregorio Samsa, el personaje de Kafka—.
Sobre el pasado solo voy a hablar de los llamados “prontos despacho” y el “caso Anda”. Lo primero refiere a la manera en que los directores del BPS utilizaban su cargo para acelerar trámites en el organismo, es decir, el “clientelismo político”. Al respecto debo señalar que, si bien Rodolfo decía no compartir dicha práctica, en los hechos —tal como sostiene Pereyra— esta se desarrolló bajo su presidencia y fue eliminada recién cuando ingresaron los directores sociales en octubre del 92: no me consta que no haya hecho uso de dicho mecanismo antes de esa fecha.
Lo segundo tuvo en la época ribetes de verdadero escándalo en el que ATSS no participó. La incompatibilidad que existía y existe entre ocupar un cargo en Anda y a la vez ser director o presidente del BPS no se resolvió como dice Rodolfo porque “el diputado comunista Thelman Borges cuestionara la situación”. En honor a la verdad lo que hizo el representante del pueblo no fue solamente “cuestionar” la situación que se había llegado a negar. No. Lo que tuvo que hacer Thelman fue nada más y nada menos que “mostrar públicamente en la comisión parlamentaria la tarjeta con la cual Saldain marcaba su horario de trabajo” en la empresa. Solamente a partir de este hecho —objetivo y materialmente constatable— se corrigió luego la incompatibilidad, retirándose a partir de ello de la empresa privada.
Acerca de la evolución del pensamiento y las acciones de Rodolfo es notorio que ha tenido un trayecto unidireccional y sin retorno desde lo solidario y estatal a la cada vez más pronunciada preminencia de lo individual y el lucro privado. Recordemos: a) en 1991 el Dr. Lacalle Herrera presentó el proyecto que contenía el verdadero modelo en el que creía Rodolfo, absolutamente sin AFAP, aunque regresivo en cuanto a los beneficios; b) en 1993 me tocó participar en México de la llamada Reunión Tripartita de Expertos en Seguridad Social de las Américas en el ámbito de la OIT, y Rodolfo estaba como asesor de ella. El tema central era solidaridad sí o no, privatización sí o no. Honestamente debo decir que entonces Rodolfo nos “ayudó” a los siete delegados trabajadores alertándonos sobre el uso que querían hacer los representantes patronales de uno de los conceptos en discusión, contrario a la solidaridad y facilitador de la introducción de modelos “a la chilena”.
Sin embargo, y luego de dejar de verlo por un par de años, reapareció en 1995 como corredactor de la ley que lamentablemente sigue vigente en lo sustancial. En el libro que publicara entonces sostenía en la página 37 que la reforma que trajo consigo a las AFAP tenía “las características de un proceso fundacional” que prioriza “el tratamiento de las prestaciones de los sectores de menores ingresos” e incorpora “espacios para agentes privados y la técnica de la capitalización”. (El uso del lenguaje es extraordinario, ya que transforma en “técnica” lo que es el caracú o tuétano ideológico, económico y financiero del sistema vigente, notoriamente perjudicial para los sectores de ingresos medios y bajos y las mujeres y pronosticaba algo que todos sabemos no ha ocurrido: esto es, el supuesto favorecimiento que iban a tener los de menores ingresos).
¿Tiene derecho a cambiar su pensamiento? Sí, absolutamente. ¿Tenemos derecho a cuestionarlo? Sí, absolutamente. Y es en torno a estas dos preguntas donde es posible desenmascarar el corazón del problema que debería preocuparnos como ciudadanos al tratarse de un “hombre público” que en los hechos está participando activamente del gobierno nacional. Rodolfo ha cambiado en aspectos sustanciales después de lo cual habría que preguntarse muchas cosas en alguna de las cuales puede llegar a meter su cola el diablo. Me explico: lo conocí en 1978, era un muy buen muchacho, humilde y estudioso, fue el primero que me prestó un libro de Marxismo (ruso) en aquellos años difíciles en los que claramente estuvo del lado de la democracia —al punto de haber estado 45 días detenido en Cárcel Central—.
Nos relacionamos mucho cuando asumimos las respectivas presidencias en 1990 y por dos años llegamos a acuerdos muy importantes para el BPS y nuestras compañeras y nuestros compañeros. Tuvimos una gran diferencia con Sonda pero eso no alteró el relacionamiento. Respetaba mucho la opinión de los sindicatos. Hasta parecía sentir rubor cuando alguno lo acusaba de tener un “talante de candidato a la presidencia de la República”. Su actitud respetuosa era casi una insignia que lo distinguía entre otros gobernantes oscuros de ese período de gobierno.
Hasta que llegamos al momento actual. Por lo que veo, lo que leo, lo que escucho, lo que me cuentan, lo que sé, su actitud soberbia y de ninguneo hacia las posturas que difieren de la suya se han incorporado rápidamente el último año a su semblante y carácter de manera naturalizada. Pretende que la población le crea que una reforma “que se hace para reducir el gasto social porque la situación del BPS es explosiva, no hay futuro para los jóvenes, etcétera”, esa mismísima reforma va a pagar mejores jubilaciones. Si así fuera estaríamos ante el primer ejemplo de magia en el Parlamento uruguayo.
Cuando desde ATSS el equipo de representación de los trabajadores y todo el movimiento sindical se le controvierte informando que —aparte de lo que significa trabajar más, aportar más, para estar menos tiempo vivo cobrando jubilación y tantas otras restricciones— los recortes que provocará el régimen propuesto son muy significativos, pretende despacharlos acudiendo al expediente de “están haciendo mal los números”. Si desde dentro de la coalición cuestionan determinados aspectos, su respuesta es “están equivocados”, “no tenemos margen para eso”, o cosas por el estilo. Si le cuestionan los errores y ausencias en cuanto a las fuentes de financiamiento, en el mejor de los casos omite la respuesta dando a entender que eso no es importante.
Finalmente, lo que puede ser grave: ¿Rodolfo miente? ¿Le ha mentido a Búsqueda? Como es sabido dirige un importante estudio jurídico. Lo que se conoce menos es que buena parte de los ingresos de su estudio son “a costillas” de hacerle juicios al BPS: me resulta imposible imaginar la cantidad de los que ha hecho y sigue haciendo. El caso más notorio últimamente es el justo reclamo de los llamados “cincuentones”, que reciben un tope jubilatorio reducido en un 10%.
El año pasado —acabo de verlo hace tres días— su semanario informaba que el estudio de Saldain había ganado un juicio al BPS ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo. Al interrogar a Rodolfo, rápidamente se quitó el lazo declarando que “era un caso que llevaba otro abogado del estudio”, como si él no tuviera nada que ver. ¿Pero cómo? ¿Es el dueño y jefe del estudio y no tiene nada que ver? ¿No habrá quienes puedan corroborar que lo han visto, oído o leído interviniendo en dichos trámites, aunque los firme otro abogado? ¿Todos los escritos que se presentan en el proceso hacen las contribuciones legales correspondientes? Daría varios de los días que aún me quedan de vida por estar equivocado al sacarme estas dudas.
Adolfo Bertoni
3.289.304-5
Expresidente de ATSS