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    El demasiado fácil debate en las redes sociales

    N° 1706 - 21 al 27 de Marzo de 2013

    Hay momentos en que las redes sociales se vuelven irritantes. Es tan fácil poner textos y fotos sin tener que demostrar si son ciertas o no. Es tan fácil aceptar los desmentidos de otros sin tener que retractarse. Es tan fácil agraviar, ofender y hasta calumniar.

    Por suerte tienen otras ventajas. Mucha gente, y me incluyo, se reencontró con viejos compañeros, colegas, familiares perdidos, amigos de la infancia y gracias a Facebook retomó un afectuoso diálogo que el tiempo había interrumpido.

    En estos últimos días, el nuevo Papa Francisco ha sido el centro de versiones, sospechas, agravios en esas redes. Pero lo más sorprendente es que se intentó demostrar su relación con la dictadura mediante fotos donde se suponía aparecía con el dictador Jorge Videla. Sólo que no era él. Es posible que el usuario común, empujado por la dinámica de los hechos, recoja estos “bolazos” sin cuestionárselo. Es reprobable que lo hagan periodistas. Su profesional sentido crítico debió ayudarles a percibir la obviedad de la trampa.

    Detrás de colegas e incautos, hubo sí quien diseñó un deliberado operativo para difundir esas fotos y confundir. Alguien que sabía que el retratado no podía ser el hoy Papa Jorge Bergoglio, pues en los tiempos del dictador Videla en Argentina no tenía arrugas ni canas, no era obispo y a duras penas llegaba a los 40 años. Conducía la orden de los jesuitas en Argentina, que no es poca cosa, pero tampoco era el cargo religioso más alto del país.

    Asombra la facilidad con que cualquier versión corre como verdad revelada en la red. El episodio también muestra cómo una vez instaurados los mecanismos autoritarios de estos gobiernos votados en las urnas pero ya no democráticos, surge una industria de la descalificación, del enchastre, de mantener firme un relato (que más bien es pura invención) y para la cual las redes son el vehículo perfecto. La presidenta argentina ni siquiera tiene que dar la orden. Basta hacer un gesto molesto ante un hecho que no le gusta para que desde atrás alguien ponga en marcha la perversa maquinaria destructiva que encuentra fácil eco en Facebook y Twitter. En este caso, se llegó al extremo de repartir un dossier calumnioso entre algunos cardenales. Si bien la Embajada argentina ante el Vaticano desmintió dicha versión, el Vaticano no.

    Estas reflexiones no pretenden defender al Papa. Él sabrá hacerlo solo. Muestran, sí, como actúa un régimen de pretendida moralidad, para quien la verdad es una sola, no admite variantes y se puede ser bueno de una única manera.

    Nada indica que Bergoglio haya sido de izquierda. No simpatizaba con el marxismo ni con los Montoneros y el relato oficial argentino sostiene que solo se puede haber sido opositor a esa dictadura si se perteneció a las cofradías habilitadas desde el kirchenerismo. Sin embargo mucha gente no simpatizó con la guerrilla, aun cuando también se opuso a la dictadura. Y también mucha gente apostó a la dictadura desde la izquierda, desde el liberalismo democrático y desde la derecha rancia. Hoy nadie lo dice, pero así fue. El propio canciller kirchnerista dirigió en esos años un diario pro-golpista.

    En tiempos recientes, periodistas e historiadores empezaron a investigar qué pasó en aquellos años de sangre y fuego. Como suele ocurrir, los hechos vistos en retrospectiva, con frialdad y distancia, resultan más horrorosos y menos heroicos. Sobre la dictadura mucho se sabía y más se avanzó. El año pasado, el periodista argentino Ceferino Reato entrevistó a Videla, el dictador preso, y dejó en evidencia los escalofriantes argumentos usados en aquella época y justificados sin arrepentimiento aún hoy, para consumar la masacre de los 70 en Argentina.

    También empezó a salir a luz la verdad sobre cómo actuaba la guerrilla y nada de lo revelado sirve para construir una leyenda. Todo lo contrario; su ruin delirio y sangrienta crueldad no tuvo límites.

    Con esto no pretendo disminuir la responsabilidad de organismos del Estado dedicados a una matanza a mansalva. Pero sí darle perspectiva a los hechos y entender por qué entonces, y por qué ahora, muchos rechazaron la acción de los Montoneros.

    Sostener esto implica ir contra la corrección política y quizás por eso el kirchnerismo, empecinado en su relato de pura imaginación, pretende mostrar que ciertos rasgos (ser de derecha, no favorecer a los montoneros y pretender que los curas fueran curas y no militantes políticos) alcanzan para descalificar a una persona considerada opositora y que en aquellos años de dictadura, aun con posturas que podrían parecer poco comprometidas, intentó ayudar a los perseguidos por canales que no entran dentro del canon oficializado.

    En la feroz campaña de estos días se subieron al carro los que tienen legítimos cuestionamientos a posturas de la Iglesia respecto al matrimonio gay o al aborto. Pues bien, si esos son los cuestionamientos, que se digan. Que quede claro dónde está el nudo de la discrepancia, muy distintos y más serios que la frivolidad lanzada en la red.

    Es lógico que mucha gente esté enojada con este Papa y los anteriores por la rígida moral en temas vinculados al sexo y por lo tanto es lícito hacer preguntas incómodas. Si Dios creó al hombre y a la mujer como un plan perfecto, ¿qué le pasó con los homosexuales? ¿No fueron creados por él? ¿O tal vez fue un error suyo? Similares razonamientos podrían hacerse respecto al divorcio, a la contracepción, al celibato sacerdotal y al rol de las mujeres en la Iglesia. Más difícil sería pretender que la Iglesia cambie su postura sobre el aborto, pero al menos puede pedírsele un actitud más compasiva.

    Además de limpiar la corrupción y el envilecimiento del Vaticano, tarea que urge hacer, está llegando la hora para que la Iglesia afronte esos temas y ofrezca respuestas convincentes a un mundo que no se conforma con doctrinas demasiado tajantes.

    Eso debieron plantear, si es que efectivamente les molestaba, los que recogieron indiscriminadamente fotos falseadas. Por cierto muchos responderán que ya se sabe cuál es la postura de la Iglesia en estos temas donde no hay fisuras internas. Algunos cardenales podrán ser “progresistas” en lo social pero todos son conservadores en lo que se refiere a la moral individual.

    Tarde o temprano, algún Papa deberá asumir estos desafíos y ciertos cambios son inevitables aunque difícilmente ocurran en nuestros tiempos de vida.

    Discutir estos temas exige capacidad de argumentación, información sólida, nivel expositivo, sutileza persuasiva y partir de la base de que el otro tiene derecho a discrepar y por lo tanto debe ser respetado.

    Nada de esto se ve en los foros de las redes sociales. Ahí solo corren los rumores, las agresiones escritas, la descalificación burda, la argumentación frívola, el dato falso. Con ese estilo, ni estos ni muchos otros debates podrán procesarse con la serenidad e inteligencia necesarias. Campeará la intolerancia.

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