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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl mercado de trabajo uruguayo presentó un “deterioro apreciable” en los últimos tres años, que pese a la reactivación reciente de la economía no se ha revertido hasta el momento, señaló la consultora Deloitte en un reciente informe.
Este panorama es, a su juicio, un “fuerte condicionante” para las pautas de negociación salarial que el Poder Ejecutivo deberá fijar para la ronda de Consejos de Salarios de 2018. En ese sentido, entiende que las mismas deberían privilegiar la conservación y creación de empleos por sobre subas adicionales de salario real. En concreto, Deloitte considera que las pautas tendrían que establecer aumentos nominales menores a los que fijaron las pautas para la anterior ronda. “Una nueva moderación de los salarios nominales contribuiría a la creación de empleos y dejaría, a su vez, espacio para una mayor suba del tipo de cambio en los próximos años, necesaria para recomponer la competitividad de los sectores más expuestos a la competencia internacional”, afirmó en el análisis.
A juicio de la consultora, la debilidad de los niveles de empleo es reflejo de la presión de costos que enfrentan las empresas, en un marco de subas de salarios superiores al crecimiento del Producto Bruto Interno en los últimos dos años. En otros términos, con un panorama de rentabilidad bajo presión y salarios en alza, las empresas están procurando que el crecimiento de ventas se logre con mejoras de productividad y sin aumentar la dotación de personal”, señaló.
Luego de un período de dos años de relativo estancamiento que terminó a mitad de 2016, en los últimos trimestres la economía uruguaya viene creciendo a un ritmo interanual de 4%. Sin embargo, ese mayor dinamismo en la actividad no se está viendo reflejado en forma clara en una recuperación del mercado laboral, sostuvo. En efecto, los últimos datos oficiales dieron cuenta de un ligero descenso de la tasa de desempleo en setiembre (hasta 7,6% de la población económicamente activa), pero debido a la volatilidad de las cifras mensuales no es posible concluir que se trate de una tendencia firme de caída de la desocupación. A su vez, la tasa de empleo ha mantenido una tendencia descendente, insinuando en todo caso una incipiente estabilización (en setiembre se ubicó en 58% de la población en edad de trabajar). De ese modo, se perdieron unos 32.000 empleos en la economía respecto a los niveles máximos alcanzados en 2014.
Según Deloitte, si el desempleo no subió más en los últimos dos años fue porque al mismo tiempo la baja de la tasa de actividad (que mide el número de personas que participan del mercado de trabajo, ya sea porque tienen un empleo o lo están buscando) operó como un amortiguador importante. Ello se dio en el marco de un mercado en retracción, que ofrece menos oportunidades y desalienta la búsqueda de empleo en un mayor número de personas. Tomando en cuenta esto, la consultora calculó un indicador —la tasa de desempleo amplio— que incluye, además de la desocupación abierta que computa el Instituto Nacional de Estadística, una estimación de la población que hoy no estaría buscando empleo por estar “desalentada”: en setiembre se situó en 9,3%, casi tres puntos porcentuales por encima de los niveles mínimos vistos en la fase alcista del ciclo económico (2013-2014) y en guarismos comparables a los de 2006, cuando la economía todavía no se había recuperado plenamente de la crisis de 2002.