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“Una de las cosas que hice al irme a dormir fue rezar para agradecer. Pensé: ‘Caramba, ¿saldrá todo bien mañana?’. Hay cosas psicológicas que también lo afectan a uno”. Quien habla no requiere presentación. De inmediato se ve el gol de Luis Cubilla en la semifinal de México 70, en Guadalajara. Como un fogonazo, en un cuarto de segundo, vemos el gol de Ghiggia en Maracaná. “De verdad se pierde el control. No puedo explicarlo”, dice el hombre que llevó a Brasil del ostracismo futbolístico a la gloria impensable de tres copas Jules Rimet en 12 años. “Teníamos la posibilidad de ir a la final una Copa del Mundo. Pero todo Brasil estaba en pánico. Sí, estamos bien, Pelé está jugando muy bien, y Gerson. Pero es Uruguay. Ya sabemos qué es eso”, confiesa un periodista veterano y memorioso, sentado en una sala llena de libros, como aparecen los intelectuales en los documentales. Después viene el vendaval verdeamarelo, los tres goles y el mejor gol errado de la historia, con el amague increíble e inédito del talento infinito de o Rei.
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La secuencia está casi al final de Pelé, el documental dirigido por los cineastas inglesesDavid Tryhorn y Ben Nicholas que se puede ver en Netflix. Y es muy ilustrativa del tono de esta realización, que no se centra en demostrar si Pelé es o no el mejor de la historia, sino en contar su vida, sus luces y sus sombras.
Las imágenes grises del Maracaná desolado por la derrota son el prólogo. El protagonista, el hombre que desde dentro de una cancha de fútbol cambió la historia contemporánea de Brasil, el que logró que millones de brasileños se deshicieran del complejo de viralata (perro vagabundo), lo primero que cuenta es la victoria uruguaya en Maracaná. Una vez más, oímos ese relato —mítico o mitológico— de su padre llorando, aquel 16 de julio, y la promesa del niño de 10 años de lograr una Copa del Mundo para su progenitor y para Brasil. Es la página uno de la leyenda. Y es la página uno de Pelé.
Nutrida de un exuberante material de archivo, la narración recorre los principales hitos de la carrera futbolística y de la vida de Edson Arantes do Nascimento. Lo hace con agilidad y concisión. No se detiene en regodeos, no hace espuma. Avanza implacable, sin dudas, sin digresiones ni distracciones para contar esta historia excepcional en una hora y media. No cae en la tentación de dividir la epopeya en 10 capítulos. Empieza y termina. Y punto.
Las cuatro vértebras de esta narración son los mundiales en los que interviene Pelé. La revelación sobrenatural en Suecia 58, la frustración por la lesión temprana en Chile 62, la doble paliza (de patadas y futbolística, eliminado en primera ronda por Hungría y Portugal) de Inglaterra 66 y el ascenso a la inmortalidad de México 70 al mando del mejor equipo de la historia. Resulta entrañable ver a las glorias sobrevivientes reunidas en una comida de camaradería filmada desde todos los ángulos, en la que llueven anécdotas y evocaciones emotivas.
En medio, fluye la historia del legendario Santos de Pelé, el que ganó dos Libertadores y se aburrió de dar vueltas en Brasil, y el periplo personal, desde el niño lustrabotas al estratega que toma el control comercial de su carrera y se inventa a sí mismo como la primera gran estrella deportiva globalizada.
Pero lo mejor es que Pelé no maquilla a Pelé: el hombre aparece como vive hoy, a los 80 años: en la soledad natural de la vejez y a la que se suma su postración en una silla de ruedas, con el rostro sombrío y sin dudas melancólico. Se emociona al recordar sus grandes hazañas, por supuesto. Pero no esquiva la incomodidad de reconocer errores personales, con su familia o con algún compañero. Aclaración: no busquen rastros del frondoso prontuario de Pelé como feroz pegador y quebrador de rivales. De eso no se habla.
Pero afortunadamente no se evade el tema de los abundantes cuestionamientos sobre su actitud ambigua ante la dictadura brasileña, que lo adoptó como símbolo de unificación nacional durante el período de mayor represión política y social, en los primeros años del gobierno de facto iniciado en 1964. Con testimonios elocuentes y sin explicaciones rebuscadas, Pelé echa luz sobre cómo y por qué Pelé es una figura decisiva en la historia moderna de Brasil: clave para forjar la nueva identidad cultural del Brasil progresista y festivo, iniciada en los años 50, y factótum de la recuperación de la autoestima de una sociedad castigada desde su gestación por la pobreza, desigualdad y problemática racial. Gracias a Pelé millones sintieron por primera vez orgullo de su país. Y Pelé lo cuenta muy bien.